Docencia

Hace unos días en la oficina estaba escuchando música por Youtube -salsa más específicamente- y me tope con una canción de Willy González que lleva por nombre “Lluvia”, además de tener buen ritmo y ser sumamente pegajosa, me trajo recuerdos; los cuales me hicieron reflexionar.

Estaba yo en 4to y 5to año cuándo usábamos esa canción para burlarnos de una profesora de contabilidad. Según las autoridades del colegio, nuestro salón era el peor de la promoción –sinceramente no creo que fuese así- y aunque no lo éramos, cargábamos con el peso de lo que todos nuestros predecesores habían cometido. Prácticamente, de buenas a primeras, quién entre a APD, entra con la marca del mal.

Sí, yo pertenecía a la mención con la peor fama, pero creo que nunca estuvimos a la altura de otros años. Simplemente éramos adolescentes siendo adolescentes, ¿Sabes?

De igual manera se cometen errores que a priori no vemos, pero que en retrospectiva y con algunos años de madures logras comprender. Y eso es lo bonito de la vida, poder mirar hacia atrás, darte cuenta de los errores, corregir y continuar el camino.

Por desgracia de jóvenes no comprendemos, ni vemos la diferencia entre un profesor imbécil y pirata a un profesor estricto con ética y un profesionalismo intacto. Si pudiéramos comprender esas cosas, el paso por el bachillerato sería más sencillo. Al igual que otras profesiones donde te haces reconocido dicen que hay que desarrollar una gruesa piel de cocodrilo para evitar desde vejaciones, críticas inobjetables y en muchos casos odio desmerecido. Todo esto lo recibe un profesional que solo cumple con su trabajo y que además de percibir un sueldo, su mayor satisfacción es poder moldear y formar a un futuro ciudadano y profesional.

Trina Leiva era la profesora de contabilidad del San Antonio del Paraíso, quizás la persona más odiada luego de Chivico. Tenía una personalidad difícil, desde el vamos se notaba que era chapada a la antigua, de esos profesores que te exigen demasiado, que te hacen la vida imposible pero que al final solo buscan formarte y prepararte para la vida después del bachillerato.

Mi relación con la profesora no fue la mejor, nunca en mi vida había reparado pero con ella me tocó por primera vez. Además, yo y la contabilidad tampoco nos llevábamos muy bien, nunca me gustó y tampoco tenía ganas de que me gustara. Y al parecer a la mayoría tampoco le gustaba la contabilidad.

En fin, esta profesora fue objeto de fuertes burlas y ataques, pero ¿realmente se lo merecía? No lo sé. Mi pseudo odio era motivo a mi flojera e incapacidad de entender la materia. También Trina tenía un carácter que te llevaba a dos extremos o la odiabas o la amabas. De igual manera no hay justificación para herir la moral de una persona por estas razones.

Y todo hay que decirlo, siempre hay profesores que no sirven, que son dictadores por gusto. Pero creo que la profesora Trina no pertenecía a ese grupo. Bueno, yo lo siento así.

Burlas, chistes de mal gusto, odio y hasta befas a sus difuntos fue todo lo que una profesora de contabilidad tuvo que afrontar de unos cuantos -muchos-hijos de puta y me incluyo. Sinceramente éramos unos hijos de puta. ¿Tan difícil es comprender que a pesar de todo esa persona buscaba el 1000 % de nuestra capacidad? ¿Qué su actitud es por todo lo que le ha tocado vivir? ¿Qué a pesar de todos los ataques que tenía que soportar a su moral seguía dando clases?

Por allí dicen: “si amor siembras amor cosecharas”. Lanzábamos piedras y queríamos recibir flores, además esperábamos un trato condescendiente e inocente por parte de la profesora. Su cara malhumorada –pocas veces la vi reir-, su actitud de dictadora, su soberbia y sobre todo ese miedo que imponía se debía completamente a nuestra culpa.

Por desgracia ella también es humana, siente, sufre y ríe como cualquier otra persona y no pudo seguir aguantando a unos muchos hijos de puta que le hacían la vida imposible por hobbie, y ella no pudo seguir en el papel de gruñona dictadora sin escrúpulos. Al final nadie ganó. Nosotros destruimos a una profesional que solo quería cumplir con su trabajo. Ella nos hizo la vida cuadritos y a muchos nos mandó a reparar.

La docencia es un trabajo difícil y además mal pagado en este país. Se trabaja con las uñas y por amor. Por eso agradezco a todos esos profesores que me enseñaron algo más allá de lo que impone la materia. Agradezco a todos esos profesores que se empeñan en no dejar fallecer la decadente educación del país.