Fin y comienzo

Mi vida termina y comienza cuando a mediados de diciembre del 2015, salgo del parque Tayrona de la mano de mi novio con quien llevaba seis años de relación estable y nos despedimos con un beso fugaz. Yo atravieso rápidamente la vía y me subo en un bus con dirección hacia Riohacha y el se queda del otro lado, furioso por mi afán esperando un bus con dirección a Santa Marta. Ese fue nuestro último beso. Ninguno de los dos lo sospechaba. Lo amaba, pero mi corazón hippie buscaba nuevas experiencias y ya para Marzo le estaba proponiendo a mi primo lejano que sea mi novio, en pleno concierto de Manu Chao en Cali. Con él nos enamoramos como suceden las primeras veces. Él era para mí experiencias completamente nuevas, mucho sexo desenfrenado, alcohol, guitarras y noches bohemias. Yo era para él, su media naranja, la cura para la soledad que lo acompañaba. Todo esto mientras mi novio-ex novio pasaba por una especie de catarsis en la que después de amarme me odiaba cuando lo dejaba en visto. En medio de estos malos tiempos el decidió experimentar y descubrió su lado homosexual. Cuando me enteré no lo pude soportar. Lo odié. En Abril me gradué de la mejor Universidad del País, en la capital. Ese día, mi novio-primo me estuvo llamando desde Popayán, su ciudad adoptiva, mil veces a mi celular, mientras mi novio-ex novio me abrazaba llorando por la felicidad de mi grado y por la amargura de que entre los dos ya había una grieta grande. Pasaron los días y yo me encerré en una burbuja creyendo que todo sería fácil después de mi grado: Conseguiría trabajo en otra ciudad, iría a visitar a mi novio y estaría feliz. Cuando la burbuja se rompió me encontré en Tunja, sin trabajo, viviendo con mi papá y su novia, con frío, cólicos post DIU y sin novio. Mis celos de los viernes en las noches y sus domingos de guayabo no iban de la mano. Ambos decidimos terminar. Mi novio-ex novio siempre quería verme, yo lloraba cada vez que viajaba a Bogotá y nos veíamos. Sentía paz y algo de nostalgia por creer no amarlo más. En Junio decidí escapar a mi pueblo con algún pretexto para poder ver a mi ex novio-primo, con quien estuvimos hablando todos los días desde que nos separamos. El sexo ya no fue increíble, hubo poco alcohol y su ansiedad post fin de semestre me hizo preguntarle si todavía quería salir conmigo. Me dijo que sí pero yo lo dudaba. En julio, estando en Bocagrande, en pleno mar miré a las nubes y les prometí que no iría mas con él, que ya había dado todo lo mejor de mí, que ya no podía amarlo mas y que esa semana de paseo con mi mamá a la Costa, sería el fin de todo. Cuando regresé me encontré con el ser mas cariñoso que jamás haya podido encontrar. Me sentí amada. Fueron dos semanas maravillosas en las que las nubes se burlaron de mi por mis falsas promesas. Llegó Agosto y regresé a la capital para despedirme de mi novio-ex novio quien se iría a State College a hacer su sueño realidad. El panorama fue terrible: yo, su galletita, su morena, la voz de su conciencia ya había sido remplazada por alguien mas; por algún chico según mis sospechas. Mi corazón se partió en dos. Lloré con rabia porque no pensé que pasaría, yo tenía derecho de estar con alguien mas, él no!! fue una semana atroz en donde a pesar de que estuvo conmigo todos los días, se alejaba para contestar sus llamadas, se demoraba en su trabajo y sonreía al mirar su celular. Yo recordaba mis días de amor. Una noche, ya de madrugada y con mucho alcohol encima le reclamé y le hice un show. Fui la reina del drama. El me abrazó fuerte y tomamos taxi para el aeropuerto. Sé que no lo volveré a ver en mucho tiempo. La semana siguiente a esa, me mudé sola, a una casa medio habitada, pues mi vecina casi no sale de su habitación y me dejó claro que amaba estar sola. Fueron días difíciles, vegetarianos y de desorden en mi nueva habitación. Su vuelo fue un Sábado y para el miércoles siguiente ya tenía la emoción de que mi ex novio-primo vendría a visitarme al día siguiente. Esa noche no dormí bien por la emoción, esa misma emoción que sentí a mis 15 años antes de mi primer viaje a San Andrés. Lo hicimos en las mañanas y en las noches hasta que nuestros cuerpos se cansaron y dejamos de hacerlo. Cenábamos en Mc Donalds y llenábamos los crucigramas que venían en el periódico cada día. Le gané dos partidas de ajedrez y vimos a Catherine Ibarguen ganar su primer oro en los olímpicos. Pero llegó el lunes festivo, horrible día capitalino y no supe como romper el hielo que se formó esa noche mientras dormíamos. Lo besé apasionadamente, sintiéndolo mío, pero a la vez ajeno, mío, pero sabiendo que sería la ultima vez. Te amo, fue lo último que me dijo antes de subirse al bus. Ahora se que aquí empiezo de nuevo, sin ninguno de mis novios-ex algo, empiezo de nuevo y debo buscar trabajo, amigos, fiestas, charlas interesantes y sobre todo la felicidad de tener 24, ser soltera y vivir en la gran ciudad. Así que hoy, lunes festivo decidí que este fue el fin y el comienzo de una gran historia que mañana estará apunto de comenzar.

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