Tiene sentido.

Sobre mi estupidez y el futuro.

Te despides sin mirarle a la cara: no puedes hacerlo.

Y sientes que sea así, teniendo en cuenta que será una de las últimas veces que se vean a solas.

Aguantando las lágrimas entras a la guagua, y te sientas en la parte de atrás.

Cuando miras por la ventana, le ves subirse a la suya, y ya no puedes obligarte a obviar lo mucho que duele ni un segundo más.

La guagua se pone en marcha.

Empiezas a llorar, pero un pensamiento ronda tu mente: que te rompa el corazón tiene sentido.

Aunque sea sin querer.

Aunque sea inconscientemente.

Aunque sea con la más sutil de las palabras.

Tiene sentido porque sino no habría forma de que te fueras de aquí.

No habría forma de que te largaras de esta maldita isla, que te asfixia y te amarga.

Un semáforo en rojo, y luego en verde.

No habría forma de que quisieras marcharte a trabajar y luchar por cumplir tus sueños, por tener el futuro que deseas tener.

Luces y más luces. Pronto habrás llegado.

Así que sí, que pase esto ahora tiene todo el sentido del mundo, es más, lo necesitas.

Necesitas que te rompa el corazón, aún una vez más, aunque te destroce.

Tocas el timbre: tu parada es la siguiente.

Primero, porque nunca supiste darte por vencida, a sabiendas de que no era mutuo, así que te lo mereces, por idiota.

Y segundo, porque aunque no puedes odiarle, (y tampoco quieres) necesitas no echarle de menos.

Necesitas no quererle como lo haces ahora.

Necesitas no necesitarle, para que cuando esté realmente lejos, no duela tanto.

Llegas a la parada y bajas. Sacas las llaves y abres la puerta.

Aún nos queda una despedida, y va a doler.

Va a doler de narices.

Pero tiene sentido.