Pez era

Está lloviendo caliente y frío a la vez.
 Aunque pienso que debe ser el frío el que quema, el que agujerea dulcemente con sus gotitas arrítmicas. 
 Caliente o frío, llueve, y sin intención de parar. Cuanto menos lo pienso, más me dejo inundar una y otra vez en esta pecera, que ya es mi hogar. Donde me siento cómodo y solo. 
 Aquí los gritos se escuchan distorsionados. Qué loco, pienso. Se escuchan tan deformados que no reconozco las voces que se ladran entre sí. Ya no las reconozco. 
 Aquí aprovecho para dejar chorrear mis pensamientos, los veo fundirse y crear. La melodía que los recubre casi no varía. Justo cuando pienso que está por terminar, estira la última nota misteriosa, oscilante, y vuelve a empezar.
 
 En mi trance escucho golpeteos. 
 Es ese recuerdo tratando de entrar otra vez. Siempre se hace el distraído, el sosegado, el que pide permiso, pero siempre termina entrando un poco por la fuerza. Y yo, que varias veces me dije que no iba a permitirme volver a escucharlo, pero.. cómo no hacerlo si está allí: hola… haciéndose presente otra vez. Golpeándome sin tocarme. Y yo asquerosamente poniendo la otra mejilla, y cuando esté lo suficientemente derretida, poniendo el hombro, y cuando esté lo suficientemente aturdido, el pecho, y cuando esté lo suficientemente carcomido, el corazón. Para que me lo rompa de una vez,
 pero no.

Socava hasta ahí. 
 Me deja pendiendo de un hilo que soporta todo mi peso. Y se va a paso ligero sin mirar ni de reojo, sin regalarme ni una sonrisa, ni una caricia, ni un beso. Tu recuerdo se va.
 Aquí sigue lloviendo, caliente o frío, llueve. Y sin intención de parar.

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