Una lección para el desayuno

Últimamente me he encontrando batallando los dragones de la resiliencia, el «dejar fluir» y el de «aceptar las cosas como son»; es por ello, que programe una reunión importante con la naturaleza, para ver si encontraba una solución diferente a «paciencia y tiempo».

Cuando inicie mi rumbo, decidí recargar mi combustible interno, como bien hay que hacerlo en cada viaje que se realice; y justo en el desayuno recibí mi lección del día.

Donde vivo es común el caldo de costilla para desayunar, pero debido a que no crecí con esa costumbre, no me gusta ordenarlo; por error del mesero, me fue servido el dichoso plato, lo mire un par de segundos, y justo antes de levantar la mano para decirle al mesero que no lo quería, mi cerebro proceso que «ese» caldo era justo lo que necesitaba.

Una vez que acepté la situación, comencé a entender que de esto se trata la vida moderna, y no me refiero solamente al complejo proceso de aceptar, sino a la inevitable realidad de que muchas veces te llegan cosas que no pediste, pero que era lo que necesitabas ; que nuestra vida gira alrededor de situaciones que no podemos controlar, pero que es esa falta de control es lo que nos cambia el futuro.

La vida como nos enseñaron a vivirla ha cambiado por completo, y yo, con un simple caldo entendí que hay que re-aprenderlo todo.

… y tú? Cual ha sido tu caldo de costilla?