Madre, hija y Gilmore Girls

Hace unos días vi una noticia que me trajo recuerdos: la serie de mi adolescencia que tanto me encantaba sería revivida en una plataforma de pago para ver películas y series (al final estará en YouTube de todos modos) y decidí volver a pasar por esa época de mis 11 a 16 años llamada adolescencia rara para ver de nuevo la serie; me pareció divino y recordé por qué amaba tanto las tardes después del cole que me tiraba en la cama a ver una hora de tele con todo y anuncios.

Para quienes no conocen o no recuerdan la serie: trata sobre la vida de madre e hija y su mundo en un pueblito tranquilo, y las locuras que hacen ambas, en sí tiene muy buenos mensajes, sobre todo a nivel de concepto de familia, de la fuerza de voluntad, coraje y carácter que una persona necesita en la vida para salir adelante.

Quizá la estoy viendo con otros ojos, 16 años después de su estreno, siendo la misma Luna del mismo tamaño que la vio al inicio, con otra perspectiva a mis 25 añotes y con experiencias muy distintas a las que tenía a los 11 años.

No voy a ventilar mucho de mi situación familiar, pero en ese entonces veía la relación Lorelai-Rory como la mía con mi madre, cuando me daba un poco de chance de platicar conmigo y contarme sus cosas… cuando era mi superheroína, y a mi abuela como la estirada Emily Gilmore, esto último solo se ha reafirmado con los años, cosa que me hace gracia y a la vez me perturba un poco…

Con los años he aprendido que mi mamá a lo mejor no es sarcástica como Lorelai Gilmore, ni posee su humor negro, ni toda la fuerza y el coraje que tiene para mantener a sus padres al margen de la vida a la que decidió hacerle frente a sus 16 años y con un bebé a bordo, por el contrario mi madre es la persona más dulce del mundo, aunque le juegue en contra, y sin embargo no deja de ser mi madre ni dejo de amarla por ello (aunque me saque de mis casillas de vez en cuando)

Aprendí que a pesar de la personalidad y lo nerd no soy Rory Gilmore, me pregunté mucho dónde estaba y qué estaba haciendo a esa edad en que las niñas nerd recibían su primer beso e iban a fiestas con algún bicho guapo cercano, dónde estaba yo cuando se supone que podía tener mi primer novio, mi primer beso con uniforme de colegio y mochila al hombro, dónde estaban los niños tranquilos y geniales?? Y sobre todo qué diablos hacía yo en vez de disfrutar de un novio después de clases??

No, tampoco voy a ventilar lo patético de mi vida amorosa… bueno… no del todo, pero sí diré que en ese entonces esta Luna soñaba con algún bicho de grados mayores,que le gustaran los libros y que fuera tranquilo y dulce… lastimosamente no conocía nadie para mí con esa descripción…. Y mi adolescencia transcurrió entre los pasillos y las bibliotecas de dos colegios donde imaginé que el estudiante de mis sueños no existía….

Y en efecto, así fue, hasta que un bicho me abordó en un pasillo de la universidad para elogiarme el libro que andaba cargando, y a las dos semanas me elogió un collar que andaba, en dónde estuve toda mi adolescencia?? Aprendiendo a ver el valor de los hombres de verdad y la diferencia con los niños chorreados del bachillerato que sólo buscan manosear, besuquear y explorar cuerpos porque no pueden con las hormonas, aprendí a darle valor a los detalles, y sobre todo aprendí que nunca es tarde para esos noviecitos lindos de manita sudada, de besitos lentos y tímidos… y nunca será tarde para las aventuras de estudiantes, sin importar que se tengan 15, 25 o 30 años

Regresando al tema del post, me gustaría volver a esa relación Lorelai-Rory, que casi tuve con mi mamá, pero a estas alturas eso ha cambiado demasiado, hemos llegado a esa época en que hay más alivio cuando no se habla que cuando se sacan tensiones, que ya no se soportan bromas ni sarcasmos porque hay más susceptibilidad, y sobre todo, que nos vamos despegando una de la otra…

… Y al final, eso es lo más sano, quién quita que las Gilmore Girls tengan una dependencia una de la otra…. Y depender de alguien nunca es bueno

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