“Ser auténtico en una sociedad donde no hay tiempo”

La etimología de la palabra auténtico nos remonta al vocablo griego αὐθεντικός “authéntikos” de donde pasó al latín como “authenticus”, integrado por “autos” con el significado de uno mismo, designando todo aquello que posee un poder total, acabado o absoluto, siendo capaz de autogobernarse


Ser auténtico en estos tiempos presenta un problema. Lo auténtico se basa en una búsqueda de lo real, llama al empoderamiento y la autonomía para responder al deseo intrapersonal. La autenticidad nos desafía a salir de los márgenes establecidos para darle lugar a los propios, la cuestión es, ¿como ser auténtico en una sociedad que busca que no lo seamos?, ¿como escapar a lo plástico, a lo virtual?

La robotización de Instagram que nos dicta como vestirnos, como tienen que ser nuestros cuerpos, qué es cool y qué no. Nos ofrece un molde, nos da una imagen a cumplir. Vivimos para contarles a los demás qué comemos, como estamos, donde estamos. Todo a través de las redes sociales, haciéndolo virtual. Querer ser para pertenecer. Buscamos experiencias reales en donde no nos las ofrecen. Nos atamos a esa imagen que formamos en las redes y la cuidamos como si valiese algo fuera de ellas. ¿Como ser real entonces en un mundo que parece guionado?

  • Nacer
  • Ir al colegio
  • Ir a la universidad
  • Tener un buen trabajo
  • Casarse
  • Tener hijos
  • Formar una familia
  • Morir

¿Como escapar al estigma de no realizar estos objetivos en tiempo y forma?

La sociedad ante esto nos presenta constantes dualidades.

El éxito y el fracaso

De niños nos festejan los fracasos, si nos caemos, nos impulsan a levantarnos y así hasta que aprendemos a caminar. Cuando crecemos nos dicen que ahora no podemos equivocarnos, porque ya no somos niños. Los fracasos no son tolerados a nivel académico en la misma medida que antes, y tampoco lo serán después a nivel laboral. Los errores son de humanos pero no son admitidos. La sociedad nos presenta el fracaso como una falencia, una vulnerabilidad. Equivocarse está mal.

En el otro extremo, nos muestran el éxito como una constante, cuando es una excepción. El éxito se refiere etimológicamente a “el fin”. Es la culminación con buenos resultados de una serie de fracasos, los cuales son siempre mayores a los éxitos, pero la imagen que vale termina siendo la del triunfo. Nos preparan para ganar pero no nos enseñan a perder.

El bien y el mal

La construcción del bien y el mal es otra de las polarizaciones que se nos presentan a lo largo de la historia. Vamos listando hechos en estas dos columnas muchas veces sin contextualizarlos.

“Robar está mal”, ¿pero está mal robar para comer?

“Ganar está bien”, ¿pero es bueno triunfar a costa de que otro resulte perjudicado?

Cuestionar las acciones sin tener en cuenta las motivaciones ponen en un lugar muy simple a la discusión.

El bien y el mal se nos ofrece como una elección entre ser incluidos o excluidos de la sociedad, marginando a los que desentonan. Siempre habrá alguien para sentenciar y juzgar pero será difícil encontrar al que esté dispuesto a corregir y mejorar.

Normal y Raro

Las condiciones a evaluar en esta cuestión son extensas y van desde el físico y la personalidad al desglose de estas dos variables. El peso, la altura, lo estético, la forma de vestir, la orientación sexual, el desenvolvimiento social y un montón de etcéteras que se pueden encontrar. Lo raro la mayoría de las veces es objeto de exclusión, ya que es contraproducente relacionarse con una persona o encontrarse en una situación fuera de lo establecido.

Es difícil ser feliz reprimiendo deseos personales para encajar. La autenticidad requiere de un cuestionamiento intrapersonal intenso para darnos cuenta de lo que anhelamos más allá de la comodidad que nos ofrece la normalidad. Es necesario cuestionarnos a nosotros mismos para poder trasladar estos cuestionamientos a lo social. Lo normal y las costumbres culturales no siempre son lo mejor, ya que muchas veces naturalizamos injusticias por el simple hecho de que siempre fue así.

El Tiempo

La estructura temporal que percibimos sólo se mueve en una dirección: para adelante. En una de mis películas favoritas hay una frase que dice: “No podemos volver en el tiempo y por eso es difícil elegir. Tenemos que tomar la decisión correcta

Dos de las pocas certezas que tenemos en la vida es que nacemos y morimos. No sabemos que hay antes ni que hay después, si es que de hecho hay algo. Esta situación se nos presenta como un problema, sabemos que contamos con un tiempo limitado. Sumado esto a todas las imposiciones que nos demanda la sociedad, es difícil a veces no sentirse presionado.

  • Tener un hijo
  • Escribir un libro
  • Plantar un árbol

Son objetivos comunes sociales que buscan trascender más allá de lo que dure nuestra humanidad. El miedo a la muerte y a no existir más. A veces nos detenemos pensando mucho más de lo que deberíamos en el pasado, lo que hicimos y lo que no, qué nos llevó adonde estamos parados hoy. Otras nos encontramos pensando en lo que anhelamos para el futuro y en cómo vamos a lograrlo. Pocas veces son las que disfrutamos del presente, que es lo único tangible, solo tenemos el control del hoy.

El miedo a la muerte es el miedo al fin del tiempo. Miedo a no llegar a experimentar demasiado. Es difícil ser auténtico en una sociedad donde nos sentimos limitados por este margen temporal, pero a la vez es lo que me dispara la pregunta: si el tiempo es tan poco, ¿por qué cada uno de nosotros va a resignar lo que le gustaría hacer por algo que le genere más dinero, por ejemplo?, ¿por qué privarse de ciertos deseos o experiencias por miedo a fracasar? el momento que tenemos de ser la mejor versión de nosotros mismos es hoy.

Vivir es como actuar una obra sin saber el guión. La incertidumbre tiene que ser el detonante para experimentar y despejar las dudas que tenemos. Esa para mí es la búsqueda. Intentar y fracasar hasta que el fracaso sea el móvil al éxito. Tener vivencias reales, cuestionarlas y cuestionarse a uno mismo. Generarse preguntas todo el tiempo para así tener preguntas que responder. Ser fiel a uno mismo. Auténtico y verdadero. Ahí, en esa singularidad, nos vamos a encontrar.

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