Un tiempo prudencial: ¿Porque le ponemos tiempo al amor?

El amor de dos personas que llevan 10 años de casados, es tan real y tan intenso como los amantes que llevan dos semanas juntos y no quieren despegarse ni un minuto. Si miramos hacia atrás, podremos notar que en ningún momento planeamos enamorarnos de ese gran amor que marcos nuestras vidas, ni tampoco el tiempo hizo que pudiéramos corresponderle a esa persona que nos declaro su tan ferviente amor; entonces… ¿en que momentos llegamos a creer que si pasamos mas o menos tiempo conociendo a una persona, podremos determinar matemáticamente si será un amor para toda la vida y lo la decepción que rebosará el vaso?.

Todo comienza en el momento en el que se nos ocurre la no tan fantástica idea de expresarle al mundo exterior que realmente nos gusta alguien; pues nuestros miedos pasados e inseguridades del futuro, nos llevan a recurrir a nuestra red de apoyo inmediato (amigos, colegas y familiares), en la cual de forma inconsciente, lo que realmente deseamos es que nos brinden la motivación para continuar la odisea que hemos decidido emprender; pero más allá de obtener lo que deseamos, resultamos encontrado los ecos de un montón de corazones que alguna vez sufrieron por amor, y por lo tanto, no logramos nuestro objetivo de sentirnos incentivados en la dulce inspiración de seguir nuestros instintos y enamorarnos perdidamente, por el contrario, nos terminamos enfrentando a la sentencia de “un tiempo prudencial” para determinar si podemos o no enamorarnos de esa persona que nos tiene cautivados.

El tiempo prudencial moderno va variando según las etapas del enamoramiento; comenzando por un periodo de 2 a 8 meses, en el cual a pesar de tener nuestras emociones en su máximo éxtasis, se nos aconseja ser estrictamente prudentes, junto con reprimir nuestras muestras de afecto para no espantar a la otra persona, y tomar este tiempo para escudriñar la vida del otro, al punto de poder determinar si vale la pena o no tener un relación. Debido a que este tiempo transcurre fuera de las reglas de un compromiso, cualquier paso en falso es motivo suficiente para descartar la posibilidad de continuar el proceso de conquista; olvidando por completo que nuestro mayor anhelo, es que el amor de nuestras vidas esté junto a nosotros en las buenas y en las malas; por ende, si solemos huir al primer defecto, ¿Quién se va a quedar a conocer a nuestros demonios?, y no, nuestro fieles seguidores que nos regalan like en las redes sociales, no van a estar ahí los días que amanecemos de pelea con la vida.

Superada la fase anterior, comenzamos a forjar la relación formal; la cual puede durar un periodo entre 2 e “infinitamente” cantidad de años, en esta etapa ya hemos pasado por los 21 días de nuestro nuevo habito de no ser escandalosamente expresivos con nuestros sentimientos, por consecuente, nuestra forma de comunicar lo que sentimos, varía entre escasa y nula; es por esto que al momento de presentarse una discusión o pelea, optamos por aplicar las salidas de emergencia de: “hay más peces en el mar” , “no éramos compatibles” y “ no estaba preparado(a) para una relación seria”; en vez de enfocar nuestra intención en buscarle un reparo a la relación con la misma intensidad con la que deseamos finalizarla; al final de cuentas optamos por comenzar todo de nuevo, proceso al cual nos hemos vuelto adictos, sin tener en cuenta que el verdadero tazón lleno de oro solo es revelado cuando has recorrido gran parte del trayecto junto a la misma persona con la que lo iniciaste.

Al final de cuentas, nosotros ( o la sociedad) le ponemos un sello registrado a las relaciones de cuanto es el tiempo prudencial que debe transcurrir para tener una relación “exitosa”, y supuestamente evitar que nos quiebren el corazón; cosa que, en lo personal, considero un completo absurdo, pues si no existe la habilidad de controlar el corazón emocional; ¿De que manera una magnitud física que puede ser medida utilizando un proceso periódico nos vas a definir si podemos o no tener pareja?.

Dejemos de ser tan digitalmente racionales, de todas formas nos van a partir el corazón cuando menos lo esperemos, así que deja a un lado los juegos mentales y sigue a los latidos de tu corazón.