4. Arrepentida me busco y no me encuentro. ¡Corro!

Abandonarme me hizo ser la culpable de lo que ahora soy.

Como todos sabemos, arrepentirnos no sirve para arreglar una acción pasada porque esta ha sido ya realizada y ante el imposible viaje en el tiempo atrás no hay más opción que la de seguir adelante.

Creo que arrepentirse no es para nada malo. Aceptas que no eres perfecto, que la vida tiene muchas opciones pero no siempre tienes la capacidad de elegir a tu favor (de entrada porque no tienes experiencia ante un hecho que desconoces) o simplemente shit happens.

El tema radica en el castigo propio. Eso, sí es muy malo. El ser humano tiene tanto poder que no sólo tiene la capacidad para reflexionar y detectar que estuvo mal, también tiene la habilidad para recrear de mil maneras lo sucedido con diferentes acciones y en ocasiones creérselo y de ahí mal viajarse terriblemente causándose dolor.

Pasa y te preparo un chocolatito.

Me arrepentiré del mismo hecho siempre, sin embargo he sanado esta historia y he logrado, en la actualidad, avanzar por la vida sin golpearme emocionalmente.

Antes de nacer, una hermana de mi papá ya me estaba esperando. Mi tía me quería con todo el corazón, desde siempre. Me consintió, jugó conmigo, me regaló de todo, me dio los mejores consejos para la vida y me puso en medio de una pelea campal entre ella y mi mamá con su clásico “¿a quién prefieres? ¿a tu tía o a tu mamá?” Mi respuesta hasta los 8 años siempre fue “a ti” seguido de un abrazo. Ella es posiblemente uno de los seres más excepcionales que la vida ha dado. Simpática y amiguera pero a la vez de carácter firme y dominante. Una mujer enamorada de México: ciudades, comida, artesanías, música y playas. En fin. Ella era, además, mi fuente proveedora principal de cariño.

Era el 11 de febrero y habíamos ido a desayunar y pasear por el centro histórico del DF. Un día increíble. Platicamos de todo y la dejé en su hogar ya entrada la noche. Fue el último viernes que la vi en todo su esplendor… El lunes (14 de febrero) era inicio de clases en la universidad y ella me había llamado para que pasara a su casa y estuviéramos juntas por la fecha. Por alguna razón un eterno crush me llamó en la tarde y me dijo que pasaba por mi y de ahí lo que surgiera. Le dije que sí.

No le avisé a mi tía que ya no iría, ni un mensaje o una llamada breve. Nada. Este dude pasó por mi, nos detuvimos por un Starbucks y me llevó a mi hogar. Nunca anduve con él, ni intimamos y ni somos súper amigos. NADA.

A los pocos días ella salía de viaje haciendo un tour por la República Mexicana para después llegar a Centroamérica. Una noche antes me llamó para despedirse, porque no podía ir tranquila a un viaje largo sin decirme: “… ah! Y por cierto, no te vistas fachosita, nunca sabes a quien puedas conocer. Te quiero mucho”.

Un mes después, una llamada por teléfono nos dejaba saber que se había enfermado en el viaje y que tenía problemas de asma. ¡¿What?! Ella no era asmática ni había presentado problemas respiratorios. Una profunda herida estaba por abrirse.

De regreso a la Ciudad de México una ambulancia estaba esperándola para ingresarla velozmente al hospital. Fui a verla y era otra. Su alegría y belleza se quedaban para siempre en el tiempo pasado. Estudios de todo tipo sucedieron mientras su sufrimiento se agravaba. Un cáncer en fase terminal me la robó justo un día antes de su cumpleaños: 15 de septiembre.

Espero de la vida un día más para volver a verla, abrazarla y agradecerle infinitamente su cariño, su paciencia y sus palabras. Por quererme cuando ni yo me quería. Por aceptarme y por alentarme. Por lograr que me sintiera especial y decirle, que el príncipe azul sí existe (this is between us) y preparar un chocolate caliente.

Arrastro desde entonces, un día que nos quité.

En este post tenía la idea de poner uno que otro ejemplo de arrepentimiento pero mi sentimiento hacia ella ganó.

Pero es necesario decir que me he arrepentido hasta con los dientes de otras circunstancias producto de mi profunda timidez y de mi bien conocido “mis temores ya me desconectaron de este planeta”. Y me arrepentí porque sí tuve oportunidad de hacer algo distinto, tan básico como gritar, correr o creer en mi.

He aprendido a tropezones, pero créanme, desde el suelo el levantarse se ve lejano, sin embargo una vez arriba valoras tus rodillas, a fin de cuentas las necesitas para seguir caminando.

“Te arrastra el pantalón, no te pases”

Esta es la cuarta entrega del ejercicio anti-poético. Diré siempre la verdad, a menos que las instrucciones indiquen lo contrario.

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