El círculo vicioso del crecimiento turístico en Balears

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Están surgiendo muchas propuestas que expanden la experiencia industrial turística a límites insospechados.

En Balears somos pioneros en reinventar el término «turismo» hasta que acabe consumiéndonos por completo. Transformar faros en refugios, también se está estudiando hacer lo mismo con las casetas de peones camineros, una plataforma de salto en el Far de Cap Blanc, turismo marinero (Pescaturismo), entre diversos proyectos.

No nos detendremos a debatir sobre si son buenas o malas propuestas, simplemente hablaremos de sus efectos y cómo su desarrollo podría reproducir otros planes similares en el futuro.

Si seguimos con este ritmo, estas ideas pueden venir acompañadas de dos problemas. Es posible que cuánta más oferta se ofrezca, más gente venga a las islas buscando trabajo. Estos proyectos necesitarán de nuevos empleados que no necesariamente cubrirán los parados de Mallorca o el resto de las islas. Debemos destacar que en su mayoría estas iniciativas son de inversión extranjera, por lo tanto, es muy probable que busquen trabajadores que provengan del país que materialice dicha idea.

El turismo está condicionado por la lógica capitalista, por eso necesita crecer sin límites o de lo contrario se estanca y colapsa.

El segundo problema que produce este desenfrenado crecimiento de proyectos tan “imaginativos”, es el inacabable «círculo vicioso» de más construcción, mayor crecimiento de la población en un territorio donde las condiciones físicas son limitadas y, la «necesidad» de seguir inventando nuevas formas de ampliar el abanico turístico.

En cuanto a la última mención, debemos destacar que la industria turística, la cual responde a la lógica capitalista y, por lo tanto, necesita mercantilizar cualquier producto; desde un servicio, pasando por el cuerpo humano, hasta un paisaje. Necesita crecer sin límites o de lo contrario se estanca y colapsa.

Fuente: @Terraferida

Hablemos de este crecimiento. El problema sobre el que se lleva teorizando durante décadas es el relativo al proceso acumulativo del capital. Queremos seguir generando beneficios indefinidamente en un planeta finito. Los únicos recursos que tenemos son los que hay en la tierra y por ello debemos administrarlos bien, cosa que no hacemos.

Según un análisis realizado por el Ministerio de Agricultura, la huella ecológica española es 2,6 veces mayor que la biocapacidad. Por lo tanto, para mantener el nivel de vida y población actual se necesitarían casi tres estados españoles. Para que esto sea así, los países del Norte debemos nutrirnos de la deficiente situación socioeconómica que sufren los países del Sur, explotándolos en vez de ayudarles a desarrollar sus propios medios de producción.

Seguir queriendo llevar a cabo proyectos innecesarios solo servirá para acelerar el proceso hacia el colapso de la sociedad balear.

Esta serie fotográfica es un clarísimo ejemplo de cómo el crecimiento nunca tiene suficiente. Siempre necesita más y más, sin importar las consecuencias.

Se está empezando a hablar sobre el decrecimiento. Consiste en una serie de principios que trataremos en el próximo artículo. Pero sí que destacaremos ciertos conceptos como: decrecer, desurbanizar y descomplejizar.

  • Decrecer: consistiría en menguar la producción turística y urbanística a unos niveles social y ecológicamente sostenibles.
  • Desurbanizar: Recuperar la vida rural. La ciudad es cada vez un lugar menos agradable para vivir, sobre todo en los barrios más marginales.
  • Descomplejizar: Sociedades cada vez más complejas traen como tributo ciudadanos cada vez más dependientes.

Estos conceptos los desarrolla y amplía el profesor Carlos Taibo en libros como: “El decrecimiento explicado con sencillez” o “En defensa del decrecimiento”.

Si nos acogemos a estas teorías es porque en Balears sería mucho más fácil aplicarlas. El hecho de ser unas islas, con lo que ello conlleva, hace de ellas un “laboratorio” perfecto para llevar a cabo alternativas viables que podrían convertirse en un ejemplo de sostenibilidad.

Pero si estamos llegando a esta situación es por culpa de la avaricia humana. Ésta es perfectamente visible en las instituciones, las cuales ayudan a corromperse y a que la codicia prolifere.

