¿Por qué deberíamos renovar nuestra perspectiva local frente a la diversidad lingüística de San Andrés, Providencia y Santa Catalina?


Luego de recibir el premio del concurso Seaflower Business Challenge el pasado 16 de marzo, por mi propuesta para fomentar y explotar el inglés en el Archipiélago, con el fin de convertirlo en un centro internacional de enseñanza y aprendizaje de esta lengua, muchos se han acercado a preguntar qué voy a hacer con el creole, qué opino sobre la pérdida de esta tradición, y si no me parece que fomentar el inglés por encima del creole va en contra de la conservación de la cultura isleña.

¿Mi respuesta?: No voy a hacer nada con el creole. Al menos, no directamente. Y no porque no lo considere significativo, todo lo contrario, veo al creole como un importante componente lingüístico de nuestro Archipiélago, no obstante, en este momento mi labor frente a él la limito a brindar apoyo a quienes con autoridad en la materia, están trabajando incansablemente por mantenerlo vivo.

Soy amante de los idiomas y por ende de la diversidad lingüística, pues encuentro mucha riqueza en los contextos y sociedades donde esta se presenta, por lo tanto, no soy opositora del creole ni mucho menos, antes bien, me parece importante que las familias isleñas lo vivan y lo fomenten entre las nuevas generaciones porque, entre otras cosas, pienso que aporta una base invaluable para el aprendizaje del inglés.

Considero que debemos comenzar a reconocer al creole como base para fortalecer nuestra comunicación en inglés, dejando a un lado el debate por el enfrentamiento entre ambas lenguas. Es importante para ello considerar que el creole no es la lengua vehicular actual (o lingua franca como se reconoce globalmente), es decir, no es la lengua de estudio o de trabajo, ni de mayor uso e intercambio en nuestra sociedad (como lo es el inglés), y por lo tanto no es lo que las personas del mundo entero buscan aprender para satisfacer sus necesidades de desarrollo profesional y académico. Y es que considero que si hay algo que no entra en discusión, es la importancia del inglés en el mundo.

Desde hace varios años, luego de terminar mi Licenciatura en Lenguas Modernas en Bogotá, he estado vinculada a San Andrés trabajando en áreas relacionadas a la educación y especialmente al apoyo de la creación de la Política Lingüística Departamental; ha sido ese el espacio en el cual he presenciado innumerables debates locales y nacionales desde la academia y la política, en los que unos apoyan la implantación formal del creole en diversos ámbitos del Departamento y otros promueven su erradicación.

Con todo mi respeto hacia quienes nutren ese debate, pues me considero una persona tolerante hacia las diferencias de criterios, creo firmemente que es hora de detener esa nociva diferenciación entre ambas lenguas, ya que desde mi punto de vista, el éxito no está en demostrar cuál lengua es mejor que la otra, o cual está por encima de la otra, sino en entender que su mutua retroalimentación puede aportar lo mejor de cada una al desarrollo de nuestro Archipiélago; por lo tanto, es en ello que deberíamos estar centrando nuestros esfuerzos.

Existen quienes afirman que en la variedad está el placer, y si traemos esta frase a nuestro contexto lingüístico, ¿qué mayor placer que podernos expresar en español por nuestra condición de colombianos, en creole por la tradición oral de las islas y en inglés por ser personas competitivas que están al nivel que nos establece la demanda mundial? Esto definitivamente es un lujo de pocos que podemos darnos en San Andrés, Providencia y Santa Catalina y que tristemente, desde mi punto de vista, no estamos aprovechando al cien por ciento. Observo que nos hemos quedado enfrascados en la desgastante discusión sobre cuál lengua es más importante o cuál debe ejercer mayor influencia en ámbitos socioculturales, educativos y hasta políticos, cuando el debate debería girar en torno a cómo aprovechar la diversidad lingüística que tenemos en pro del beneficio de las islas y por ende, de sus habitantes.

Considero además, que gran parte de la población isleña no es consciente del inmenso potencial que hay en el Departamento ni de lo que representa para un ser humano tener una estructura bilingüe en su cerebro, lo cual se constituye en un error gravísimo; porque cuando uno no es consciente de su potencial y de ese elemento diferenciador que lo caracteriza, entonces no hace nada por perfeccionarlo ni por explotarlo, y es ahí cuando se pierden las oportunidades.

Encuentro perturbador, frustrante y altamente preocupante observar que, esa capacidad para interactuar en dos y hasta tres lenguas, eso que nos hace diferentes del resto de Colombia, a muchos los aminora, a otros les mengua la autoestima, otros simplemente no se dan por aludidos frente a su condición de bilingües, cuando contrario a estas realidades, las lenguas que tenemos deberían ser motivo de exaltación de nuestra identidad como colombianos, deberían ser nuestra fortaleza, pues esa diferencia se constituye en un don, en un talento , en una herramienta potente, que bien estructurada puede afectar de manera positiva nuestra sociedad local, nacional y por qué no, global.

