La Bienalera

Reseña sobre la Edición 32 de la Bienal de San Pablo

Me gusta San Pablo. Me gustan las bienales de San Pablo. Siempre me atraviesan, las amo y las odio en segundos.

Incerteza viva — Live Uncertainty es el fuego conceptual en torno al cual nos juntan los cinco curadores de esta edición. Son variadas y largas las explicaciones que nos dan cada uno de ellos sobre el criterio curatorial. Para ser precisos se trata de cinco textos distintos, los cuales confieso que no termine de leer completos. Hubiera bastado que elaboraran un texto colectivo y que, como lo hizo Jochen Volz, nos sugirieran que en caso de emergencia rompiéramos el vidrio y le entráramos a la lectura de algunas de sus fuentes de inspiración (en este caso los textos de Lovelock, Klein, Esterling y Morton)
Así entonces las palabras claves de esta curaduría son: ecología, cambio climático, entropía, explotación, caos, amenaza, extinción. De uno u otro modo el presente y el futuro de esa relación incierta entre el hombre y su entorno.
Esta vez decidí adentrarme en la experiencia bienalicia sin manejar esta información de antemano y la verdad es que la intención se dejaba ver más allá de los textos pretenciosos de los curadores.
Me tope entonces casi de primera con lo que después se convertiría en mi pieza preferida de toda la bienal, “O Peixe” de Jonathas de Andrade, un video maravilloso que retrata pescadores de la costa del nordeste brasileño en el experiencia íntima de la captura del pez.
El climax es el instante preciso donde el perpetrador acompaña con caricias a su víctima en el tránsito de la vida a la muerte.
Difícil recuperarse de ese cross al mentón y seguir el recorrido, pero allí fuimos.
Al rato de caminar el pabellón de Niemeyer me entró una sensación muy fuerte que me la reprimí automáticamente por su incorrección política: -Carajo, cuanta cosa indígena, aborigen, de pueblo originario o como sea que deba ser dicho-, pensé.
Y senti una culpa de esas descomunales.
Esa inquietud no sólo no se diluyo con los metros recorridos sino que tendió a intensificarse. El punto estaba marcado pero evidentemente la intención había sido reforzarlo.
El tema era que, salvo por la mirada singular del video “Nas Aldeias” (una selección elaborada por la Bienal de mas de 30 años de archivos documentados por los propios indígenas) o la interesantísima obra de la portuguesa Grada Kilomba, o el video bizarro de Gabriel Abrantes, lo demás mayormente parecía suscribir una perspectiva clásica etnográfica,
Será quizá que el equipo curatorial no refleja entre sus filas la riqueza étnica necesaria para ampliar esa mirada más allá de la intención?
Pero no puedo seguir adelante sin referirme al video de Gabriel Abrantes, la historia de amor de una chica de una aldea con un robot pelota flotante que luego de atravesar una experiencia de reprogramación trans se convierte en standupista feminista hasta que recupera la memoria y vuelve con su amor. Una locura total!
Decía entonces que mi sentimiento no se diluyo, y me dije a mi misma, -Vos siempre la misma criticona, porque no disfrutas y te dejas de joder-. 
Pero bueno, el pensamiento critico es como Rexona, no te abandona. Iba y venía. Y entonces comprendí que ese es el modo bienal, al menos para mi, un ir y venir entre la percepción y la reflexión crítica. La riqueza de los diálogos con los otros y con uno mismo. Eso que sólo el arte puede generar. 
Asi que casi como en una experiencia exorcizadora voy a describir la secuencia de pensamientos que me embargaron.
Empecemos por decir que algunos nos habíamos acostumbrado al criterio más internacional de las últimas dos bienales y nos sorprendió encontrarnos nuevamente que de los 81 artistas invitados, el 30% eran brasileños. Aplaudo el nacionalismo de nuestros vecinos pero la verdad es que es difícil encontrar tanta producción interesante en un mismo espacio geográfico sin forzar el continente conceptual y la calidad de una bienal. Además cuando se toman esas decisiones curatoriales siento que esencialmente se pierde en riqueza y multiplicidad de miradas.
Alguno debe haber notado que hasta ahora sólo enumere videos. Es cierto. No se equivocan. Y es que son lo mejor de esta edición, sin dudas. Gracias a eso por primera vez me pregunté cómo iba a sentirme sino podía ver otra vez algunos de los que más me habían gustado. Nunca había experimentado esa inquietud. Hay al menos una decena de ellos muy recomendables.
