Plan de Inmigración Las Personas Primero

Julián Castro
Apr 2 · 6 min read

Secretario Julián Castro, candidato a la presidencia, ex Secretario del Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano del presidente Obama y alcalde de San Antonio, Texas, revela su plan de inmigración “Las Personas Primero”.


Que Dios los bendiga,” mi abuela nos bendecía, a mi hermano y a mí, todas las mañanas cuando salíamos para la escuela, haciendo la señal de la cruz frente a nosotros. Ella inmigró aquí desde México cuando tenía siete años, y aunque falleció hace muchos años, su influencia en mí continúa siendo fuerte. Como candidato a la presidencia de los Estados Unidos, su memoria guía mi manera de pensar en muchos temas, especialmente en nuestra política de inmigración.

Uno de los recuerdos más fuertes que tengo de mi abuela es la forma que nos contaba, a mi hermano gemelo Joaquín y a mí, cómo llegó a este país cuando era niña después de haber sido separada de su madre moribunda. Incluso cuando ya tenía setenta años, y relataba esos momentos, lloraba como la niña de siete años que fue cuando eso le sucedió; sollozaba ya que nunca pudo despedirse de su madre. Hoy veo su imagen reflejada en los niños en nuestras fronteras.

Hoy en día, las fotos y los videos de niños inmigrantes que lloran por sus padres acechan nuestra conciencia colectiva. La política de “tolerancia cero” de Donald Trump es responsable de que niños tan tiernos como bebés sean desprendidos de sus padres, enjaulados e incluso “perdidos” en el sistema de cuidado de crianza. En detención federal, incluso han fallecido varios niños inmigrantes cuyos padres presentaron a sus familias para poder obtener asilo. Estamos con el corazón en pedazos. Estamos indignados.

El fracaso del presidente durante estos momentos determinante fue completo: fue un fracaso de liderazgo, un fracaso de política, y un fracaso de conciencia. Pero todo eso se deriva de un fracaso fundamental: el hecho de no entender que, a pesar de la retórica, cuando nosotros vemos familias que buscan refugio, no vemos delincuentes, ni invasores, ni amenazas para la seguridad nacional.

Nosotros vemos niños. Nosotros vemos padres de familia. Nosotros vemos personas.

Nosotros vemos a seres humanos primero. Y ya es hora de un plan de inmigración que ponga a las personas primero.

Este momento nos exige eso. Y para enfrentar el desafío, no solo debemos expandir nuestra voluntad política, sino también nuestra imaginación moral. Debemos recordar qué significa la inmigración para nuestra identidad nacional, y quiénes queremos ser como país.

El próximo presidente debe comenzar por revertir las políticas crueles de la administración de Trump, incluyendo la exclusión de musulmanes, los gastos innecesarios en un muro inútil y los recortes al programa de refugiados, y poner fin a la retórica que difama a los inmigrantes.

Después, debemos reparar nuestro sistema legal de inmigración existente porque la manera más efectiva de asegurar la frontera es garantizar que nuestra política de inmigración legal funcione de manera efectiva para las personas.

Necesitamos un camino hacia la ciudadanía plena y equitativa para los 11 millones de personas que viven aquí en paz, y que contribuyen a nuestra cultura y nuestra economía. Debemos proteger a los soñadores y sus padres, y a las personas que se encuentran bajo el estado de protección temporal, y que huyeron de desastres naturales, de la persecución o de la violencia. Necesitamos modernizar el sistema de visas y poner fin a la espera excesiva de personas que procuran reunirse con sus familias.

Debemos terminar las exclusiones de tres y diez años que requieren que algunas personas indocumentadas, que de otro modo califican para obtener estatus legal, salgan del país y dejen sus familias para poder obtener la ciudadanía.

Necesitamos crear una frontera segura y humana. Las peores acciones del gobierno se derivan de una política poco conocida, pero significativa, que es central en este sistema de inmigración inhumano y defectuoso de hoy: La Sección 1325. Esta ley anticuada se remonta a la época en que mi abuela se presentó en el cruce fronterizo de Eagle Pass en Texas, encargada como huérfana a sus parientes más cercanos en San Antonio. En esa década, la década de 1920, el gobierno de los Estados Unidos se movilizó para poner alto a una ola de inmigrantes mexicanos como ella. Estas leyes obtuvieron nueva vida en 2005, cuando el gobierno de Bush decidió calificar a los que cruzan la frontera con violaciones criminales, en lugar de civiles. Este cambio para criminalizar la inmigración se encuentra en el centro de muchas de las políticas de inmigración más notorias de la administración de Trump, desde la separación de familias hasta las redadas indiscriminadas de ICE, hasta la persecución de solicitantes de asilo. También pone hincapié en algunas de las retóricas más dañinas de este gobierno que difama a los inmigrantes y sus familias.

