Indispensable, posibilidad de convenio de prácticas

El cierre de cada texto. Cuando una persona comienza a buscar trabajo, sobre todo prácticas en empresas, intentando obtener la oportunidad de aprender, crecer, “meter cabeza”, es lo que se encuentra. Tu centro de estudios tiene que ser capaz de funcionar como tu sponsor, firmando un convenio de prácticas por el cual la empresa que te contrata se evita abonar la seguridad social correspondiente, cubriendo la otra entidad este pago. El problema viene cuando tu universidad no contempla firmar ningún tipo de convenio porque está en el extranjero. Ese país que no es el tuyo, al que te has ido porque todo el mundo dice: “emigra, no te quedes, sal fuera a aprender, esto no sirve”; y tu lo haces. Lo haces con tu mejor intención y el mayor de los esfuerzos, porque crees que realmente te hará más competente y que serás capaz de ofrecer más (más si cabe que tus ganas y tu devoción por lo que haces).

Te piden que lo seas todo, creativo, original, diferente, que sepas usar el paquete de Office, Adobe, que escribas bien, que tengas un nivel alto de inglés, algo de experiencia siempre suma puntos, que tus ganas de aprender sean lo primero, y que estés dispuesto a absorber información como una esponja. El problema llega cuando, de hecho, cumples esos requisitos, al igual que la mayoría de tu competencia. Porque a todos nos han enseñado de maneras parecidas, nos han inculcado el querer ser mejores, saber hacer de todo, morirnos de ganas por darlo todo. Y en un afán de intentarlo, tu te habías ido fuera. Y cumples todo lo que te piden. Pero no puedes firmar un convenio. Nadie va a hacerse responsable de pagar lo que le cuestas a la empresa. Así que da igual lo que hayas estado haciendo en ese otro lugar, porque vas a salir demasiado caro. Incluso con un contrato en prácticas, en el que la empresa pagaría solamente un 45% de la tasa de la Seguridad Social. Pero también tiene que pagarte el 70% del total de lo que cobraría un trabajador en ese mismo puesto. Vaya por Dios.

Es un círculo vicioso. Escuchas cada día historias de gente que se fue y triunfó. De gente que se fue y volvió. De gente que sigue peleando. Y tu, que te has cansado de casi pagar por respirar porque lo mejor era “irse fuera” y crees en lo más profundo de tu ser que lo que has hecho te puede ayudar a empezar una carrera profesional, vuelves. Pese a todo, vuelves. Porque no es justo. Y porque allí, al final, es todo muy parecido. Pero claro, sales demasiado caro. Pero, eh, queremos enseñarte, que aprendas. Aunque vas a tener que seguir viviendo de tus padres; o trabajando de otra cosa, para la que normalmente estás sobrecualificado, para vivir. Y no se te ocurra quejarte, porque si a ti no te gusta, otro lo hará por ti. Porque pensamos que es lo que hay. ¿Es lo que hay de verdad? ¿Es justo que dejes de trabajar por seguir formándote y que, por eso, no seas apto para un puesto de trabajo? ¿Es justo que un trabajo se vea recompensado con “ayuda para el transporte y comida”, “beca remunerada”, “400€”?

No estoy pidiendo que un becario cobre el mismo sueldo que alguien con más experiencia. Porque, sin duda, esa es la piedra angular de muchas profesiones. Pero ¿cómo va una persona a empezar a vivir esa experiencia si no puede llegar ni a mitad de mes? Prioridades. Haces lo que quieres o vives. Es raro que puedan ser las dos. Y es más frustrante intentar que lo sean.