Seguimos igual que en 1981

Era un día de trabajo normal como cualquier otro, sin embargo, no ausente de labores, y para aumentar mis ánimos me proponen realizar un conteo *nuevamente* del material POP y de algunas revistas institucionales.

Empecé algo cabizbajo, desanimado y quizás molesto por algunas situaciones que me incomodaron y me parecieron de muy mal gusto. De todas formas me coloqué mis audífonos y empecé a laburar. Quizás la gran mayoría no me conozca, pero me distraigo con mucha facilidad y más aún si consigo algo entretenido. Conté centenares de talonarios, varios puñados de post-it, algunos cuantos libros y libretas, además, bote muchos CD’s con material audiovisual inútil y como siempre deje lo más divertido para el final.

Como postre y para terminar la jornada quise acabar con las miles de revistas institucionales, esas que ni los redactores leen por llevar encima un contenido mega tedioso. Habían muchos ejemplares de muchos años y me tocaba recoger uno y las demás revistas del mismo tomo separarlas a un costado; ahora imaginen eso con 20 a 25 revistas por ejemplar, empezando desde el 2013 hasta el 2000. Una tarea súper ladilla.

Pero todo se tornó distinto cuando encontré unos ejemplares de hace ya más de 40 años. Revistas institucionales que quedaron para el recuerdo y la posteridad, pero más aún en mi memoria.

Luego de esa larga y quizás tediosa introducción, por fin llegamos al meollo del asunto, muchos dirán: “¿¡Qué carajo tiene que ver hacer inventario con el título de esta mierda!?” Bueno, a esos, les recomiendo seguir leyendo y quizás puedan, si mi habilidad me lo permite, plasmar verdaderamente lo que quiero transmitir.

Así somos

Luego de barrer con cientos de ejemplares de años recientes, me topé con unos de por si, mucho más antiguo, la mayoría data desde 1970 hasta 1990.

Esta era una revista institucional pero no como las conocemos ahora, donde las empresas se jactan de ser mejor que ninguna otra, con los mejores salarios, con los trabajadores más competentes y felices y con la mayor cantidad de responsabilidad social. En su mayoría son Falacias.

Estás revistas tenían una esencia distinta, eran escritas por algunos empleados, en su mayoría jefes, pero al fin empleados. Tocaban distintos tópicos y no solo se centraba en las actividades y lo buena que era la institución para que el desarrollo del país. Era algo distinto y se sentía.

Un ejemplar llamó mi atención, en la portada parecía tener una especie de altar, la foto estaba muy desenfocada *quizás fue eso mismo que condujo mi mirada a ella*, abro la revista y me encuentro con una hermoso texto de Isabel Allende publicado en el Diario El Nacional el 20–11–1980, un escrito donde reivindica la ardua labor que significa ser padre y que en muchos casos *la mayoría* es desprestigiado.

Sigo el recorrido de las páginas y me topo con una sección que se llama “Cosas de mi país”, el título era “El Bonche” y era escrito por un tal Juan Carlos González. Y para que decirles o darles indicios de lo que va el tema, que lo haga Juan Carlos.

El Bonche
El venezolano del siglo XX se entretiene en el juego de caballos, loterías, barajas y todos aquellos juegos de azar que existen en la urbe de nuestra sociedad; anda en busca de una fortuna que solo se consigue trabajando y ahorrando, para así garantizar el futuro de sus hijos. Debemos quitarnos del pensamiento la idea de hacer fortuna por medio del azar. Vivimos a la deriva y leyendo en las páginas de los diarios la sección de Farándula, y así enterarnos de las aventuras amorosas de las mises y artistas de la T.V.

Este primer párrafo es la inexorable premisa de lo que los siguientes nos esperan. Lo peor de todo que cuando lo leía no sabía si reír para no llorar o llorar para no reír. Seguimos.

Vivimos en la más absoluta calma de todos los tiempos, una calma falsa y peligrosa. A este país dejaron de importarle los asuntos transcendentales que afectan al desarrollo todavía incierto de un país donde más de la mitad de la población es joven y que tiene su principal fuente motora en: “El Recurso Humano”.
Ya es común entre nosotros los venezolanos disfrutar de los populares “Puentes Vacacionales”, del “Jolgorio” y “La Parranda”. El Pueblo vive una fiesta diaria sin control y medidas, donde el alcohol fluye cual fuente de agua derramada y el país que antes olía a tierra mojada, hoy huele a alcohol que se paga en los bares con petróleo; y en el momento que necesitemos usar la cabeza, el alcohol de la insensatez, nos hará perder la cabeza.

Calificar a Juan Carlos de “visionario” me parece demasiado exagerado, pero tengo que reconocer que bastante crítico, centrado y correcto parece. Otro punto a favor de Juan Carlos.

Y finalmente nos encontramos aquí
- Aumentando las divisas del 5 y 6 y las lotería.
- Aumentando en más del 40% el índice de ausentismo laboral en las empresas.
- Sin importarnos un bledo el destino de la nación.
- Felices y despreocupados.

