Top 2016: Películas

Aunque algo tardío para hacer el recuento de mis películas favoritas del año pasado, considerando que estamos por entrar en marzo, pero me decidí a esperar los estrenos más rezagados (siempre los hay en México ante la espera de las distribuidoras para alcanzar la temporada de premios) y así integrar quizás algún título que se pudiera colar a mi top 10.

Habiendo visto todo lo que esperaba ver, aquí mis 10 títulos favoritos del 2016 (de acuerdo al calendario de estreno en Estados Unidos):

(Por si se los perdieron, aquí los recuentos anteriores: Documentales, TV shows, lecturas y álbumes)


10. Weiner (2016) — Josh Kriegman y Elyse Steinberg

Si alguna vez Anthony Weiner tuvo una prometedora carrera como demócrata, ya todos lo olvidaron. La serie de escándalos sexuales que iniciaron accidentalmente con un tuit en el que publicara una comprometedora fotografía, han marcado, uno tras otro, sus aspiraciones políticas.

El director Josh Kriegman, aprovechó la cercanía que tenía con Weiner -anteriormente había sido parte de su staff- manejando una cámara infiltrada en momentos claves y volviéndonos partícipes a los espectadores en una complicidad extraña, y comprometedora, sin precedentes.

Este documental es un ejercicio excepcional que hace lucir a un personaje siempre carismático a pesar de generarnos una antipatía contradictoria -de la misma manera que el documental resulta a la vez una tragedia y una comedia (esta última un tanto involuntaria)- y que en el camino también sirve como un estudio relevante sobre el papel de los medios de comunicación en la vida de figuras públicas -y de todos sus receptores- y la delgada línea que existe en su vida privada, culminando todo en un espectáculo cautivante y desolador, tal como siempre sucede al presenciar lo hipnótico de una infortunada debacle anunciada.

9. Zootopia (2016) — Byron Howard y Rich Moore

Ante una inusualmente competitiva y muy agradecida categoría de películas animadas este año, entre las que destacan Kubo and the two strings, Moana y The Red Turtle; Zootopia sigue siendo mi favorita.

La pertinencia de su nada sutil discurso político estructurado alrededor de entrañables personajes -brillantemente representados por el dúo protagonista-, memorables secuencias cómicas -nunca veremos a un perezoso de la misma manera- y una animación impecable, la confirman como una de las películas animadas más relevantes en tiempos recientes.

8. The Handmaiden (2016) — Park Chan-wook

Park Chan-wook nos seduce de nueva cuenta, ahora con The Handmaiden, la historia de una doncella en la Korea de los años 30’s, quien se ve envuelta en una sarta de intrigas y pasiones que resultan exquisitas.

La película termina siendo tan sublime como exuberante, con cada aspecto técnico finamente pulido y ejecutado: desde el suntuoso diseño de producción y de vestuario, hasta el maravilloso score de Young-wuk Cho, y por supuesto, la precisa dirección del propio Chan-wook que controla con maestría cada plano en la historia. Es sin duda un espectáculo visual, atrevido y auténtico que nos dejará con ganas de volver a disfrutarlo en repetidas ocasiones.

7. The Witch (2015) — Robert Eggers

Robert Eggers se catapultó a los reflectores cinematográficos con su ópera prima hace ya dos años en el Festival de Sundance. Y cómo no iba a hacerlo si The Witch es uno de los debuts más memorables en los últimos meses, junto con Krisha de Trey Edward Shults y The Fits de Anna Rose Holmer.

Revitalizando el género del cine de horror al hacerlo desde una perspectiva sumamente elegante y con un ritmo creciente y delicado, esta historia de una familia en Nueva Inglaterra se construye a través de continuos aciertos técnicos que eliminan los clichés que tanto han desvirtuado a las películas del género: la seductora fotografía crea una atmósfera envolvente y efectiva para ir develando poco a poco los misterios en la trama, el asfixiante score que acompaña a cada escena, y el excepcional cast -liderado por una genial Anya Taylor-Joy- hacen de The Witch una delicia cautivadora.

6. American Honey (2016) — Andrea Arnolds

American Honey es una belleza (si se tratara de un concurso, le habría ganado a pulso el título a cierta película de Sam Mendes). A través de la errática vida de un grupo de adolescentes que cruzan Estados Unidos buscando ganarse la vida, Andrea Arnold nos regala el retrato más auténtico de la juventud americana del que se tenga memoria, utilizando imágenes tan poderosas y sublimes que se convierten en poemas.

Sus 162 minutos permiten una narrativa libre que nunca deja de asombrarnos, y que se desenvuelven a momentos como un musical, en otros como un documental, pero siempre como un viaje que inexplicablemente no quieres terminar. Y cómo quisiera uno hacerlo, si Sasha Lane -la revelación del año- y Shia LaBeouf -nunca mejor- nos seducen con su química, su ingenuidad y sus sueños que encapsulan de manera natural la realidad de una generación hambrienta, confundida pero llena de vida, tal como American Honey.

Qué deleite poder ver un talento como Andrea Arnold en la cima de su carrera.

4. Manchester by the Sea (2016) — Kenneth Lonergan

Nada nos puede preparar para el rotundo golpe emocional que son los 137 minutos de Manchester by the Sea.

Kenneth Lonergan dirige magistralmente la devastadora historia de Lee Chandler (Cassey Affleck), quien a pesar de a duras penas sostener su vida, tiene que quedarse a cargo de su sobrino tras la sorpresiva muerte de su hermano.

