Mis inicios practicando la Autocompasión Mindful

«La compasión no es solo algo que debemos cultivar hacia nosotros mismos, sino que debe hacerse extensiva hacia los demás»

Kindful
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Jul 25, 2017 · 5 min read

Conocí la atención plena durante un curso de verano de la UNED. Trataba sobre psicología de las emociones y el profesor mencionó la palabra mindfulness al hablar de técnicas usadas para la regulación afectiva. Eso sucedió durante mi primer año de carrera, y no fue hasta tercero que volví a escuchar de nuevo ese término, esta vez, en una asignatura llamada Técnicas de intervención cognitivo conductuales. Leyendo el manual de la asignatura conocí a los principales autores internacionales, como Jon Kabat-Zinn, y nacionales, como Santiago Segovia y Vicente Simón. Me puse en contacto vía mail con el primero y tuvo la amabilidad de recomendarme algunos libros, entre los que se encontraba el manual de iniciación a mindfulness de Simón. Lo cierto es que al principio todo me sonaba a budismo -por aquel entonces, pensaba que era una religión-, lo que provocó que mis prejuicios se pusieran en funcionamiento y me dijera a mi mismo cosas del estilo «a ver qué película me van a contar aquí». Sin embargo, mantuve la apertura y continué leyendo. A medida que el libro avanzaba -y gracias a las maravillosas explicaciones neurobiológicas- mi curiosidad y mi motivación por practicar iban en aumento, así que compré un zafu (un cojín de meditación) y me puse a meditar cada tarde. Con el tiempo y la experiencia, fui descubriendo qué ejercicios eran los más adecuados para mí en ese entonces. También empecé a leer a otros autores, como Daniel J. Siegel (Mindsight, Cerebro y mindfulness, etc.) y Steven C. Hayes (Sal de tu mente, entra en tu vida). Fue entonces cuando decidí que quería aprender más sobre mindfulness y dedicarme a su difusión y aplicación.

Ya en el primer libro que leí de Simón, Aprender a practicar mindfulness, se hablaba sobre la autocompasión, pero lo cierto es que con el paso del tiempo lo había olvidado, y ésta quedó al fondo del cajón de mi memoria. No fue hasta dos años más tarde que volví a saber de su existencia. Compré un juego de cds que Simón había grabado junto a Marta Alonso. Los audios pertenecían a un curso llamado Mindful Self-Compassion (MSC), que yo desconocía completamente, la verdad. Así que, una vez que mi esperado paquete de correos llegó con los cds del MSC, puse el primero en mi reproductor, me coloqué en mi postura de meditación favorita y me dispuse a realizar un ejercicio llamado el anhelo de felicidad. Nuevamente los prejuicios llamaron a la puerta, y mi primer pensamiento fue «¿pero qué &/·%@·\º! es esto?». Tuve una reacción similar a la que, de una u otra manera, suele tener la mayoría de las personas cuando se acercan por primera vez a la autocompasión. No porque me costara dedicarme palabras amables a mí mismo, sino porque me parecía algo empalagoso y ñoño, vulgarmente hablando.


Un tiempo después, comencé mis estudios de posgrado en terapias de tercera generación. El verano anterior al inicio del curso había leído un par de libros sobre autocompasión: Sé amable contigo mismo y El poder de mindfulness. A pesar de mi experiencia con los audios de Simón y Alonso, mi curiosidad sobre el tema seguía viva. Así pues, una vez iniciado el curso y decidido el tema de mi tesina (relacionado con el uso de mindfulness en contextos altamente estresantes), tomé la decisión de apuntarme a un curso MSC que Alonso realizaría en Sevilla. Esa experiencia fue la que marcó la diferencia; el antes y el después.

A los primeros minutos de iniciarse el MSC nos invitaron a reflexionar sobre una cuestión: «¿por qué estoy aquí? ¿por qué estoy realmente aquí?». En ese momento, las lágrimas empezaron a resbalar por mis mejillas... Una sencilla pregunta que no solemos formularnos con frecuencia ¿por qué estaba interesado en la autocompasión, realmente? Solo hizo falta pararme un instante para darme cuente de por qué estaba allí, qué era lo que buscaba verdaderamente.

No obstante, los verdaderos efectos de la bondad hacia mí mismo entraron en escena de la mano de un ejercicio llamado Pausa de la Autocompasión. Es cierto que al principio las frases de bondad y compasión no me resultaban de utilidad, porque, como descubrí más tarde, los elementos técnicos de esta práctica (palabras, sentimientos o imágenes) resultan más o menos eficaces en función de las características personales de cada uno. En mi caso, inicialmente, lo que mejor me funcionaba era el tacto de la mano en la zona precordial, el lugar donde está localizado el corazón. Sin embargo, a medida que avanzaba el curso descubrí mis propias frases. A raíz de esos hallazgos, pude experimentar cómo la bondad y la compasión hacían su trabajo. Descubrí que, tal como afirman los expertos -y la filosofía budista, de donde procede todo esto-, es necesario cultivar tanto el aspecto cognitivo como afectivo para que la meditación basada en mindfulness sea todo lo rica que puede llegar a ser. Con la práctica estándar había empezado a desarrollar la sabiduría, la comprensión ecuánime y lúcida de cómo es la realidad (por supuesto, esto es un proceso continuo de aprendizaje, que nadie se engañe pensando que alcanzará la sabiduría practicando dos meses…). Pero faltaba algo, ese lado amable que todos tenemos potencialmente. Durante el MSC ese afecto pudo por fin despertarse en mi interior, y entendí que la compasión es necesaria para que nuestra práctica personal sea más completa.


Finalmente, me gustaría subrayar que la compasión no es solo algo que debemos cultivar hacia nosotros mismos, sino que debe hacerse extensiva hacia los demás. Hoy en día la compasión es un recurso escaso, dadas las premisas individualistas que caracterizan, generalmente, a nuestra cultura. Sin embargo, debemos darnos cuenta de la interconexión que existe entre todos nosotros, al igual que la causalidad que rige el funcionamiento de la realidad. Por ello, es preciso que tomemos consciencia de las intenciones que hay al fondo de nuestras acciones, de manera que procuremos que éstas no generen o aumenten el sufrimiento, ya sea propio o ajeno. En línea con lo que afirmaba Neil DeGrasse en Cosmos, la bondad es necesaria si queremos sobrevivir como especie.

-Isaac Carmona, Psicólogo.

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