De títulos y valores

Escribió Mircea Eliade que algunas libertades no lo son en cuanto los sujetos no están dispuestos a aceptar la consecuencia de sus conductas. El “derecho a” y la “libertad de” son conceptos humanistas que se actualizan en lo que decimos y cómo nos comportamos, entre lo que defendemos como “verdad” y definimos como congruencia.

Si la misión de la Universidad Panamericana es “Educar personas que busquen la verdad y se comprometan con ella, promoviendo el humanismo cristiano que contribuya a la construcción de un mundo mejor”, entonces la institución debe asumir que es su derecho y libertad detentar los beneficios y consecuencias de lo que defiende con sus valores.

Su comunicado de anoche, domingo 28, acepta con pautas el plagio de tesis de Peña Nieto y se deslinda no estableciendo consecuencia alguna para este delito. Es un lavado de manos torpe, pero sobre todo una respuesta pusilánime (de aliento pequeño, dice su origen latino) que afecta su reputación ya dañada en el proceso. La carencia de valor para defender sus valores, que no redundancia, evidencia la falta de compromiso con un “mundo mejor”, lo que sea que entiendan por ello.

Hace unas semanas, el Ayuntamiento de Providencia en Chile revocó la condición de “Hijo Ilustre” a Karadima, sacerdote católico al que se le han comprobado los cargos de abuso de menores. El Colegio de México retiró en 2015 el grado de doctor a Rodrigo Núñez por la entrega de una tesis plagiada. En Sudáfrica retiraron de las calles los nombres de los victimarios para sustituirlos por los de las víctimas del Apartheid. Las instituciones que legitiman a sus egresados en el supuesto que se apegan a sus valores, detentan también la facultad de renegar sobre estos nombramientos y trabajar en retroactivo en pos de justicia. La tibia respuesta de la Universidad Panamericana evocará en muchos ciudadanos falta de coherencia, carencia de dignidad, cobardía sobrada o alianzas poco éticas con el poder.

Los últimos diez años de mi vida colaboré con el Tecnológico de Monterrey. A pesar de que criticaba sus aspectos tecnócratas y neoliberales, también notaba el esfuerzo continuo por ser consistente con la promesa de valor de comprometerse con la comunidad y apelar al sentido humano. Estaba/estoy orgulloso de la civilidad en las aulas, de todas las personas que se inclinaban a recoger un papel para llevarlo al cesto de basura, de todos aquellos que respetaban los cruces y los cedían con amabilidad a los peatones, del aumento significativo de grupos estudiantiles en pos de la defensa y la integración. Los protocolos contra la discriminación son severos y ejemplares. La acusación de deshonestidad académica causa pavor en las aulas, sobre todo porque la institución cuenta con procesos para detectarla y sanciones duras para aquellos que han tenido la libertad de recurrir a ella. Porque se trata de ser consistente con la misión y responsabilizarse de lo que se defiende.

Si la UP acepta el delito y no quita el grado a Peña Nieto, un requisito para cursar una maestría, pero tristemente no para ser presidente, ¿el Tecnológico de Monterrey debe pronunciarse y revocar el grado de maestría? ¿Se escudará en el simulacro de que el título de licenciatura continúa siendo legal, a pesar de todo? ¿Se curará en salud y defenderá su derecho a ser pusilánime? ¿Aprovechará la coyuntura para demostrar el temple de todo lo que escuché hasta el hartazgo en sus reuniones?