Cartagena, la ciudad que no habla de sus problemas.

Día tres. Ya conocí todo lo maravilloso de esta ciudad, un largo día de playa y otro de caminata interminable.

Hoy, quiero hacer algo nuevo mientras espero que llegue la noche y pueda subir a la Chiva Rumbera que ayer reservamos. Pero no puedo ir a curiosear así nada más, me hablaron de un mercado dónde todo se puede conseguir a un buen precio pero no puedo ir porqué está dentro de uno de los barrios más peligrosos de por aquí y no es conveniente que me aventure a ir sola. Y ese es sólo un ejemplo.

La ciudad y la gente son bellas, pero como en toda ciudad y/o país, hay una cara que pocos conocen de la cuál nadie se atreve a hablar porque quienes lo hacen terminan siendo tachados. No conozco la realidad al cien por ciento de esta ciudad que me cobija en mis días de vacaciones y de paso por Colombia, pero creo que hay mucho por hacer, para impulsarlos más a ellos y disminuir los sinsabores que viven muchos turistas.

Escribo esto porqué en Cartagena ha sido la primera ciudad dónde más alertas de cuidado he recibido por parte de sus pobladores y he sido víctima de la viveza de su gente, pero esto último no creo que sea propio y único de acá, ya lo he vivido en mi propio país. Así que llego a la conclusión de que podemos hacer más para crecer como comunidad, sin necesidad de aprovecharnos de los demás. Que la cara y el acento de uno no determine el precio de las cosas.

Cierro el texto repitiendo lo que me dijeron al llegar:

  • Cuidado con los vendedores, de preferencia no compres.
  • Si tomas taxi, pide referencia de precios a un policía.
  • Antes de aceptar algo, pregunta el precio y si te parece razonable, paga.
  • Un buen café, a buen precio, buscalo en el super.
  • En las playas, la seguridad no es al cien por ciento.
  • Ten cuidado de los chicos mototaxi.
  • No te alejes de la zona céntrica.
  • Y una recomendación a seguir en todas partes, del mundo creo yo, no transites por calles solitarias.