La estrella de la partida es el de Pierre Huyghe (hay que nombrarlo porque es groso y porque es otro de los corazones conceptuales de la bienal) Una lente especial toma un acercamiento extremo de un pequeño trozo de ámbar. Parece una escena futurista de algún planeta de cualquier sistema solar pero de repente aparecen unas antenas, unas patas, unos pelos. Son los recontratátara abuelos de nuestros queridos insectos, capturados allí, inmóviles, no tan extintos.
Y también recuerdo el reflexivo video de Rosa Barba. Una especie de documental sobre la historia del viaducto Minhocão en San Pablo, en el que la voz y los textos sobreimpresos de Cildo Meireles nos hacen pensar sobre el sentido del arte y su relación con lo público. Advierto que más de uno puede putiarme al verlo (ya saben de mi obsesión con lo político) pero no podía dejar de compartirlo porque a mi me voló la peluca.
En la otra cosa en la que pensé mucho fue en la relación con el entorno del espacio mismo de la Bienal. Habia un par de obras afuera, interesante ver la pista de skate de Koo Jong A y la perfo de Naufus Ramirez Figueroa, pero faltaba algo. La temática demandaba que el dialogo con el parque fuera central y lejos estaba de serlo. La falta de foco en esa relación entre la Bienal y el parque Ibirapuera, (el contacto mas cercano e inmediato con la naturaleza urbana paulista) era una paradoja.
Mientras pensaba en esto comprendí la obra de Eduardo Navarro. Cuando la vi por primera vez dude. Un corno metálico gigante, tipo megáfono, con un tubo largo que salía por el vidrio del pabellón hasta una palmera del parque.
-Pucha, no se escucha nada-, pensé, mientras hacia malabares para poner mi cabeza a la altura del tubo. 
Después de un rato pude oir con dificultad el trino tímido de un pajarito en su nido.
Intercambios largos de sensaciones con los amigos, en especial con Ale y Jorge, hasta que días después cayó el fichón. Poco importaba la eficacia del aparato en cuestión. -Es la metáfora! Estúpida!-.
Con esa ironía molesta Navarro era la la pieza perdida en mi rompecabezas. Ahí estaba su oreja gigante intentando, genial y toscamente, escuchar al parque Ibirapuera, a esa naturaleza urbana entre el smog, el cemento y el ruido.
La cuestión de fondo es que la incertidumbre no estaba viva en esa 32”edición de la Bienal.
No se sentía en el cuerpo al recorrer los espacios, no se veía en las formas, ni en los materiales, ni en los ideas.
No se percibía el caos, el malentendido, la duda, la experimentación, la improvisación, el error del que tanto hablaban los curadores en sus textos.
Dónde está todo eso? en las pinturas explosivas de Sandra Kranich? Puede ser. Para mi no era suficiente
De repente se adueño de nosotras el cansancio. Junto a mi hija Cata, (compañera incondicional de bienal) tuvimos que caminar bastante hasta encontrar dentro del pabellón uno de esos lugares que tanto nos gustan para relajarla, charlar y observar a la gente pasar. Nos salvaron en el segundo piso los de la Oficina de Imaginación Política (vaya oximorón!) que en un acto disruptivo de generosidad descomunal habían tirado unos colchones en el piso junto a unos pizarrones. 
Y allí recorde un momento único y absolutamente caótico que habíamos experimentado el día anterior cuando los chicos del colectivo artístico carioca, Opavivará tomaron la rampa principal con sus carritos cartoneros, nos repartieron a todos las remeras con las consignas “Fora Temer” “Diretas ya” “Ëu quero votar para presidente” y recorrimos juntos esa maravillosas curvas hacia el tercer piso a puro grito y sacudida de brazo.
De algún modo siempre el arte se las ingenia para encontrar las grietas, para romper los moldes, para decir aquello que hay que decir.

Aca va para los obsesivos mi lista de artistas bienaleros elegidos y de las muestras fuera Bienal que a mi mas me gustaron
En Bienal: Gabriel Abrantes — Jonathas de Andrade — Rita Ponce de Leon — Rosa Barba — Grada Kilomba — Pilar Quinteros — Victor Grippo — Sonia Andrade`- Video Nas Aldeias — Barbara Wagner — Pierre Huyghe — Luke Willis Thompson — Oyvind Falhstrom — Edu Navarro
Fuera de Bienal: Las muestras de las galerias Vermelho, Luisa Estrina en sus dos sedes, la muestra de Carmela Gross en Chacara Lane, la genial muestra de la colección Olimpio Pereyra en el instituto Otake y una vueltita rápida por el MASP (sabia recomendación de mi amigo Juan), para ver la puesta en valor de los maravillosos caballetes de vidrio de Lina Bo Bardi para la colección permanente.

Vermut con papas fritas y good show!