Hoy en la noche dan una gran fiesta a la que no me han invitado

No es que sea tan importante, o me moleste, aunque sí me genera cierto tipo de curiosidad, es muy probable que la música apeste como en todas las fiestas a las que he ido, tampoco darán la cerveza que me gusta, ni siquiera creo tener la ropa adecuada, hace años que no tengo zapatos decentes, o un pantalón presentable, ni siquiera una sonrisa cortés para la hora que sirvan los canapés y pueda decir -Gracias, muy rico… no más, estoy satisfecho… fué una velada encantadora..- solo quisiera saber por qué a mi no me llegó ese sobre, esa notificación para asistir, podría, hubiera, tendría, habría, dicho que no, que tengo cosas que hacer, que esa noche me encontraría altamente ocupado, pero no entiendo por que no puedo ir.

No es que alguien me lo prohíba, o tal vez sí, quizá sea eso precisamente, entrar y verlos a todos, por que curiosamente todos los invitados son conocidos míos, algunos gente muy querida, o al menos, gente que debería de querer mucho, ¿faltarán sillas? ¿no habrá suficiente bebida?¿Habré ofendido al anfitrión? O tal vez sea que no me conoce, o tal vez sea que me conoce muy bien. Insisto no es que quiera ir, es la verdad, me imagino a todos dentro hablando de lo bien que se lo pasan, de como era necesario algo así para desestresarse, me imagino el patio de los fumadores, compartiendo anécdotas de su día a día, de como odian a su jefe, a su madre, a su esposa, a sus hijos… yo podría estar ahí, podría mentir un poco, diciendo que mi vida es tan sencilla/compleja como la de ellos, que mis pasiones se parecen a las suyas, preocuparme por el resultado de algún partido que en ese momento se esté jugando, de cualquier deporte, de hecho he ensayado dos que tres discursos acerca de política, ¡cerdos imperialistas! para los de ése lado, ¡Malditos hippies improductivos! para los del otro, No lo haría tan mal, en serio, digo, no es que necesite estar ahí.

Podría llegar elegantemente tarde, sonreír a media cara, ser amable con las damas, no verlas a los ojos ni esperar encontrar fuego en ellos, beber hasta embriagarme en sus danzas, reírme de algunos chistes, contar unos propios incluso, no demasiado brillante, solo lo suficiente para mezclarme, juro que no me burlaría de alguien, a no ser que los demás también lo hicieran, ni me alejaría al tras patio, a ver hacia la masa de gente y perderme en mis ideas, no, ésta vez incluso entraría a la pista, con alguna, la que fuera, sin ponerme quisquilloso, sin pensar en sus comisuras, o su simetría, o que tan feos tendrá sus pies debajo de esos zapatos de punta, y bailaría, en serio, torpemente pero sin pensar en como lo hago, entregado al vaivén de esa marea conocida como felicidad cotidiana… descansaría un poco, hablando con otros, no acerca de Dragones embotellados o de cuevas inexploradas por la conciencia, tampoco sacaría a flote mis sospechas acerca de las intenciones anarquistas de mi gato, no, clima, cine, mujeres y sus formas sólo de eso, siempre dentro de los límites.

Hay una fiesta a la que no me han invitado. No es que quiera ir, pero me es extraño que no se me permita. Nadie me lo prohibió, solo no estoy en la lista, podría haber llevado un abrigo, una buena cara y mi normalidad, esa que hace mucho tiempo no la encuentro. Podría haber fingido pasármela bien, sólo para complacer a los demás, para que quizá después me inviten a más fiestas, pero no lo entiendo, no duele tanto, en serio, pero al menos hubiera sido lindo, revisar mi correo, y ver una nota, diciendo, tu también eres uno de nosotros, bienvenido ven a nuestra fiesta.

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