Mientras menos detalles sepamos, “disfrutaremos” más de esta película. Y lo pongo entre comillas porque la historia es brutalmente trágica, de esas que resultan difíciles no sólo de ver, sino de digerir aún después de finalizada. A pesar de ello, Cassey Affleck destaca no sólo con la mejor interpretación de su carrera, sino una de las mejores del año: desgarradora, emotiva y bien balanceada. De igual manera, la siempre grandiosa Michelle Williams luce a pesar de aparecer en pocas escenas.

Puedo decir mucho más: que el score de Lesley Barber es sublime, o que el guión del mismo Lonergan es magnífico, pero es mejor vivirlo; recordar lo poderoso que puede ser el cine con una película como esta.

3. Moonlight (2016) — Barry Jenkins

Hay algo en Moonlight que la hace única. El filme del director Barry Jenkins hace uso de admirables elementos que trabajan al unísono y logran una delicada sincronización de emociones y personajes, y una sublime obra de arte.

Quizás el acierto más destacado de la película es su delicadeza al tratar la vida de Chiron, su personaje pricipal, y al cual vemos crecer enfocándonos en tres momentos específicos de su vida. La autenticidad de su historia tiene raíces en la realidad que su director, Barry Jenkins y su guionista, Alvin McCraney, vivieron en su juventud mientras crecían en un Miami que encierra historias olvidadas, segregadas pero tan humanas que es increíble lo poco que podemos ser capaces de verlas en la pantalla.

Ver Moonlight es enfrentarse a un golpe emocional brutal, es perderse en las miradas melancólicas que de manera casi surreal comparten los tres actores que interpretan a Chiron, es reflejarse en sus sueños rotos, en su identidad resquebrajada, en su mundo que le niega su realidad, es trascender etiquetas y raciocinios, es desenvolver poco a poco las capas que usamos en el mundo como disfraz; el color de piel, la orientación sexual, la clase social, el lugar de origen, para darse cuenta que en los momentos más íntimos y certeros, somos seres humanos, tal vez extraviados en nuestro destino, acaso derrotados en un refugio eventual, pero al final auténticos, únicos y con una esperanza a veces inexplicable de siempre querer avanzar y reencontrarse con uno mismo.

2. O.J.: Made in America (2016) — Ezra Edelman

Realizar una obra como O.J.: Made in America, supone un esfuerzo monumental. No sólo es partir del hecho de contar una historia perfectamente conocida por todo el mundo (el llamado “Juicio del Siglo” que absolvió al famoso jugador de fútbol americano O.J. Simpson del asesinato de su esposa Nicole Brown y Ron Goldman en 1995, ha sido uno de los episodios más perdurables en la cultura popular contemporánea) y que desafortunada o afortunadamente coincidió con el estreno unos meses antes de una miniserie multipremiada sobre el mismo personaje –The People v. O.J. Simpson: American Crime Story de FX-, sino también partir del alcance del mismo tema, que de acuerdo a la interpretación que decidió hacer el director Ezra Edelman, trascendía no sólo a O.J. Simpson –haciendo posible tomar a este complejo y conocido personaje como epítome de la historia racial, social, moral, política, y mediática de Estados Unidos-, sino trascendía también el medio en el que se proyectaría.

Mucho de lo que se ha discutido sobre este documental ha sido para tratar de definir -ymuchas veces, encasillar- si se trata de una serie de televisión o una película (esta obra forma parte de la serie documental del canal ESPN sobre deportistas, 30 by 30, y se transmitió el verano del año pasado como un evento especial de 5 capítulos, con una duración total de casi 8 horas). Realmente es lo más trivial de esta obra que impide se le asignen etiquetas, géneros y convencionalismos con una convicción casi soberbia.

Sea serie o no, película o no, O.J.: Made in America es una obra maestra. Es difícil creer cómo las gigantes ambiciones aparentemente imposibles que tenía Edelman, se cubren a la perfección, gracias a una maestría absoluta de la narrativa y una labor de edición inconmensurable, metódica y brillantemente balanceada, que elevan este cúmulo de temáticas a alturas reservadas sólo para las grandes obras artísticas.

La volvi a ver hace unas semanas y sigo perplejo ante lo excepcional de su logro. Si tienen que invertir 8 horas, no las podrán invetir en algo más gratificante que en la genialidad de O.J.: Made in America.

  1. La La Land (2016) — Damien Chazelle

Desde que salí de la sala la primera vez que la vi, super que siempre querría regresar a La La Land. Hay películas que tienen ese efecto: se vuelven un lugar familiar al que siempre ansías volver.

En meses recientes, la sepelícula pasó de ser la obsesión de críticos y asistentes a festivales de cine, a un verdadero fenómeno cultural que culminará en unos días cuando concluya el inevitable arrastre que tendrá en la entrega de los Oscar.

Descubrir La La Land es pasar de la anticipación de su estreno, a la seducción de sus imágenes. De escuchar lo que decían a ver los color brillar en cada escena. De aprenderte las canciones a añadirles secuencias y coreografías que complementan su significado. De querer creer a dejarse llevar por ella.

Podré escribir mucho sobre este musical, sus declaradas referencias y homenajes a filmes que la inspiraron (I’m looking at you, Les Parapluies de Cherbourg), sus personajes, sus canciones, sus muchos aciertos técnicos, pero me quedaré con corroborar y abrazar una vez más la pasión de sus colores, la honestidad de sus emociones, la belleza de sus melodías, las lágrimas en el final y el enorme triunfo que es no sólo que exista una película así, sino que exista hoy en día y podamos ir a verla a la pantalla grande, salir de la sala y recordar por qué amamos el cine.


Mi lista de películas favoritas cerró este año con 50 títulos (claro, porque 10 nunca son suficiente). Si tienen curiosidad de explorar los que faltan, los pueden ver aquí https://goo.gl/znsMf4 y acá: https://goo.gl/vsVA0K