Espacio Basura, Rem Koolhaas.

Si se llama basura espacial a los desechos humanos que ensucian el universo, el “espacio basura es el residuo que la humanidad deja sobre el planeta. El producto construido (volveremos sobre esta mas adelante) de la modernización no es la arquitectura moderna, sino el espacio basura.
El espacio basura encierra una inmensa connotación en la medida en que el autor Rem Koolhaas lo define como “El residuo que el ser humano deja sobre el planeta”, es así como enfatiza en que el producto construido por la modernización no es la arquitectura moderna sino el espacio basura; es decir, son las consecuencias que deja el proceso de la modernización, como parte del resultado de inventos brillantes, aunque hayan sido planeadas con lucidez por la inteligencia humana y potenciadas por la tecnología moderna, el resultado es deliberación absoluta en términos de invadir todos los espacios que el ser humano considere útil para su bienestar, en complicidad con los demás.
Si bien el espacio basura es la suma total de logros actuales de la humanidad, donde se ha construido más que todas las generaciones anteriores juntas; sin embargo según el nuevo evangelio de la fealdad, hay ya en el siglo XXI más espacio basura en construcción que el que sobrevivió del siglo XX. Un espacio basura se aprovecha de cualquier invento que permita la expansión a la vez que despliega una infraestructura de no interrupción: la escalera mecánica, el aire acondicionado, el aspersor, las barreras contra incendios, las cortinas de aire caliente.
A veces, bajo coacción, las personas quedan acorralados en un flujo, se ven empujados por una sola puerta que provoca esta canalización ridiculiza la idea de los flujos. En el espacio basura, los flujos conducen al desastre: cuerpos muertos amontonándose ante salidas de urgencia, cerradas, de una discoteca; los grandes mall’s cuando hay rebajas; las estampidas de grupos enfrentados de hinchas de fútbol; todo ello es prueba de la falta de adaptación entre los portales del espacio basura y el calibrado medio del resto del mundo. Cada arquitectura encarna ahora dos situaciones: una parte es permanente; la otra provisional. Unos sectores envejecen, otros se mejoran. Juzgar lo construido suponía una situación estática; el espacio basura esta siempre en fase de transformación. Supongamos que un aeropuerto necesita mas espacio. En el pasado, se añadían nuevas terminales cada una mas o menos característica de su propia época- dejando las antiguas como un recuerdo legible, como una progresión. Dado que los pasajeros han mostrado ampliamente su infinita maleabilidad, la idea de reconstruir en el mismo lugar ha ganado adeptos. Los pasillos mecánicos se lanzan en sentido inverso. El vestíbulo llega a ser indescifrable: los antiguos espacios de la indiferencia se convierten en algo genérico, trabajo manual, humo, pausas de café, incendios reales, etc.

Solo los diagramas dan una versión soportable. El espacio basura hace incierto el lugar en el que estamos, obstaculiza el camino por donde vamos y desmonta el sitio de donde venimos. ¿Quiénes somos? Pensamos que podíamos hacer caso omiso del espacio basura, visitarlo a escondidas, tratarlo con un desdén condescendiente o disfrutarlo indirectamente. Como no podíamos entenderlo, hemos tirado las llaves. Pero nuestra propia arquitectura esta infectada, se ha hecho igual de lisa, total, continua, torcida, abigarrada.