Quizás otro punto a favor de Juan Carlos, y aunque desde otro punto de vista y quizás con menores o mayores problemas si, finalmente nos encontramos aquí…

Recuerdo en estos momentos las palabras del abogado “Teódulo López”: “Nos estamos convirtiendo en un atajo de borregos que juega con los frutos de una buena cosecha”.
Da la impresión de que no fuéramos capaces de transformar el futuro, parece que nos han puesto una venda en los ojos para que no podamos tener una visión futurista.
¿Qué será de nuestra miseria, de nuestros barrios marginales?
¿De nuestros campesinos?
¿Del Limpiabotas?
¿De nuestro pan y trabajo?
Que en paz descanse el bravo pueblo..

Como ando anotándoles puntos a Juan Carlos y me gusta el fútbol, hagamos una bonita analogía. Juan Carlos va ganando por goleada. Contundente y quizás con su mejor filigrana: Argumentos.

Los hombres de una nación son el vivo reflejo de lo que será esta en un futuro. Si no cultivamos la tierra, no comemos, pero tendremos dinero. Si no investigamos, no tendremos ciencia y tecnología. No importa, compramos tecnología. Si no hacemos deportes, no tendremos gloria en las competencias mundiales, pero nunca falta la vieja frase de Pierre De Conbertin “lo importante es competir”. Si no preservamos nuestros recursos naturales renovables, no tendremos ni siquiera agua. No importa, al Puerto de La Guaria llegarán muchos barcos importando agua.

El mejor párrafo de todo el texto. Creo que no hacen falta explicaciones. Este párrafo es como la canción celebre de Yordano “Por estas calles” y que además, cuando se recuerda en la actualidad viene con una frase ya programada que dice más o menos así: “Este tema sigue vigente en la actualidad del país, esta más presente que nunca y es una pena para todos los venezolanos que estas cosas sigan pasando…”

Y en un siglo muy cercano cuando “el bonche y el despilfarro” haya terminado, estaremos muy cansados y habremos derrochado todo lo que le pertenece por derecho a nuestras generaciones. Hay que unir las pocas fuerzas que nos quedan y sacar del fango al país. El reto es grande ya que nos estamos jugando la existencia.
“ La tierra donde se nace es un patrimonio común, es menester de todos, cuidarla y asegurar su porvenir”.

Fin del texto.

Luego de un par de minutos en silencio y sorprendido por lo que acababa de leer, no tuve otra opción que inquietarme y detenerme a pensar unas cuantas verdades. Estamos pleno 2016 y ni siquiera vamos por mitad de año, ese texto fue escrito en el año de 1981, han pasado 35 años y la historia no ha cambiad, lo único que cambió fueron los actores.

Siguiendo la premisa que indica el texto, me hace suponer que la sociedad venezolana o gran parte de ella siempre fue despreocupaba a los problemas del país y lo peor, lo sigue siendo. Lo que sucede ahora es que los problemas son demasiado evidentes e imposibles de ignorar. Todos se junta y nos cachetea en la cara sin piedad alguna.

Nuestra generación enfrenta los mismos problemas que enfrento la generación de los 80, solo que ahora estos han aumentado de manera colosal y son incontrolables.

Ahora bien ¿De quién es la culpa? ¿De la generación de los 80,50 o 20? Sinceramente creo que de ninguna, esto es un problema que venimos arrastrando desde hace mucho tiempo. Además, es un mal que sufre todo el mundo. Sin embargo, en Venezuela no se ha podido curar ese mal, y si no se curó cuando era controlable en pasadas generaciones, veo como misión imposible lograrlo ahora.

Y más en un país donde gobernantes * ambos bandos* en vez de tomar sabías decisiones para el mejoría del país, toman esas decisiones en base a sus intereses, cuidando el status quo y el sin fin de comodidades que ofrece .

Han pasado tres décadas y más de la mitad de una y todo sigue igual. ¿Quién me asegura que en 35 años más la cosa mejorará? Quizás este texto lo encuentre un joven dentro de 50 años y diga: “ Verga, pero ahora la vaina ta’ peor”, ojalá y sea todo lo contrarió.

Sin embargo, con la esperanza como estandarte y como consigna la juventud, espero pacientemente poder ver como nuestra generación, de a poco va despertando y acarreando la difícil tarea que supone superar esta parranda de gobiernos ineptos y pueblos desentendidos a su nación.

A nuestra generación nos toca elegir sabiamente . A mi generación nos toca construir los valores que se han perdido. A mi generación nos toca recoger de las cenizas lo poco que queda de Venezuela y hacer que renazca para que futuras generaciones tengan el placer y el deleite de disfrutarla. No seamos egoístas.

Mientras tanto, algunos felices y despreocupados. Yo, aquí, inquieto y preocupado. Pensando como bregar contra la corriente. No quiero seguir en 1981.