Los agentes, empresariado del sector inmobiliario y turístico y sus representantes políticos, que han conducido el proceso interpretan que “aún nos queda el 94,6% para urbanizar”. Incluso aceptando las reivindicaciones ambientalistas, tales agentes renuncian a artificializar y sellar los espacios naturales, con lo cual, saldada la cuenta con la “ecología”, dispondrán de seguridad jurídica para seguir la senda del crecimiento a costa de profundizar la brecha metabólica.
Dr. Iván Murray, LAS HUELLAS TERRITORIALES DE DETERIORO ECOLÓGICO.

Escalas

Otro fenómeno curioso que afecta a Balears y, en mayor medida a Mallorca y Eivissa, es el que concierne al tamaño de escalas a la hora de construir carreteras, centros comerciales, polígonos, vallas publicitarias, puertos, etc…

La gasolinera se ve antes de que llegue la salida. Fuente: @Terraferida

En la imagen anterior, donde se ve el actual aspecto de la rotonda de Sa Pobla, se aprecia una escala desproporcionada, más aún si vemos el tamaño de los pueblos circundantes. Otra estructura absurda es la valla publicitaria de CEPSA.

La cantidad de centros comerciales que proliferan en Mallorca, como el recién inaugurado FAN Mallorca Shopping, tampoco poseen unas dimensiones proporcionadas respecto al tamaño de la isla ni al de su población. No tiene mucho sentido que en un clima donde casi todo el año hace sol precisemos de tantos centros comerciales, y aún menos de ese tamaño.

Volvemos a topar, de nuevo, con la lógica crecentista, donde caben dos caben tres. Cada nuevo centro abre el camino para que le siga otro.

En una ciudad como Minneapolis –inviernos más fríos del país– sí que es comprensible que construyan lugares donde distraerse y que éstos aíslen de un entorno tan “hostil”. Pero la mayor diferencia entre Balears y Estados Unidos es que ellos cuentan con 9,834 millones km², mientras que nosotros tenemos que contentarnos con 4.992 km².

Es de destacar la rapidez con la que se ha ido eliminando la red ferroviaria mallorquina en pos de las autovías y el incremento de vehículos particulares. Tampoco contamos con una línea de autobuses que satisfaga los destinos y horarios del pasaje. En vez de abogar por un transporte público que soporte gran parte de los desplazamientos, los sucesivos gobiernos siguen apostando por el coche y el asfalto.

“Carreteres que no van enlloc”, cantaba Pau Debon.

Nuestra extensión y situación geográfica siempre han sido envidiables. Ya sea como punto estratégico militar y comercial, o por tener cierto aislamiento respecto al continente, haciendo del archipiélago un oasis de tranquilidad. La autopista del dinero fácil y rápido nos ha podido. Ahora toca frenar, pensar y volver hacia atrás.

Para terminar, hagamos una reflexión sobre lo que criticó constantemente el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini.

“Yo creo, lo creo profundamente, que el verdadero fascismo es lo que los sociólogos han llamado demasiado alegremente «sociedad de consumo». Una definición que parece inocua, mera indicación. Si uno observa bien la realidad, y sobre todo si sabe leer su alrededor, en los objetos, en el paisaje, en el urbanismo pero más todavía en las personas, ve que los resultados de esta despreocupada sociedad del consumo son los de una dictadura, los de un auténtico fascismo.” Pasolini, Escritos Corsarios.

Pasolini se refiere a cómo la «sociedad del consumo» está acabando con la personalidad de cada uno de nosotros y, por lo tanto, con la esencia diferencial de cada sociedad. Para el cineasta, el fascismo de Mussolini fue algo transitorio, no arraigó en la sociedad italiana y, por ello, cuando acabó la dictadura también lo hicieron sus ideas. Mientras que el nuevo fascismo del consumo transgrede esa norma, es imparable.

En el caso de Balears, la dictadura sí que enraizó, y bien. El turismo de sol y playa es consecuencia directa de la necesidad del régimen franquista para poder alejarse de la larga etapa de crisis que abarcó desde el fin de la guerra hasta principios de los sesenta.

La influencia de esa «sociedad del consumo» y que arrastramos el peso de una sociología franquista residual, también nos ha hecho olvidar lo que somos, perdiendo así, la naturaleza exclusiva que nos proporciona este lugar y este tiempo.

Llega a ser cansino. Cualquier tema español está siempre estrechamente relacionado con el franquismo. No es algo buscado. Tendríamos que haber roto de forma terminal con la dictadura. Del mismo modo en que lo hicieron los italianos o portugueses. Y no tener que arrastrar esa maldita herencia.