Ayer, como todos los días, pensé en ti

Hace tiempo que no nos vemos. A veces me parece que ha sido una eternidad, pero otras -las más frecuentes-, me parece apenas un parpadeo, incluso un espejismo. Tanto tiempo y aún olvido que ya no estás.

Sin embargo, me pregunto, ¿cómo sé realmente que no estás? Yo te sigo viendo como antes, tus ojos inundados de luz, tus labios rebosantes de osadía, tus manos cálidas y entrelazadas con las mías. Yo te sigo hablando, aunque ahora sólo en sueños. Yo te sigo escuchando, aunque ahora sólo en recuerdos. Pero sobre todo, yo te sigo pensando.

Pienso que me piensas como yo a ti, pienso lo que no te digo, pienso en lo que me dirías si te contara lo que pienso, y pienso en que quizás te pienso demasiado. Desde la vez primera no he escapado de pensarte, así como mañana, ayer; hoy, como todos los días, pienso en ti.

Esa es la constante con la que vivo. Podré cambiar de aires, renovar ilusiones, romper promesas y hasta reescribir versos enteros, pero al final, sabré que estarás ahí, en ese rincón de mi mente en el que te instalaste sin preguntar y que has dejado vacío pero repleto de ausencia, tu ausencia.

Hasta ahora, ese es mi único consuelo.