Arquitectura de Límites Difusos, Toyo Ito.

La arquitectura de límites difusos resulta uno de los aspectos fundamentales de la contemporaneidad pues permite a la ciudad adaptarse al mundo en el que vivimos. El estudio de la cultura japonesa ayuda a entender ese mundo de relaciones donde los conceptos espaciales admiten simultaneidad de significados. Toyo Ito nos acerca a esta realidad mediante la reflexión de una arquitectura pensada para estar en contacto con los estímulos del exterior.

Entender el concepto de límite y las implicaciones que tiene el cambio de su naturaleza, en cierto modo, nos acerca a entender mejor cómo es la ciudad, cómo habitan los ciudadanos y cómo deben sustituirse las acepciones del límite como frontera, por otras como la de membrana selectiva, permitiendo desarrollar así el carácter del individuo. El carácter cerrado de la arquitectura es una problemática que preocupa a Ito y que de forma ineludible se tratará en esta investigación.
Conforme la civilización avanza, las maneras de comunicarse, las relaciones que se producen en la ciudad, incluso la capacidad de aislar de los materiales (no sólo los de construcción, en breve también las prendas de vestir serán inteligentes) cambian, también se modifica la relación que tenemos con el límite de la arquitectura. La mutabilidad de los límites en todos los
ámbitos, desde lo más cercano y concreto como puede ser una prenda de vestir, hasta lo más amplio y abstracto, como puede ser la distinción de un barrio por su poder económico, producen modificaciones sucesivas en la forma de funcionar de esos intersticios, límites, fronteras. Cualquiera que sea el término estamos hablando de un mismo significado, con
matices que no debieran restringirse, para no condicionar el significante.
Un ejemplo desde lo concreto, si de repente nuestra forma de vestir cambia y podemos mantener nuestra temperatura corporal en una situación de confort constante, gracias a prendas de vestir inteligentes, ¿tendría sentido cobijarnos dentro de un pie y medio de ladrillo? Pasando también por la escala urbana, podríamos preguntarnos, sí sería necesario ocupar el interior de edificios para desarrollar programas públicos dentro de edificios, tal y cómo los conocemos hoy, en el caso de que una fina membrana fuera capaz de acondicionar un espacio“exterior”. 
Se puede constatar a lo largo de la exposición del trabajo, como a pesar de la diversidad de formas y expresiones de los desarrollos paralelos de las dos culturas, la japonesa y la occidental, fundamentalmente desde el punto de vista arquitectónico, coinciden en lo que hoy entendemos como arquitectura de límites difusos. El límite de los edificios que habitamos será cada vez más una extensión de nuestra piel, y en la definición de la misma estará implícito el talante de una sociedad. Trasladarnos a lo esencial, que no tiene por qué coincidir con la mínima expresión de la arquitectura, hace más sencilla y nutrida nuestra forma de habitar.