Analfabetismo matemático: La burbuja inmobiliaria y la burbuja educativa.

Lydia Alvarez-Camacho (lydia@iing.mxl.uabc.mx)
Instituto de Ingeniería, UABC Mexicali

Si han escuchado estaciones de radio de Estados Unidos en español, quizás han escuchado el término “refinanciamiento” y las agresivas campañas que lo promueven, como si fuera la octava maravilla. Los refinanciadores se aprovechan del analfabetismo matemático de la población.

Si ustedes compran a crédito, cualquier cosa, tienen que pagar intereses. Existe interés “fijo” y “variable”. Interés variable quiere decir que el porcentaje puede reducirse o incrementarse de acuerdo al mercado. Ustedes pueden firmar con 10% de interés y de repente enterarse que el interés se volvió 20%. Interés fijo se refiere a que el porcentaje queda fijo: si ustedes firman por 10% el interés tendrá que seguir siendo 10%.

Sin embargo, el que el interés sea fijo no quiere decir que la cantidad de dinero que se va a pagar sea fija. El porcentaje aplica a toda la parte de la deuda no pagada (saldos insolutos) en cada instante. El tiempo es el mayor enemigo de los deudores: mientras más se tarden en pagar, más dinero terminan pagando.

Si le pedimos prestado a un familiar, éste seguramente estará feliz de que le paguemos lo más pronto posible. Pero las instituciones financieras no son miembros de nuestra familia. El tiempo es el mejor amigo de los prestamistas: mientras más se tarden en pagarles, ellos ganan más. Para eso se inventaron los refinanciamientos.

Los asesores se acercan a un analfabeta matemático y le dicen que sus pagos de $1000 dólares al mes se convertirán en pagos de $500 dólares al mes después del refinanciamiento. El analfabeta matemático firma, emocionado por todo lo que puede hacer con esos $500 dólares “extra”. Su deuda empieza a crecer sin control, aún cuando su contrato especifique un interés fijo. Si el interés es variable, la situación puede ser muchísimo peor.

La deuda crece al punto de que es imposible pagarla en el curso de una vida aunque, mientras se cumpla con los pagos, hay cierta tranquilidad. Sin embargo, si la persona se ve en dificultades como pudiera ser enfermedad o falta de empleo y deja de pagar, la deuda crece exponencialmente. El resultado es que el analfabeta matemático pierde su casa y todo el dinero que estuvo pagando a lo largo de los años.

Las personas alfabetizadas matemáticamente no refinancian sus deudas, no le dan permiso a su banco de autorizar sobregiros a sus tarjetas de débito y por supuesto que nunca abonan sólo el pago mínimo a sus tarjetas de crédito. Saben muy bien que los bancos son como los casinos y que siempre llevan las de ganar.

Cuando sucede que aquellos que no pueden seguir pagando sus casas son demasiados, el mercado inmobiliario entra en crisis y esto puede tener consecuencias funestas para la economía, como lo fue la crisis financiera mundial del 2008, la “gripita”, como la llamó Agustín Carstens. Cuando este tipo de cosas suceden, los gobiernos terminan involucrándose, para “rescatar” la economía. Por alguna razón siempre terminan rescatando a los mismos que provocaron el problema en primer lugar.

La crisis financiera mundial del 2008 tomó por sorpresa a muchos, pero no a todos. La actividad financiera se había vuelto muchísimo más rentable que la actividad industrial, lo que había originado que la segunda se contrajera. La riqueza no la producen los bancos, sino las industrias, y si las industrias andan mal, la economía no puede resistir mucho tiempo. El gran Karl Marx lo expresó muy bien “si los que trabajan, no son los que ganan, eso no se puede sostener mucho tiempo”.

Intentando enseñar a mis alumnos cómo calcular la eficiencia de un proceso microelectrónico, traté utilizar la fórmula del interés compuesto como ejemplo y me llevé una gran decepción. Mis alumnos me dijeron, sin pestañear, que si debían $10,000 pesos con 20 % de interés mensual, al cabo de un año la deuda habría llegado a $34,000 pesos, cuando la respuesta correcta es $89,161. Es sorprendente la cantidad de analfabetas matemáticos que tenemos entre nosotros y que obviamente no están calificados para manejar una simple tarjeta de crédito.

Tomado de: http://red-academica.net/observatorio-academico/2011/04/17/analfabetismo-matematico-las-burbuja-inmobiliaria-y-la-burbuja-educativa-primera-parte/
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