Sabuesos de ideas

Encontrar una idea. De eso se trata. Convertirnos en sabuesos de ideas. Cómo soy una incorregible optimista estoy convencida que dentro de cada uno de nosotros hay decenas de ideas escondidas de mil formas posibles. Cómo encontrarlas? Cómo reconocerlas cuando se pasean frente a nosotros disfrazadas muchas veces de pensamientos que parecen inútiles? Y es ahi dónde aparece la primera de las claves.

Siempre es más fácil ver las ideas cuando otro te ayuda a buscarlas.

Cuando tengo frente a mi a un posible orador apuesto todas mis fichas a la entrevista. La entrevista es mucho más que una secuencia de preguntas y respuestas. Es el momento en el que, si estamos de verdad enfocados y en amorosa atención, podemos lograr descorrer el velo del juicio que el propio futuro orador tiene sobre si mismo, sacarle el pudor y alentarlo a sumergirse en un universo sin reglas dónde hasta en la rutina más pequeña, en el pensamiento más descartable puede estar oculta una idea. Se trata de escuchar mucho, de volvernos confiables y de hacer las preguntas correctas. Esperar con paciencia, sin miedo al vació, repreguntar con la curiosidad honesta del niño y seguir probando una y otra vez hasta que de la nada sin ser anunciada aparece ella. Todavía opaca, llena de polvo y con harapos. La clave es dejar hablar y preguntar cuando hay algo que vibra con un sonido especial. Pero cómo nos entrenamos en la escucha del sonido de una idea?

Para mi hay cuatro pistas que nos pueden mostrar la punta del ovillo de una idea en medio de una charla. No necesariamente vienen juntas, pero al menos la presencia de una de ellas merece nuestra atención. Merece que pongamos pausa, agarremos la lupa, arrimemos la nariz y vayamos al detalle porque algo interesante puede aparecer por ahí.

La primera y la más facil de reconocer es el asombro. Si algo en el relato que el otro está haciendo de su vida o de sus gustos nos genera sorpresa, admiración. allí hay que parar. Repreguntar y tomar nota. 
La primera vez que escuche el relato de Cristian Carman sobre un aparato antiquísimo lleno de engranajes que fue encontrado en el fondo del mediterráneo y que algunos decían que había sido de Arquímedes, tuve esa sensación, asombro. Luego vino su compañera inseparable, la Curiosidad. No podía parar de preguntar y preguntar y preguntar detalles y mas detalles. El asombro es fácil de reconocer porque es repentino y cada vez es más escaso. Los ojos se agrandan. El aliento se corta un poco y la ansiedad nos gana la partida.

La otra pista que no nos defrauda es la sensación de singularidad. Es un poco más peculiar que el asombro porque puede incomodarnos, desencajarnos, resultarnos extraña. De repente en el relato aparece algo raro, desconocido, nuevo, especial, extraordinario, único. Puede ser una historia, puede ser un pensamiento, puede ser una costumbre exótica, una rutina o un comportamiento. La curiosidad también es amiga de esta sensación pero esta un poco más tapada. No es tan obvia porque a veces por el pudor o la vergüenza de no adentrarnos en un territorio más personal no podemos indagar. Esa sensación tuve cuando escuche la audición de Ines Hercovich “Negociar sexo por vida”

La tercera pista los fanáticos de los culebrones y las grandes novelas la conocemos de memoria, la disfrutamos, la amamos. Es una pista contundente, pero también muy peligrosa porque muchos conocen la fórmula para hacerla en laboratorio con facilidad y por eso a veces puede ser artificial. Se trata de la empatía. Esa sensación de identificación, ese ponernos en el lugar del otro, tomar partido, saltar de la silla para darle un abrazo al que nos está contando algo que nos hace morir de risa o llorar por y con el otro. El nudo en la garganta y la opresión en el pecho suceden porque el relato está tocando una fibra particular, algo que nos une de algún modo invisible, que nos interesa a todos y nos conmueve por igual. Es una pista fácil de seguir pero en general detrás de la punta del ovillo de la empatía hay una idea enredada a la que hay que abordar con el cuidado de una porcelana. Cuando escuche la historia de vida de Silvana Corso y su hija que luego se convirtió en la charla “un recreo tan loco cómo ideal” o la de Diana Wang sobre el Holocausto tuve esa sensación.

Y por último mi preferida, la poética. Esta es una pista rara, hay que ponerle señuelos, caramelos para encontrarla. Se esconde mucho. Es vergonzosa y nosotros no tenemos muy entrenado el olfato para distinguirla. Es extraña, cada quien la siente de una manera diferente pero es muy similar a la sensación de placer y completitud que sentimos cuando estamos frente a un paisaje maravilloso, o cuando escuchamos una melodía que nos transporta. Es tener de repente, cuando nos hablan, la necesidad de tomar aire profundo o de quedarnos en silencio o de cerrar los ojos. Es la idealidad, el lirismo, la belleza en cualquiera de las formas que cada uno lo interprete. La poética puede estar en cualquier lado, en el fútbol, en los videojuegos, en la sopa. Es una forma de ver el mundo y de hablar de el. Los artistas la conocen muy bien.

Poético es pensar, cómo lo pensó Hernan Casciari, que Messi es un perro, imaginar convencido que persigue la pelota del mismo modo que un perro entusiasta lo hace, sin pensar en otra cosa que en esa obsesión por llevarla al arco. Poética era la mirada del escritor Leonardo Oyola cuando me contó la idea de su charla “La canción que todos llevamos dentro” en la que con una prosa magnífica relataba sus andanzas por el conourbano hasta descubrir que en la vida tenés que hacer tu propio cover.

Asombro, singularidad, empatía, poética.

Si las encontramos, si las sentimos probablemente detrás de ellas haya una idea digna de ser contada. Hay que estar atentos porque están por ahi escondidas en cualquier historia. Escuchen, pregunten, tomen nota, busquen con paciencia y sin prejuicio. Y si los ojos se agrandan, si sienten repentinas ganas de preguntar más, si se sienten raros, si la respiración se altera, si el pecho se hincha, si la garganta se cierra, estén atentos. Por que por ahi anda la idea. Por que esta cerca. La sienten….

Charla para maestros de los Clubes de Ideas de TEDxRiodelaPlata | abril de 2016