El mundo de Griwer

Por: Nazareno Santucho & Florencia Liporace

“Soy la reina de Marte, ensamblada en Hong Kong, soviéticas son mis partes” Massacre y Wallace aportan su ironía musical a la mañana. Son casi las 10 y en el Griwer de La Plata, ubicado en 10 entre 51 y 53, sólo se recibe mercadería: ruedas de todos los colores, algunos cascos y zapatillas Nike… muchas zapatillas Nike.

Son las 10 de la mañana y en el único Griwer platense no hay mucho movimiento. Dos jóvenes de barba hípster y remeras oscuras similares –no es vestimenta de la empresa- se reparten las tareas: recibir la poca mercadería que llega, ordenar algunas muestras y atender a los pocos clientes matutinos.

El local tiene dos grandes espacios separados por algunos escalones: un hall de entrada y descanso y otro destinado a la atención. En el primer hall sólo hay tres sillones individuales, algunas ruedas de skate sobre dos maderas en cada pared lateral y una muestra central con 5 o 6 cascos de colores oscuros, brillosos por el reflejo del sol a través de la vidriera.

En la parte de atrás, el local se vuelve más atractivo: es un espacio mucho más amplio que el primero y está atiborrado de equipos deportivos de todo tipo y color. Rollers profesionales de colores fluorescentes ocupan una gran parte de la pared derecha. Debajo, cada uno tiene breves descripciones: “cierres en empeine micrométrico y cierre superior metálico”, “nuevo liner termo-moldeable My Fit Fat”, “Guía Aluminio con tornillos roscados al chasis”. En la misma pared, en una muestra más pequeña, aditamentos de todo tipo para la práctica de este deporte: rodilleras, cascos, repuestos, cordones –en kits que incluyen cuffs y sliders- y algunos conos pequeños.

En la pared derecha la muestra no es deportiva: todo su ancho y largo está destinado a zapatillas. Son varias decenas de modelos Nike SB, también con carta de presentación cada una, aunque sólo con el nombre, nada de descripciones.

La pared trasera, a las espaldas del mostrador, está ocupada por la exhibición de skate-boarding. Unas diez tablas con diseños que van desde la psicodelia hasta la clásica estética de “Sector 9” se ubican en lo alto de la pared. También son presentadas –con sus nombres y descripciones- y seguidas de sus accesorios: algunas ruedas que completan la colección del primer hall, trucks y protecciones.

En el medio del salón se exhiben tres bicicletas plegables con sus respectivos equipos de seguridad, accesorios y herramientas. La del medio llama la atención de los dos o tres clientes presentes. En un cartel apoyado en su rueda trasera se presenta a la “TERN VERGE X10”, una bicicleta plegable de 9 kilos. Uno de los clientes suspira: su costo oscila en los 40.000 pesos.

En el fondo del salón se encuentra el mostrador. No hay caja, sólo un posnet. Casi nada se paga en efectivo, mantener alguna de estas prácticas deportivas tiene costos elevados: ninguna bicicleta cuesta menos de 20.000 pesos, ningún roller o skate menos de 3.000, ninguna zapatilla menos de 2.000.