Sean Penn: papel de periodista

Penn, Guzmán y un exhibido apretón de manos

Casi todas las preguntas que uno puede hacerse para saber si Sean Penn debió entrevistar a Chapo Guzmán llevan a pensar que el famoso actor –de los mejores que conocí, de los que me ha robado lágrimas- tenía todo el derecho del mundo a hacerlo. Pero hay un dato que en este caso, y solo en este caso, cuestiona la actitud de Penn y lo separa de los periodistas: para él no hay un “mañana” en el periodismo.

Voy a analizar este caso desde el punto de vista de la práctica profesional periodística. Me hice preguntas y aquí están las respuestas, que no pretenden ser más que un aporte porque no existe la verdad declarada cuando de periodismo se discute.

Aclaración previa: no me voy a centrar en si la entrevista es buena o no. Eso es siempre una materia discutible y no determina si se debió hacer o no: la libertad es para las buenas obras y también para las malas.

¿Está mal entrevistar a un delincuente?

Es una decisión del medio y del periodista, pero en todo caso es válido. A lo largo de la historia son muchos los ejemplos de entrevistas a criminales y en general son trabajos buenos que aportan al público la mirada y la historia personal de delincuentes. Eso permite que la mayor parte del público entienda la complejidad del contexto y la cabeza de los delincuentes que genera una sociedad. En Uruguay, por dar dos ejemplos, recuerdo las entrevistas carcelarias televisivas de Daniel Figares o de Nano Folle.

A uno le gustará o no la forma en que se hace una entrevista, pero como recurso periodístico es muy válido.

¿Está mal entrevistar a un delincuente en la clandestinidad?

Otra vez, la historia está llena de estos ejemplos. Desde delincuentes comunes, hasta terroristas, hasta guerrilleros que se levantan en armas contra gobiernos elegidos en las urnas. En casi todos los casos el periodista hace un voto de confianza en el fugitivo y acepta ser encapuchado y llevado a un lugar cuya ubicación desconoce a cambio de la entrevista, que es un material periodístico relevante porque es de interés general conocer opiniones y versiones de esa persona.

Para que la entrevista sea buena el periodista debe hacer preguntas incómodas; básicamente debería hacer muchas de las preguntas que la gente le haría al fugitivo. Ahí se juega el partido de la calidad de la entrevista. Pero, sin perjuicio de la calidad del producto, estas entrevistas con válidas.

¿Puede Sean Penn hacer entrevistas sin ser periodista?

Puede, claro que sí. Cualquiera puede hacer un trabajo periodístico y, en lo personal, soy de los que se opone a la colegiación en periodismo. Sin embargo, vale separar a quien trabaja como periodista y enfoca su vida profesional en ello, de aquel que hace un trabajo periodístico puntual. De todos modos, muchos no periodistas pueden hacer muy buenos trabajos periodísticos. Este no es, a mi juicio, el caso, ya que la entrevista de Penn es blanda, egocéntrica y condescendiente con un capo del narcotráfico responsable de miles de asesinatos, entre ellos de periodistas.

Ahora bien, muchos periodistas profesionales hacen entrevistas tanto o más blandas, egocéntricas y condescendientes que la que realizó Penn, así que tampoco es ese el punto insalvable.

¿Entonces?

Hay un aspecto que al menos a mí me hace concluir que Penn no debió haber hecho esa entrevista y que, a diferencia de lo que hubiese sido el caso de un periodista profesional, lo compromete.

El periodista profesional debe asumir un costo altísimo para poder entrevistar a un delincuente fugitivo. Debe aceptar un pacto para no revelar la forma en que accedió a esa entrevista. Ningún periodista acepta con agrado ese pacto con un delincuente –al menos no debería hacerlo- pero lo hace porque entiende que es la única forma de lograr ese material periodístico relevante.

Ningún periodista pretende ser objetivo: buscar la objetividad es solo un ejercicio muy útil pero utópico. Sí es razonable que sea riguroso, profesional y lo más despojado posible de sus propias opiniones. El periodista no es policía, fiscal, juez ni justiciero. Es periodista y eso es mucho decir. Si desnaturaliza su trabajo y se convierte en lo que no es, no puede hacerlo bien porque nadie confiará en él a futuro. Por eso cuida su palabra y su credibilidad; no tiene más que eso para hacer su trabajo.

El periodista está comprometido con la información del público en general. Sean Penn está comprometido con Sean Penn o con lo que Sean Penn cree que deberían hacer los demás.

¿Por qué el periodista respeta su palabra y no delata al delincuente?

Porque el periodista tiene un “mañana” periodístico. Otros tendrán que creer en su palabra cuando la empeña. El periodista trabaja hoy y también mañana en busca de entrevistas y noticias. Sean Penn no. Para él no hay “mañana” en esos términos y por lo tanto no tiene por qué haber compromiso. Él volverá a la pantalla, a ese Hollywood que le permitió ser Sean Penn y vaya uno a saber si algún otro día sentirá el antojo de actuar como periodista por un ratito. No tiene la obligación de reservar su fuente porque no es un periodista profesional.

No sé cuáles fueron sus intenciones, pero sé cuál es el resultado: haber hecho esa entrevista no fue un ejercicio profesional, sino un cordial encuentro con un asesino.