La administración Trump ha reducido el número de personas que pueden solicitar asilo en nuestros puertos de entrada, y ha usado la Sección 1325 para tratar de convertir en un delito el hecho de solicitar asilo fuera de un puerto de entrada. Estas políticas mal orientadas, combinadas con puertos de entrada sin recursos, han creado un retraso excesivo en nuestras fronteras. El resultado es evidente, como hemos visto en El Paso recientemente, donde miles de migrantes fueron detenidos con cantidades limitadas de comida y agua, enjaulados dentro de corrales al aire libre.

La verdad es que los inmigrantes que buscan refugio en nuestro país no son una amenaza para la seguridad nacional. La migración no debería ser un asunto de justicia penal. Es hora de poner fin a esta política barbárica y volver a tratar la inmigración como un problema civil, no criminal.

Además, debemos equipar y modernizar adecuadamente nuestros puertos de entrada. Es hora de que dejemos de confiar en prácticas de detención obsoletas y, en su lugar, utilizar alternativas comprobadas y hay que eliminar la industria de detención de inmigrantes con fines de lucro. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza debe enfocar sus esfuerzos en actividades relacionadas con la frontera, como el tráfico de drogas y de personas, y debemos mejorar drásticamente la supervisión y la responsabilidad de nuestros funcionarios de control de fronteras. Además, ya es hora de reconstituir al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), y tenemos que dividir la agencia en mitad. Debemos mantener las funciones de seguridad nacional, como el tráfico de personas y drogas, y las investigaciones antiterroristas dentro del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés), y asignar las funciones del cumplimiento de la ley a otras agencias cuando sea apropiado para aumentar la supervisión de la agencia y así incrementar los estándares de calidad.

Las políticas crueles y punitivas de “tolerancia cero” de Donald Trump no han hecho nada para disuadir a los migrantes, o para abordar las causas fundamentales de la migración. Y su reciente plan, el cual carece de visión, de recortar la ayuda externa a Guatemala, Honduras y El Salvador, solo empeorará el problema. Debemos poner en práctica un Plan Marshall del siglo XXI para Centroamérica, enfocado en estabilizar a las naciones que son las principales fuentes de migración a los Estados Unidos. Invertir en nuestros vecinos del sur impulsa el crecimiento económico de los EE. UU., fortalece las relaciones globales y ayuda a garantizar que todas las personas puedan encontrar la seguridad y la estabilidad que buscan en sus países de origen.

Es hora de que el sistema de inmigración de nuestro país refleje los valores colectivos que todos compartimos: igualdad, equidad, justicia y compasión. Es hora de que reconozcamos que proteger nuestras fronteras y tratar a los inmigrantes con compasión, no se excluyen mutuamente. Estoy orgulloso de presentar un plan de inmigración que incorpora esos valores colectivos. Una política sensata y justa que trata a las personas que cruzan nuestras fronteras en busca de refugio con empatía y comprensión.

El verano pasado viajé a Tornillo, Texas, para marchar en solidaridad con los activistas que protestaban la cruel política de la separación de familias.

El verano pasado, visité nuestra frontera sur en el Valle del Río Grande de Texas, para ver por mí mismo cómo la política de inmigración no respeta los valores de nuestra nación. Fui a los centros de detención donde los niños estaban separados de sus padres. Presencié procedimientos judiciales en los que los inmigrantes fueron acusados de violaciones a la sección 1325. He visto niños que aún no tienen la edad para hablar, sentados solos en el tribunal, y clasificados como amenazas para nuestra nación, como criminales.

El año pasado, el gobierno de Trump les dijo a los estadounidenses que, si solo fuéramos lo suficientemente crueles como para separar a los niños pequeños de sus padres, esa crueldad disuadiría a más familias de buscar asilo en nuestra frontera sur. Resulta que esto era totalmente erróneo, tanto en lo moral, y como hecho. Más familias están llegando. Su política de crueldad es un fracaso, y debemos elegir la compasión en su lugar. Debemos elegir a las personas primero.

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    Father, husband, Texan, presidential candidate. He/Him/Él. Former Sec. of Housing & Urban Development, Mayor of San Antonio.

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