Philippe Lacoue-Labarthe, Frase (fragmento)

Philippe Lacoue-Labarthe, Frase (fragmento)

Si la mayor parte del tiempo no hablo, no digo nada —y no te digo nada—, no es porque no tenga nada que decir ni porque tenga ganas de callarme, es porque si digo lo que tengo que decir, sería poco soportable. La dificultad, muy simple, es poder sobrevivir día a día. Imposible entonces decirte, en el momento en que eso como un rayo me pega y me lanza fuera de mí (allí donde no me conozco, donde ya no es yo sino ese que —¿ese quién?— , abandonándome, me sostiene o me hace mantenerme como «yo que va a morir» o «yo que no deja de morir»).

Imposible decirte el terrorífico dulzor de tu cuerpo en la noche, la palpitación de tu sangre más viva que mi sobrevida. Imposible decirte el pasto colmado de agua, reluciente, a la luz de la mañana (o bien, lo que viene a ser lo mismo, la claridad de tu mirada). Imposible no decirte más que un momento, el más elemental, el más banal, tan potente como la obscena pureza mediante la cual, uniéndonos, nos separamos y somos llevados allí donde no sabemos qué es pasar por eso. Todo eso no puede decirse — apenas, apenas escribirse. (Y si puede escribirse, hace falta una decisión que viene de lejos, hay que esperar, hacer la experiencia de la espera: solo quizás el ritmo de una frase está cerca de hacer un poco sentir, restituir, el desgarro).

La dificultad es también atreverse, incluso frente a ti. Digo: «incluso frente a ti» porque tú me conoces como nadie me ha conocido nunca y, de hecho, no se me hace difícil hablarte. La dificultad, puesto que hablo de dificultad, es de otro orden. En el fondo, tú eres la única con la que podría, incluso oscuramente, implicarme y pensar: es verdad, nos conocemos. (Tal vez así comprenderás que yo nunca pueda hablarme, menos todavía mirarme. Vivo ciegamente. Pero esta extraña ceguera termina contigo. Pero esta claridad demás, como si otro grado fuera alcanzado, es precisamente lo que me consagra al silencio. O al menos a una palabra escasa. Hablar dice siempre más de lo que podemos, de lo que somos capaces de escuchar decir).

Yo sé, desde hace tiempo, que la única manera en la que puedo dirigirme a ti es a través del ruego

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