Un familiar en prisión.

Recuerdo muy vívidamente aquella ocasión cuando éramos niños y le ayudé a organizar su colección ¡cuánto nos divertimos!

La última vez que lo vi, ya no fue divertido. Algo en su voz, o en su mirada, o tal vez en su corte de cabello ¡no lo se! me hizo entender que él ya no estaba aquí.

Luego me dijeron que se había hecho fantasma. Es a mi tía a quien se le aparece más seguido, también en sus recuerdos, y ella llora, y luego yo lloro también.

Cuando lo volví a ver a él sabiendo que ya era un fantasma, me dijo algo muy raro: que el tiempo en donde él está, pasa muy lento. Alargó mucho el sonido de la u. Pero ha envejecido tanto, se ve demacrado, sin dientes y con amplias sienes. Es su voz, ahora lo se, la que me hace entender que él ya no está aquí. Estamos en mundos tan diferentes. Y de nuevo lloré; siempre me aguanto mucho hasta que estoy lejos de él.

—¿Qué podemos hacer para que regreses? ¡organicemos de nuevo aquella colección ya empolvada! -le dije emocionado. Pero parece que ya no me entiende, porque vuelve a desaparecer .

En mi familia este tema se reserva, no se platica con nadie más. Es como si no hubiese existido.

Un día me animé, fui y pregunté que cómo a los fantasmas se les puede hacer volver. Algunos que creen saber me enviaron a buscar un ingrediente que en el mundo ya no encontré. Los secretos de los libros sobre fantasmas no los logro comprender. Ahora solo creo que los fantasmas son como el atardecer, que solo de lejos se pueden ver.


Deseo que mi historia te inspire a escribir, a platicarle a la gente del mundo sobre tu propio mundo, a crear nuevos mundos.

¿Te gustó este cuento? Me gustaría que pudiera llegar a más personas y tú puedes ayudarme tan solo dando click en el corazón.

Muchas gracias.