Imaginemos por un momento, ¿qué pasaría si en el Archipiélago todos los bilingües (que hablen creole, inglés, y español) o cualquier combinación posible entre estos tres, se dieran a la tarea de estudiar inglés y se certificaran, pero no con exámenes de instituto (sin demeritar dichos exámenes), sino con exámenes internacionales que den fe del excelente nivel lingüístico que tenemos en las islas? El panorama es amplio, pero voy a mencionar dos ejemplos. Por un lado, probablemente muchos empresarios se volcarían a invertir en una isla de tan alto atractivo turístico en la que el plus sería encontrar personal con formación en inglés, dadas las múltiples ventajas que esto aportaría a sus empresas, pues contar con una plantilla bilingüe es un claro activo para cualquier compañía, puesto que aporta a las empresas una fuerte ventaja competitiva en el mercado.

Con ello, indudablemente, se impulsaría la economía en el Departamento. Por otro lado, muchos isleños podrían beneficiarse de programas como el de Inglés para todos los Colombianos, que inició con casi 500 isleños y con proyecciones del gobierno a doblar dicha cifra, pero que infortunadamente en la actualidad vemos como la cifra ha disminuido, básicamente porque no se cumple con los estándares mínimos de formación para aplicar a esos cargos. En resumen, observando el panorama de modo general, dejarían de perderse oportunidades laborales y académicas que aportarían gran valor a nuestra comunidad (muchos tenemos amigos o familiares a quienes les han cerrado puertas por no tener competencias certificadas en inglés), puesto que el dominio de varios idiomas aumenta ostensiblemente las posibilidades de empleo y acceso a la educación.

Me remito a los hechos. En la actualidad, son muy pocos los isleños que ostentan en sus hojas de vida un TOEFL o un IELTS, y por lo tanto nuestro nivel de competitividad frente a otros profesionales y no profesionales del país y del mundo, es más bajo. En este orden de ideas, considero que es hora de cambiar el chip, de ampliar nuestra visión del mundo y de entender la importancia de preparase, de formarse, de titularse, pues para que nos tomen en serio y nos crean que aquí somos bilingües tenemos que demostrarlo, no con palabras ni con debates nocivos, sino con hechos, y creo que una de las mejores formas de hacerlo es presentando al mundo una sociedad isleña formada y certificada en su lengua, para que a través de ella se abran puertas académicas, laborales y de inversión en nuestro Departamento.

Pensar en convertir a San Andrés en un centro de aprendizaje y enseñanza de inglés puede ser un sueño muy grande, pero me gusta soñar en grande y creo que es posible. El asunto es que todos nos pongamos en la tarea de formarnos, de ser competitivos, de adornar el mundo con una isla en la cual no solo se hable creole y tenga playas bonitas, sino que además de estas bondades, que no son pocas, ofrezcamos una isla bilingüe con formación, en la que estemos preparados y certificados en inglés, pues aunque muchos insistan en nadar contra la corriente, el inglés es la lengua en torno a la cual giran los procesos mundiales, por lo que considero, nosotros no debemos quedarnos atrás.

Creo firmemente que llegó la hora de innovar, y no me refiero a crear cosas nuevas, para mí, la mejor innovación es aquella que permite descubrir la manera más adecuada de explotar los talentos que uno tiene para ofrecer soluciones alternativas a los problemas sociales, y en San Andrés, Providencia y Santa Catalina tenemos mucha madera para reinventarnos y presentarnos globalmente como una sociedad estructurada y capaz de asumir grandes retos, pero para ello nuestra mentalidad frente al mundo, a las lenguas y a la diversidad debe ser más tolerante, debe cambiar.

Al comenzar este artículo hablaba sobre la explotación del inglés en el Archipiélago, y es que si entendemos este idioma como un producto que podemos “moldear, producir y vender”, podremos propiciar en las islas el desarrollo de un tipo de turismo académico cuyos beneficios se extenderían a otros sectores, pues en el mundo entero quien viaja para estudiar también lo hace para alojarse, alquilar autos, llevar a cabo actividades de entretenimiento y ocio, entre otras. Diversificar el tipo de turismo que tenemos en las islas puede resultar una excelente alternativa para abordar problemas sociales como la falta de empleo, por ejemplo.

Segura estoy que el mundo nos mirará con otros ojos, cuando nosotros mismos cambiemos nuestra forma de vernos como una misma comunidad. Depende únicamente de nosotros asumir dos cosas: por un lado, que la diversidad lingüística en nuestro Archipiélago es un componente de valor que debe propiciar el diálogo entre las culturas coexistentes y por ende la cohesión social. Por otro lado, que esta diversidad es una ventaja, pero a la vez un gran compromiso que debe ser compartido y asumido por todos los habitantes del Departamento, y como compromiso debemos adelantar las acciones pertinentes para su fortalecimiento y promoción en Colombia y el mundo. ¿Estamos realmente dispuestos a asumir nuestro compromiso con el Archipiélago?

Gracias por haber dedicado estos minutos a leer mi opinión frente al debate lingüístico en San Andrés, Providencia y Santa Catalina. Si quieres recibir directamente en tu bandeja de entrada artículos sobre el aprendizaje de inglés o más reflexiones como esta, haz clic en el siguiente enlace:

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