2015: Año de la Conquista de mi Ego.

A diferencia de otros años, este año los logros más importantes que he conseguido han venido de una fuente diferente a mi planificación, energía y enfoque.

En el pasado me proponía cosas, las ponía por escrito, las declaraba, y BAM, me ponía manos, pies, cabeza, espíritu, TODO a la obra de conquistar aquello que anhelaba, sin distracciones, con máximo enfoque, con toda mi habilidad puesta en acción y buscando todo el soporte posible de otras personas para lograr lo que me propusiera.

Era una fórmula como para libro titulado “La Ciencia del Logro”. Infalible, me sentía súper orgullosa de los logros que he podido alcanzar en el pasado, tanto que me impulsaron a querer consultar y acompañar a otras personas para que logren lo que se propongan.

Este año pasaron muchas cosas distintas. Muchas oportunidades en las que mi ego salió terriblemente dañado.

Mi mejor amigo dejó de ser mi mejor amigo en cuestión de horas, para elegir pasar tiempo con otra chica que no me cae muy bien.

Mi avión no despegó arruinando meses de planificación detallada.

Un proyecto no creció como yo esperaba.

Terminé maravillosamente un proyecto en mi trabajo, sólo para recibir la orden de que se lo traspasara a otro colega para que en sus manos mi proyecto duerma el sueño de los justos.

Metí goles maravillosos en mi profesión que fueron finamente ignorados por todo el mundo.

Un socio muy querido decidió ignorarme por completo, y pasar tiempo hablando de estrategia con otra persona que está fuera de la organización.

Empecé a salir con un chico. Me ilusioné. Él le tenía fobia al compromiso. Terminé con él. Luego de unas semanas me enteré que se casó con una chica a quien recién conoció.

La amiga con quien iba a emprender un proyecto revolucionario sobre educación, decidió no atender mis llamadas y hablar mal de mí.

Y así, este año sin planearlo fui sumando experiencias, que chocaron duramente con mi ego.

Busqué apoyo, busqué personas que fueran mi Sancho Panza a mi lucha de Quijote de la Mancha contra los molinos de viento, testigos que vieran mi tristeza, los obstáculos y que luego puedan felicitarme pues logré superar aquella ilusión de pelea formada en mi cabeza, finamente presentada por mi habilidad con el lenguaje.

EGO. EGO. EGO. Más EGO.

HACER. HACER. HACER. LOGRAR. HACER más.

Llegó un momento en que yo misma sentía repulsión por esa secuencia de actividades. Dejé de buscar afuera. Bajé los brazos, no porque me “rendía”, sino porque me di cuenta que no había necesidad de tenerlos arriba.

Con los brazos disponibles, la cabeza en modo pausa, me dispuse a sentir más.

Y en ese sentir más, abracé cada experiencia, con esperanza y muchas veces apretando los dientes.

Empecé a reírme de mí misma. No en tono de burla, pero porque me daba cuenta de los descabellado que era darle credibilidad a algunas creencias, así como prioridad a algunos eventos.

Rápidamente empecé a encontrar lecciones, donde, en el pasado, sólo había reproche de mí para mí.

Día a día empecé a percibir una paz distinta. Esa que viene del alma, esa que se encuentra en la silenciosa compañía de una misma.

Hoy si quiero llorar, lloro y punto. No tengo necesidad de explicarlo, ni anunciarlo.

Hoy reconozco los errores y horrores que he cometido, los agradezco, pues han sido vehículos de alta velocidad para expandir mi consciencia, para despertar de la hipnosis en la que vivía “pensando” que mi valor en el mundo viene de mis logros, de mi influencia, de mis resultados.

Sí, claro que los resultados son importantes, claro que los logros, la influencia, el liderazgo, todo ello es valiosísimo. Pero no es todo. Hay mucho más en esta experiencia de vida.

¿Cómo qué? Como cada amanecer que recibí corriendo en entrenamiento. Cada canción toneraza que he disfrutado bailando salvajemente sin haber consumido una gota de alcohol. Cada libro alucinante que he leído que me ha dejado sonriendo de oreja a oreja. Cada conversación, cada pregunta hermosa que he explorado junto con personas que para mí son absolutamente fascinantes. Cada llamada telefónica donde he disfrutado el placer de que nos conocemos, de que vibramos en la misma frecuencia. Cada GRACIAS que me han dicho. Cada vez que me he movido hacia situaciones nuevas de la mano de mi curiosidad. Cada momento en que me he maravillado como niña pequeña, esas mañanas en las que he saltado de emoción, esos días donde he llorado de alegría y esos abrazos largos, donde he sentido el corazón lleno de amor.

He recordado que el mejor motor que tengo es el amor y mi mejor combustible es la alegría de vivir. Ya no funciono por amenazas o miedo. Al grado que hoy disfruto la actitud de novata (esa emoción inocente de hacer las cosas por primera vez), sin dejar de honrar mi propia experiencia.

Este año me he lanzado a contactar personas que veía tras la pantalla para relacionarnos en el mundo real, para poder conversar usando nuestra voz, para vernos las pupilas y para sonreírnos en tiempo real no a través de emoticones.

He orado en silencio y en voz alta, ejercitando mi fe, dejándome guiar por mis ángeles, gozando la sincronía de eventos, como lo que para mí es, un plan perfecto co-acordado en otro plano.

Este año sin planearlo, logré conquistar mi ego, para que acompañado de mi creatividad y curiosidad disfruten del asiento trasero, mientras yo manejo el timón mi vida cantando a voz en cuello:

¡Feliz Ahora!

Y por todo ello, brindo. Brindo con jugo verde por este tiempo, por el viaje que continúa, brindo por este jueves maravilloso y brindo por mañana, por un viaje que continua siendo espectacular…

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