Al invitado lo mató la vida

Algunos rumores dicen que cuando una persona llega al último día de su vida, un señor vestido con un elegante esmoquin y lentes de armazón color verde, llega a la puerta de su casa exactamente a las 7:15 de la mañana para entregar una postal blanca con bordes de oro, invitándola a participar en un misterioso evento llamado “21900”, “31715” o algún número al azar, siempre de 5 dígitos. Al final de la invitación encuentra la siguiente leyenda: “Fuimos los ojos de tu vida, te invitamos a observarla” Y aunque uno inmediatamente piensa en Orwell, la curiosidad vence al miedo y decide asistir.

El inicio del evento sucede de manera muy similar al último primer día de clases. Los anfitriones se presentan animando a los asistentes con la idea de haber concluido exitosamente el camino, algunos descubren que varios de sus amigos no se encuentran a su lado, y la incertidumbre sobre lo que sucede al evento permea entre los invitados.

Después de la bienvenida, cada uno de los asistentes pasa a una sala obscura en donde se proyectan los momentos más trascendentes y representativos de su vida, como si una cámara invisible los hubiera seguido constantemente para recopilar el contenido, editarlo y adornarlo con una canción sosa. El apantallante video termina con una leyenda felicitando al espectador por haber vivido exactamente 31,577 días, justo el número que apareció en su invitación y lo que correspondería aproximadamente a 87 años, según sea el caso.

Algunos rumores dicen que la muerte natural no existe y aseguran que las personas mueren únicamente por tres razones específicas: Accidentes desafortunados, enfermedades terminales y la impresión que causa ese video proyectado al final del viaje. Los satisfechos con lo visto abandonan la sala felices, regresan a casa, logran despedirse y mueren tranquilos mientras duermen, por su parte, los insatisfechos gritan constantemente a la pantalla intentando cambiar las decisiones que se descubren tomando, lloran porque el inicio ilusionó sus expectativas, el desarrollo no ocurrió como pensaban y el desenlace fue un cúmulo de giros narrativos resueltos de la forma más cobarde. Ellos, los frustrados, mueren porque se les detiene el corazón.