Más experiencia y menos palabras

Me gustaría describirte a la perfección una manzana, incluso a nivel subatómico. Cada componente de ella y cómo es comérsela. Y, después de hacerlo, ¿podrías desgustarla?

Esto no es una manzana

Aunque no es completamente fiel a la realidad, es sabido que la práctica de la meditación basada en mindfulness es de importación oriental. Y digo esto porque tanto la meditación como la visión “budista” de la realidad ha sido practicada y compartida por los occidentales a lo largo de nuestra historia. No obstante, no es este el tema que quiero tratar hoy.

En esta ocasión, quiero poner el foco sobre algo que suele suceder cuando nos acercamos a la práctica de mindfulness. Como herederos de la Ilustración y la óptica científica, los occidentales tenemos una fuerte necesidad de comprender mindfulness tanto a nivel conceptual como neurofisiológico. Por supuesto, los avances neurocientíficos y la literatura psicológica en torno a las prácticas contemplativas en general y mindfulness en particular, son un tesoro que nos ayuda a los científicos a conocer más profundamente los procesos subyacentes a estas prácticas, posibilitando el crecimiento y el desarrollo de intervenciones y programas eficaces y basados en la evidencia. Sin embargo, muchas personas — al igual que yo mismo — , a veces tienen una necesidad excesiva de poner en palabras y conceptos su propia vivencia, condicionando la visión que tienen de la propia mindfulness, y convirtiendo algo que es una experiencia preconceptual en un concepto — nada podría ser menos mindful.

En muchas ocasiones caemos en la trampa verbal de intercambiar la práctica directa por la lectura sobre la misma. Leemos libros y más libros, en los que sus autores nos explican, conceptualmente, qué entienden ellos por mindfulness. Sin embargo, mindfulness no es lo que los libros dicen que es; no es lo que yo, aquí y ahora, pueda explicar. Minfulness es aquello que sientes y vivencias cuando atiendes a tu respiración, a los sonidos, al cuerpo…

En términos de la psicología contextual, debemos aprender a diferenciar entre el aprendizaje por la experiencia — sobre la base del contacto directo de las contingencias — y el aprendizaje derivado de reglas verbales — de representaciones simbólicas; palabras, palabras y más palabras.

La lectura de un libro, la explicación de la experiencia, no puede sustituir en modo alguno a la práctica, a la vi. Solo mediante el aprendizaje basado en contingencias podemos realmente desarrollar las habilidades mindful. Por supuesto, las lecturas son facilitadoras y motivadoras, ayudan a inclinar la mente hacia el vivir despiertos, pero de ninguna manera puede sustituirse la descripción que se haga de comer una manzana por la acción real de comerla. ¿Alguien puede describirme cómo sabe una manzana? ¿si no he probado nunca una manzana, podré experimentar verbalmente ese sabor? Y, aunque haya comido una manzana y me la describan perfectamente, ¿esa manzana verbal sabe a manzana?

Por favor, practica. Ve y prueba si lo que dicen los libros es cierto para ti, si tu vivencia es similar o distinta a lo que dice la tinta en el papel o la luz de una pantalla. Experimenta cómo sientes tu mindfulness. Eso, y solo eso, es mindfulness.

Isaac Carmona, psicólogo.