Creando machismo

En mi Trabajo Final de Grado (en mayúsculas para darle importancia, a partir de ahora TFG) tenía que hacer un guión de largometraje. Normalmente, al ver una película solemos decir que tiene un buen guión, si lo que sucede es coherente con el mundo al que se refiere, si los personajes son interesantes o si es rápido y divertido. Por el contrario, un mal guión está lleno de momentos aleatorios, alejados de la causalidad (por lo tanto, lleno de casualidades, aunque no tengo claro si existe tal binomio), con personajes pobres y vacuos, y suele ser lento, aburrido o tedioso. Incluso se dice que no sucede nada si suceden muchas cosas, pero sin contenido. Es el volcar contenedores en una persecución de coches. Todo esto es relativo y a veces volcar un contenedor ES el contenido de la propia película. De French Connection a Mad Max Fury Road. Como todo ser humano mayor de siete años es su propio crítico de cine y estamos acostumbrados a la narrativa audiovisual, aunque no seamos unos expertos ni unos conocedores, hacer un guión se antojaba como algo díficil.

Sin embargo, lo hice.

Entonces, tuve un problema. El guión acababa funcionando a modo de catarsis, un catalizador en el que volcar medios, pasiones y peligros que acechan en cada esquina del alma. Uno de estos es el machismo que todos llevamos de forma inherente en nosotros. Personalmente, tengo que combatirlo a diario, no tanto en acciones, ya que mi interacción con el mundo es nula, eso que me llevo, sino en pensamientos o juicios. Es un trabajo constante de replantear quién soy yo respecto al mundo y lo que pienso de este. Eso, por supuesto, se ve reflejado en todo lo que hago. Lo que hago, normalmente, es escribir. En el puñado de blogs donde lo hago, en el guión, cuando lo hacía, o en el propio Twitter. También se refleja, aunque tan solo sea yo consciente, en el mirar. Veo una película y vuelco todo esto contra ella. Su ser y el mío se enfrentan, y tan solo uno puede ganar.

Con todo esto, hice un guión.

Meses después de terminarlo, le puse el punto y final en septiembre del 2014, lo reviso. Lo reviso con muchas discusiones recientes en mente. Sobre el sexismo en The Witcher 3, por ejemplo. Sobre la enésima novela de una relación amorosa mal entendida, mal planteada y peor resuelta, dedicada a los adolescentes del mundo. Mi guión es conscientemente machista. Quizá sea inevitable, porque el propio protagonista es el héroe y el villano de la historia, siempre en la balanza entre el Bien y el Mal. Es el llamado conflicto interno que enriquece personajes, películas y el caldo del cocido. Lo reviso porque quizá me sirva para algo más que para finiquitar la carrera de una vez por todas. Pero, me pregunto, qué necesidad hay. Y es cierto que el arte no tiene que ser necesario, pero me siento con una responsabilidad para con el mundo. Por querer entregarles la enésima historia de ci-fi donde un hombre pocho y una IA cuya única utilidad es como referente escopofílico para el protagonista y, por descontado, el espectador. Una gran alegoría sobre cómo fijamos las expectativas en los demás y exigimos que el mundo sea uno y no trino. Además del miedo a la perdida, a la idea de derrota vital inculcada por un capitalismo que te da dos semanas de vacaciones porque te las mereces o la incapacidad para madurar más allá de un estado adolescente. Todo eso había volcado, todo esto había escrito.

El problema es, siempre, el público.

Porque es un guión que se relame en todo esto. Tan solo un momento final mira con cierto cinismo y crítica a esta situación, pero el resto del tiempo habita estos espacios con gozo. Si se analizase, la hipotética película que saliese de aquí, sería terrible las conclusiones a las que se podría llegar. Sobre mi. Es lo que más me aterra, al final. Haberme descubierto ante el mundo. Demostrar que sigo en un estado primigenio. Quizá por el tono, quizá por las acciones llevadas a cabo o los diálogos. Pero la única forma de rodar este guión sería en un espejo que, poco a poco, se va deformando ante el espectador. Por eso no sé si soy quién para criticar el sexismo en una historia. Si acaso es ahí donde quiere poner la relevancia y hacernos notar que somos nosotros los únicos sexistas. O es ya por inercia. Acaso lo he hecho yo por inercia.

Quizá por eso no vuelva a escribir nunca más. Por miedo a mí mismo.

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