Bogotabandonada


Los domingos son el día del abandono.

Bogotá se esconde de sí misma.

Las vitrinas lucen su rostro cansado, apaleado. Los edificios bogotanos hacen que la luz rebote como sin fuerza. Las sombras de uno sobre el andén son más débiles que nunca.

El abandono. El abandono. Las bolsas de basura que viven sus días en arrumes esquineros casi sueltan su contenido –como muestra de abandono.

Los pasantes del centro de Bogotá, pululantes, agudizan el retumbe del susurro ‘¡bogotabandonada!’. El abandono.

El domingo que arropa a la ciudad cerró por hoy, como siempre, las tiendas de caos. Las que entre gentíos, hedor de comidas típicas, y animosidad de gran-ciudad-que-apenas-se-reconoce devuelven del abandono al valle rolo.