Crónica sobre el hada madrina de Hollywood y su discurso contra Donald Trump

Bajo la imponente banda sonora de la reconocida película ‘Mamma Mía’, los temas de ABBA, la agrupación musical que le da vida a la cinta de la cual fue protagonista, le daban la bienvenida al hada madrina de Hollywood, Meryl Streep, para recibir el premio Cecil B. DeMille al reconocimiento en su carrera en la septuagésima cuarta entrega de los Globos de Oro 2017. Con una lluvia de aplausos y la magia pletórica de la vibración artística en el Beverly Hilton Hotel de California, Streep agradeció con una mirada nublada en lágrimas de entusiasmo y nobleza. Como es costumbre, los halagos no cesaron hacia la actriz más respetada de la actualidad y quizás, de todos los tiempos, hasta que con su extrema dulzura expresó a lo que coloquialmente podría referirse su habitual “no es para tanto, por favor, siéntense”, junto con su tono carismático y lleno de gracia que no ha abandonado pese a sus 67 años de edad.

Su voz quebrantada, que justificó al presenciar una crítica afonía por “haber perdido su voz llorando a gritos ese fin de semana”, le otorgó la carga emocional que hemos presenciado infinitas veces en la gran pantalla al ver una escena apasionada o desenfrenada, hasta hacernos palpitar el corazón al identificarnos con una madre atormentada y ansiosa por recuperar a su hijo en su personaje en ‘Kramer Vs. Kramer’. Hacernos odiar y por último, sentir compasión por una poderosa y cruel editora de una revista de moda, la inolvidable Miranda Priestly en ‘El Diablo Viste de Prada’; o incluso, erizarnos la piel al darle vida a una mujer llena de amargura enferma de cáncer en el más reciente papel con mayor intensidad en la cinta ‘Agosto’. Personajes que se introducen en nuestras entrañas y en la memoria auditiva con el poder de hacernos reconocer su voz a kilómetros, versátil y a la vez sublime para asegurar con orgullo que se trata de Meryl Streep.

No fue necesario presenciar su nombre… El nombre de aquél personaje que ha retumbado alrededor del mundo en los últimos 12 meses. ¿Qué mejor forma de introducirlo discretamente interrogándose acerca de qué es Hollywood?, no es más que un grupo de personas que vienen de los lugares más recónditos de los Estados Unidos o de diversas partes del globo terráqueo. Sarah Jessica Parker creció en un pueblo de Ohio, Amy Adams nació en Vicenza, Italia; Ryan Gosling, como la gente más amable que existe, es canadiense y Natalie Portman, nació en Jerusalén… “Así que Hollywood está plagado de marginales y extranjeros”, citó sarcásticamente… “Si los echamos a patadas, sólo van a tener para mirar fútbol americano y artes marciales mixtas”, con imponencia y desenfreno, exclamó: “¡Y esas no son artes!”. No se necesitó que se dijese más, se refería al presidente de los EEUU, Donald Trump y la animadversión al magnate estaba más que probada. Instantáneamente, la sala se levantó a aplaudirla. Está terminantemente prohibido alegar que no nos identificamos con la mirada llena de admiración de Jessica Chastain al escuchar el discurso, casi pudimos sentir su nudo en la garganta.

La interpretación es la oportunidad para cambiar y ejercer tu influencia sobre hechos inmodificables desde la vida real. Meryl Streep, en una entrevista manifestó su curiosidad acerca de otras personas: “Esa es la esencia de mi actuación, yo estoy interesada en lo que sería cómo ser tú”, expresó en aquella oportunidad… Y ese día, en los premios dorados, supo cómo plasmar su visión como actriz. El trabajo específico del actor es hacer sentir lo que los personajes sienten, acto que plasmaron a la perfección en la majestuosidad de las artes aquellos actores y cineastas sentados en las mesas redondas del salón del Beverly Hilton. Sin embargo, hubo una actuación que dejó sin palabras a Streep y con extrema seguridad, al mundo entero. “Me clavó sus garfios en el corazón, no porque fuese buena, no hay nada de bueno en esa actuación, pero fue efectiva. Hizo que el público riera y mostrara sus dientes.” Refiriéndose entonces a uno de los momentos más criticados de Trump, cuando el magnate en campaña se burló desde su atril de Serge Kovaleski, un periodista discapacitado del New York Times. “Me partió el corazón cuando lo vi y todavía no puedo sacármelo de la mente, porque aquello no era una película, era la vida real.”

Resulta alarmante cómo la persona más poderosa de Estados Unidos imitó a un discapacitado. Cómo una figura considerada el “ejemplo” de la nación y del mundo, tiene el desgarrador instinto de humillar. Son interminables las preguntas sin respuesta; aún así, el hecho sólo reside en una certeza, la violencia incita a la violencia y como citó Streep, cuando las entes gubernamentales actúan de esta manera, penetran en la sociedad e inconscientemente les dan permiso de hacer lo mismo. La falta de respeto invita a la falta de respeto, de modo que todos perdemos cuando los poderosos realizan estas acciones. Denzel Washington, que se encontraba a un extremo del salón, petrificado, sin hilo de voz y de palabra, escuchaba a Streep con asombro y admiración por su valentía. De manera literal podría decirse que todos los televidentes tuvimos la misma reacción que él al ver a Meryl Streep dictando el discurso más apasionante de la historia de la ceremonia dorada. Donald Trump, sin ser actor, realizó la actuación más humillante del año.

