Obtener lo que deseas, te sale caro

¡Cuidado con lo que deseas!… Al escuchar esta frase siempre tenemos cierto escepticismo pues pensamos, ¿qué de malo tiene llegar a ser rico y famoso?, ¿qué cuidado se puede tener al desear una vida donde nunca más deba preocuparme por el dinero?, pero a estas preguntas puedo contestar: ¿en serio crees que las Kardashian gozan de felicidad plena?

Resulta que en la vida real, esa que vivimos los simples mortales día a día, el obtener lo que deseas resulta no ser tan bueno como lo pinta Instagram, pues detrás de las fotos de los lugares exóticos se esconden tarjetas de crédito sobregiradas, y tras la iluminación de las de comidas suculentas hay una escandalosa cantidad de horas de gimnasio y dieta.

Muchas veces enfocamos toda nuestra atención en la meta, llevándonos a ignorar total y plenamente las señales de alerta que rodean a nuestro objetivo, esas que nos dicen que la meta no es tan buena como parece; pues en algún punto de nuestra supervivencia en la etapa de la adultez, nos tatuaron en el cerebro que lo importante es obtener la meta sin importar el precio; la parte que no te cuenta la publicidad es que ese precio es nada más y nada menos que un pedazo de tu alma.

Todos somos conscientes que metas como obtener un título universitario o el auto de tus sueños requerirá sacrificios que valdrán la pena, tu alma no volverá a ser la misma, algo simplemente se rompe; es como el ejemplo del graduado con honores que no supo lo que era una resaca universitaria, o el del que obtuvo un Ferrari después de que su familia dejara de hablarle y se quedara solo con sus exitosos negocios.

Obtener aquello que tanto has deseado te da una satisfacción temporal, si, el momento previo a sostener en tus manos tan preciado deseo es glorioso, sientes que eres una especie de Tony Stark equipado con la inmortalidad de Thor, pero una vez obtenido el deseo, a las pocas horas (o en el mejor de los casos a las pocas semanas) el teatro se vacía y sientes que tu deseo, a decir verdad, salió demasiado caro para la barata utilidad y satisfacción que aporta a tu vida (obviamente esta premisa no aplica para personas que están enamoradas de su deseo, como por ejemplo los harlistas )

Cuando ya conseguiste aquello por lo que estuviste trabajando durante meses o años, es que te das cuenta que no valió la pena ese pedazo de alma que ahora te falta, de hecho, no sería raro que con lo obtenido sintieras una frustración totalmente opuesta a la excitación que estabas esperando sentir.

Somos seres caprichosos, y a medida que avanza la tecnología, también avanzan nuestros caprichos, lo que estamos dejando de lado es que el obtener muchos de esos caprichos nos lleva a volvernos fríos, y más que coleccionar otro trofeo, coleccionamos otra cicatriz de decepción y desesperanza.