2 Meses para dejar de fumar

Hace unos meses, conversando con una amiga, le dije que 2015 sería un año de catarsis para mi. Aún no tenía claro que cambios conllevaría esa catarsis, pero tenía claro que habría cambios en mi vida, los podía notar antes incluso de que ocurriesen.

No me hizo falta llegar a 2015 para que algunas cosas comenzasen a cambiar. Entré, casi por casualidad, en un programa de hábitos saludables en la empresa en la que trabajo (Digo que casi por casualidad ya que sólo estaba planeado para 300 empleados y se apuntaron más de 2000 a la convocatoria) y decidí que iba a aprovechar la oportunidad para hacer algo más que acumular 10.000 pasos diarios medidos con la pulserita de turno y decidí dejar uno de mis mayores vicios, la Coca-cola.

Mi típica compra mensual era de cerca de 30L mensuales (más las que tomaba fuera de casa)

¿Por qué llamo vicio a la Coca-Cola? ¿Qué merito tiene dejar de tomarla? Creo que cuando llevas años sin beber agua de manera premeditada más allá del par de tragos que das del grifo por la mañana antes o después de limpiarte los dientes y el único líquido que consumes de manera constante es Coca-Cola, tienes un vicio y un problema. Y en este caso, yo tenía un problema serio, que iba del 1,5L a los 4L diarios. Así que renunciar a la Coca-cola ha supuesto un reto personal, y el haber consumido apenas 3 latas en los 3 últimos meses es todo un logro para mi. Un logro que se ha visto recompensado con más energía durante el día, mejor calidad de sueño y con una bajada de peso que, si bien ha estado acompañada de algunos cambios en la alimentación, puedo relacionar casi en su totalidad a la reducción del azúcar diario tan brutal que he consumido durante años a través de la dichosa bebida carbonatada.

En los últimos tres meses, a raíz de mi entrada en el programa que os he comentado, me apunté al gimnasio, y si bien es cierto que durante diciembre, mes en el que me apunté, solo asistí una vez al mismo, comenzar el año me dio el punto extra de motivación que necesitaba y ahora llevo ya mes y medio asistiendo de manera regular dos días en semana, y la semana pasada aumenté a tres, coincidiendo con los 3 días que como un menú bajo en calorías que la empresa Vitalista me trae cada mañana a la puerta del trabajo. Como podéis ver, parece que haya entrado en la crisis de los 40 con 5 años de adelanto y de repente me haya vuelto un maniático de la salud y de las calorías consumidas. Aunque nada más lejos de la realidad, porque sigo sin saber las calorías que tiene ninguna de las comidas de las que me alimento (borro el mail con la información nutricional de mis menús diarios solo para no estar al tanto de cada ínfimo detalle de la información nutricional) y antes de apuntarme al gimnasio me tiré un año asistiendo de manera menos regular de lo que me gusta admitir a yoga, así que solo he cambiado un ejercicio por otro.

Todo iba magníficamente bien hasta que, poco después de mi cumpleaños, recibí la llamada de un buen amigo, Andreu Vea, ofreciéndome un regalo un tanto peculiar. Un método para ayudarme a dejar de fumar (Sí, fumo, así que no todo iba tan magníficamente bien). Andreu siempre ha sido de la liga antitabaco, pero nunca me había hecho más comentarios que los justos sobre mi mal vicio hasta ese día. Ese día me enteré de que su hermano estaba siendo operado por tercera vez del esófago, debido mayormente al tabaco, y que a raíz de eso había decidido volverse un Talibán en la lucha contra el tabaco, y que yo era uno de sus primeros “atacados” con el objetivo de ayudarme a dejar de fumar.

Era difícil pillarme en una foto en la que no estuviese sosteniendo un cigarrillo.

Detengo aquí el relato para añadir información sobre mi adicción al tabaco. Comencé a fumar mis primeros cigarrillos con 13 años, a los 15 ya compraba mis primeros paquetes, a partir de los 17 empiezo a fumar algo menos de una cajetilla diaria y así hasta hoy con 35 “recién cumplidos”, con apenas 2 interrupciones de 6 meses cada una, así que se puede decir que llevo más de media vida fumando. Empecé, como muchos otros Españoles en el colegio, alentado por otros compañeros, y he de decir que “me gusta fumar”. Hay gente que no lo entiende, pero a mi me gustaba el olor de los cigarrillos fortuna de mi madre, que por suerte dejó de fumar hace ya más de 15 años, y me vendieron muy bien la imagen del fumador “malote” con personajes tipo John Mclane, así que, durante muchos años me he auto-convencido de que fumar me daba un aspecto más ¿maduro? Una soberana estupidez, evidentemente, pero nuestra cabeza nos juega pasadas realmente curiosas.

Retomemos el momento Talibán de mi amigo Andreu. Durante muchos años, inclusive en las 2 ocasiones en las que he dejado el vicio en “pausa”, he sido muy detractor de los talibanes anti tabaco. Sobre todo de los que habían sido fumadores en su día y ahora se permiten poner cara de asco a los que aún lo somos. Eso ha cambiado en los últimos años, creo que precisamente gracias a la ley de la que tanto me quejé en su día de la prohibición de fumar en bares y restaurantes y que al final me parece una de las decisiones más acertadas que se han tomado en este país (otra cosa es discutir las formas con las que se llevó a cabo). Así que esta vez, cuando Andreu me llamó y me propuso la opción de probar rienpipe, y teniendo en cuenta todos los esfuerzos que estaba haciendo últimamente de cara a mejorar mi forma física y por tanto mi salud, acepté sin dudar.

Reducción progresiva de la nicotina dependiendo del filtro usado cada día.

Y aquí estoy, llevo 4 días usando los filtros que aseguran eliminar progresivamente la cantidad de nicotina que inhalas y dispuesto, una vez acabado el proceso de dos meses, a dejar de fumar de manera definitiva y escribiendo este post para añadir a mi convencimiento personal, la presión social de hacer un compromiso abierto para con todos los que me leen. El día 18 de Abril me fumaré mi último cigarro (para entonces los filtros deberían bloquear hasta un 95% de la nicotina), y a partir de ahí, seré libre de la esclavitud que me impuse hace ya 22 años.

Os iré contando el proceso…

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