El contrapoder vuelve a Italia

Gran despliegue de policía y carabinieri en una de las primeras manifestaciones en contra del TAP.

Los años 70 y 80 estuvieron marcados por una fuerte oposición popular hacia el poder oficial, período que culminó en la contracumbre de Génova en 2001.

Por Kike Oñate (@kikeeonate)

El contrapoder vuelve a Italia. La región de Salento, al sur del país, lleva dos semanas de enfrentamientos entre los habitantes de la región y la imposición por parte del Estado de construir un gasoducto procedente de Azerbayán. El gobierno italiano, liderado por el Partido Democrático y respaldado por los partidos de derechas encabezados por Berlusconi, ha decidido instalar la obra en San Foca, una de las localidades más famosas a nivel paisajístico y turístico de la región de Puglia. Se arrasará una zona de costa de especial interés ecológico y campos de olivos, algunos de ellos milenarios.

Con el fin de no depender del gas ruso, el gobierno italiano decidió, con ayuda económica de la Unión Europea, construir esta estructura. La línea cruzará Turquía y Grecia para llegar al municipio de Melendugno y posteriormente enlazará a través de 50 kilómetros de tubería con una planta de desgasificación en la zona de Brindisi, donde ya existe una central de carbón muy contaminante. Se le añade el monstruo siderúrgico de ILVA en Taranto que perjudica gravemente la salud de los ciudadanos, con alto número de tumores entre la población.

En el programa “Reporter” de la RAI 3 italiana, el propio director de la constructora admite que el gas procedente de Azerbyán lo compran a los propios rusos. También se denuncia corrupción a la hora de hacer los trámites de la venta de los terrenos por donde pasará el gasoducto.

Ruta que seguirá el Trans Adriatic Pipeline (TAP) y que después subirá por la península itálica hacia el norte.

Han ido surgiendo comités populares en oposición al Trans Adriatic Pipeline o TAP, pues lo consideran una decisión autoritaria, antipopular, antieconómica y ecológicamente desastrosa.

Desde el primer día, las autoridades trazaron una “zona roja” y ocuparon con gran cantidad de efectivos, tanto de la policía como de los carabinieri, para acordonar todo el perímetro. Lo que se tradujo en cargas policiales, incluso contra los propios alcaldes regionales que se encontraban dentro de la manifestación.

Imágenes para hacerse una idea de qué está pasando en Salento.
Alcaldes en la entrada del complejo que ocupará el gasoducto.
Barricadas hechas por los vecinos para impedir que los camiones se lleven los árboles.
Un camino bloqueado con bolsas de plástico para complicar el trabajo de la empresa y la policía.

La movilización ha ido en aumento y se ha ido convirtiendo en un asunto de interés nacional. Salento recibe muestras de solidaridad por parte de otras grandes luchas contra las maxi-obras, la defensa de los bienes comunes y del territorio. Ejemplos de ellos pueden ser el TAV en el Piemonte o el MUOS, una base de telecomunicaciones militar norteamericana en Sicilia.

Por la noche, los vecinos construyen barricadas para que no puedan pasar los policías y los camiones de la empresa constructora. Está habiendo una rápida respuesta popular. En Lecce, capital de la provincia, hubo una asamblea popular a la que acudieron más de 5.000 personas. Entre ellos mucha gente del resto de la región y una delegación del Valle de Susa, cerca de Turín, donde se encuentran en lucha contra el TAV.

En todas estas luchas aparecen tres puntos que son clave para entender su rechazo. Por una parte, el coste excesivo del proyecto en relación a los beneficios que teóricamente éste reportaría; el nefasto impacto ambiental que supondría sobre el territorio y, por último, los perjuicios que las obras y el funcionamiento de estos macro-proyectos provocarían en la salud de los habitantes. Sin olvidar el entramado de corrupción por parte de las instituciones a la hora de gestionarlo.

El ecologismo como herramienta de transformación social

El movimiento a favor de la ecología va tomando fuerza. Cada vez hay más gente concienciada. Se empieza a entender que sin un entorno bien preservado, la salud y la economía local empeoran. Los italianos de Salento están viendo cómo su opinión no tiene ninguna importancia para el gobierno central. Tampoco la de los propios alcaldes de la región. Esto vuelve a crear dudas sobre la organización actual de nuestras sociedades y, sobre todo, de los partidos de izquierda, como ya comenté en un vídeo anterior.

No se debería llegar a estas situaciones para mejorar la vida de las personas. Pese a todo, parece ser la única manera que tienen los italianos de mostrar su oposición a unas decisiones que no han sido tomadas por los habitantes que se verán perjudicados.

Reportaje de la televisión italiana Rai 3.

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