¿De quién son los medios españoles?

Kike Oñate
Oct 28, 2016 · 6 min read
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Fotograma de la película “They Live”, 1988.

La figura del periodista está muy desprestigiada y la falta de independencia de los medios no ayuda a mejorarla.

El uso indebido de un medio de comunicación escrito, televisivo o radiofónico como una forma de servir a intereses privados no es algo que tenga que sorprendernos. Orson Wells ya lo retrató perfectamente en 1941. Su obra maestra, Ciudadano Kane, refleja el poder que puede proporcionar a una persona poseer un grupo mediático que abarque todo el espectro informativo. Ahora, lo vaticinado por el director norteamericano, es algo muy extendido.

Para alguien que no disponga del tiempo suficiente para estar al corriente de todos los hechos noticiosos que ocurren cada día, los medios generalistas son suficientes para saciar su curiosidad. Hablamos de gente trabajadora que al estar ocupada la mayor parte de su tiempo no puede dedicarse a buscar y todavía menos a contrastar la información. Se convierten en sujetos fácilmente manipulables. Si a ello le sumamos una falta de formación política básica, las noticias siempre se leerán sin ninguna actitud crítica. Éste es el terreno por el cual los mass media se mueven mejor y consiguen aprovecharse de sus lectores. Lo ideal sería poder confiar en lo que se nos cuenta, con una garantía de total independencia. La realidad no es así y por ello no debemos conformarnos.

Para saber distinguir qué medios tienden a decantarse por esta estrategia, debemos fijarnos de donde proviene su capital. Los medios impresos más conocidos y de tirada estatal son, por orden alfabético: ABC, El Mundo, El País y La Razón. A parte de estos diarios tenemos otros que se han abierto paso únicamente a través de internet. El Confidencial, 20 Minutos, Huffingtonpost, eldiario.es, Público, Infolibre, El Español, Vozpopuli y Libertad Digital. Algunos de ellos tienen ediciones impresas de fin de semana o especiales. De los nombrados, únicamente eldiario.es, Infolibre y Diario Público se financian a través de suscriptores y solamente admiten publicidad ética. No reciben dinero que provenga de bancos o multinacionales. En resumen, no responden a ningún interés oligárquico.

En el ámbito radiofónico tenemos a RNE (Grupo RNE), SER (PRISA), COPE (Radio Popular), Onda Cero (Atresmedia Radio), Radio Intereconomía (Grupo Intereconomía) y esRadio (Libertad Digital). Además de éstas existen infinidad de pequeñas emisoras de radio a lo largo y ancho del Estado. Se puede apreciar que ni una de las mencionadas es independiente. Todas ellas forman parte de un grupo mediático que a su vez abarca diarios impresos y canales de televisión. No tenemos, por lo tanto, ninguna radio estatal que no esté vinculada a intereses “personales”. Esto es preocupante. Si una persona únicamente escucha la radio, ésta le creará una visión política monolítica y distorsionada. Existen radios “alternativas”, pero que tienen un ratio de radioyentes muy bajo, al estar únicamente presentes en plataformas digitales.

Si los anteriores medios de comunicación tienen influencia sobre los individuos, nada es comparable con el poder persuasivo que tiene la televisión. A parte de canales televisivos, éstos forman parte de otros grupos mayores que engloban radio y prensa escrita.

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@el_lumpen

El caso de Atresmedia es brillante. Una estrategia que no está condicionada por ideologías ya que únicamente persigue beneficios económicos. Poseen dos canales televisivos que en principio son totalmente opuestos. Por un lado, Antena 3, de carácter derechista y sobre todo sensacionalista. Por el otro, La Sexta, más progresista e izquierdista. En realidad lo que consiguen teniendo estos dos canales antagónicos es obtener lucro de los espectadores de ambos espectros ideológicos. Y la cosa no acaba aquí. Esos dos canales «tan diferentes» han creado sus propios grupos de telespectadores. Creando estereotipos, agradando a las audiencias y, por lo tanto, consiguiendo legitimad. La Sexta se permite programas como El Intermedio o Al Rojo Vivo, pero cuando surge una noticia que puede mejorar o empeorar la situación de la clase dominante, las dos cadenas se alían y cargan. Con los recientes altercados en Alsasu o los estudiantes de la Autónoma de Madrid se puede ver el viraje en las noticias de La Sexta. Si se comparan, ambos dicen lo mismo.

Pero lo más interesante del asunto no es esto. Lo que realmente debemos destacar son esas multinacionales que no tienen nada que ver con el mundo de la información pero que en base a unos intereses económicos y propagandísticos «colonizan» el sector. Tales como:

BBVA, REPSOL, Telefónica, Banco Santander, La Caixa.

Multinacionales españolas como Repsol han protagonizado hechos que ejemplifican este interés por conquistar nuevos horizontes. En 2012 la ahora expresidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchener, presentó un proyecto de ley para la nacionalización de la empresa de hidrocarburos Yacimientos Petrolíferos Fiscales, más conocida como YPF. Esta empresa argentina fue comprada por Repsol en 1999. De esta manera el derecho de explotación de estos pozos petrolíferos en suelo Argentino volverían a ser del Estado.

Ante esta problemática, Repsol hizo uso de sus «redes de poder». Todos los medios españoles se coordinaron para hacer de esa expropiación una suerte de causa nacional española. Una empresa privada haciendo uso, de nuevo, del sentimiento patriótico. “Kirchener roba a los españoles”, nos vendieron. Cuando en realidad no deja de ser una multinacional privada que no mira por el interés de la población y que solo usa el patriotismo para su propio beneficio.

El simple hecho de que sea portada de todos los rotativos estatales es ridículo. Si fuera una fusión de empresas como mucho se mencionaría.

Todo se define en unos medios de comunicación privados haciéndole el juego a otras empresas privadas de otro sector, revistiéndolo todo de un carácter público con el fin de obtener el apoyo popular.

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¿No es curioso que todos digan lo mismo?

Muchas veces se le recrimina directamente a los periodistas la falta de objetividad, de seriedad o de profesionalidad. Por ello han surgido alternativas muy viables como eldiario.es, Diario Público y otros medios de menor tamaño como el Periódico Diagonal, LaDirecta o La Marea.

Lamentablemente, por ahora, estos proyectos no pueden acoger a todos los periodistas que ya no quieren seguir formando parte de los medios de incomunicación. El principal problema, a parte de no tener a donde ir, es el despido. Por ello a lo largo de estos años irán surgiendo más plataformas donde poder refugiarse y crear espacios informativos que sean contrahegemónicos.

El periodista como herramienta de la gente para denunciar abusos del poder, para contar lo que el ciudadano no puede ver.

Aquí un documental sobre el tema, tratado con más profundidad:

Una mosca en una botella de Coca-Cola

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