“Y ahora vamos a la prensa”, citó Streep manifestando la necesidad de que la prensa extranjera de Hollywood le exija responsabilidad al poder, que se indignen y les llamen la atención con el propósito de ser salvaguardados de la verdad. De este modo, como contenido metafórico a la extensión de todo su discurso, Meryl evocó una anécdota cuando Tommy Lee Jones le preguntó: “¿No es un gran privilegio ser actor?”, instantáneamente todos en el salón quedaron mudos por la sencillez, pero a la vez por la profundidad de la interrogante… Para Mel Gibson no le fue en lo absoluto complicado sumergirse al fondo de la pregunta, su rostro de concentración y análisis llegó al corazón de la audiencia, fue como si el mundo se detuviera y nos colocásemos en la profesión de todos ellos, ¿realmente no sería algo maravilloso?. Realmente lo es, todos recordamos el privilegio y la responsabilidad de la empatía activa. Más allá de ser celebridades, son artistas, la profesión más noble que existe. La única que puede hacerte comprender las diferencias de los seres humanos, de la misma forma en que figurativamente los actores pueden ser considerados los psicólogos de taquilla. “Deberíamos estar muy orgullosos del trabajo que Hollywod premia”, añadió con voz compasiva y con un aire intocable de la más noble sabiduría… El hada madrina de Hollywood es el ejemplo de la empresa y qué mejor manera que evocando la realidad de su país y del mundo entero.

Su elegante vestido negro de escote en “V” con piedras tornasol y su aura sofisticada, acompañaron a Streep durante el discurso de la noche. Aunque no mencionó directamente a Trump, el contenido irónico y emotivo de sus líneas, fueron suficientes para que el Universo entero se percatara de a quién se estaba refiriendo. Una protesta sutil y silenciosa, se asemeja a una moderna Elizabeth Bennet insultando refinadamente al señor Darcy, con la excepción de que el contexto englobaba a una élite mundial. Aquí la valentía de Meryl Streep para enfrentarse y ser la voz de Hollywod y de millones de ciudadanos, batallando contra los paradigmas para la unidad social. Seguramente, si Jane Austen viviese, estaría muy orgullosa de ella.

No se puede ir en contra de la naturaleza del ser humano, el hombre es soberbio, arrogante y muchas veces, malicioso. Según la psicología, podemos analizar o justificar algunas acciones negativas de los individuos y he aquí la interrogante: ¿Por qué tanta maldad en el mundo?”… Simple, el ser humano buscará más de lo que tiene y si es formado bajo términos inadecuados, no tendrá piedad para arrasar con lo que tenga bajo la planta de sus pies. Al presenciar un mal ejemplo, si no es corregido, se implantará como la luz solar de cada día en su vida. El mundo necesita recordar que debemos despertar el alma noble y que en nuestra infancia, fuimos buenos.

Meryl Streep, nos robó varias lágrimas y nos ató fuertes nudos a la garganta… Y es aquí cuando nos percatamos de que más allá de tener un impecable performance en pantalla, conoce los recovecos de la interpretación y de la magia del arte. La imaginación es la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente, del mismo modo en que a la hora de representar comprendemos la psique del personaje. Más allá de ser un simple papel, son personas de carne y hueso que encontrarás a la vuelta de la esquina, en donde cada mente es un mundo y debemos aprender a aceptar su condición social, no como sinónimo de conformidad, sino como carácter para ejercer el cambio y evocar la justicia para un mundo mejor. Precisamente, esta es la verdadera razón por la que Streep es considerada la mejor actriz de todos los tiempos, no por sus tres estatuillas doradas (que deberían ser más) o por sus 20 nominaciones al Óscar, no, es por su extrema sensibilidad hacia la humanidad.

“Y como dijo mi querida amiga recientemente fallecida, la princesa Leia, me dijo una vez: Toma tu corazón roto y conviértelo en arte”, concluyó Streep, recordando a la actriz Carrie Fisher. La celebridad es el arte de seguir cuando todos suelen parar, experimenta de tus vivencias, siente y realiza una lección de ello. El mundo necesita la dulzura de la unión humanitaria para convertir de las injusticias, un paraíso de comprensión y aceptación social; es preciso aprender a educar los sentidos y evitar el contacto con todo lo innecesario. Tiende el alma en un ropero, para ponértela de gala si te topas con la majestuosidad de la bondad. Gracias Meryl Streep.

“Se me rompió el corazón cuando lo vi. Todavía no lo puedo quitar de mi cabeza, porque no era una película, era la vida real.” Meryl Streep.