Ser Parkour

Ser y durar en frances.
Ser y durar, es una de las primeras lecciones que escuchas cuando hablan del parkour, alrededor de la vieja escuela, o círculos más tradicionales donde nació la practica , es llevada con orgullo en sus tatuajes y ropas. Si bien, su significado depende de a quien le consultes, la gran mayoría de opiniones giran alrededor de los mismos principios que rigen a la disciplina.

Ser, aquel que entrena con la única finalidad de estar preparado para fluir con la mayor posibilidad de confianza que sea posible. Ser, ese individuo que encuentra el equilibrio, entre el cuerpo y la gravedad y el cuerpo y la mente. Ser, resistente a la presión y pensar libre de vicios. Ser, humilde sin reproches. Ser independiente pero útil para su equipo (familia y compañeros) y ser, siempre aquel que ningún obstáculo le impida mejorar.

¿Durar?, no ser fuego de paja, ese que se extingue rápidamente, protegerte conociendo tus límites también se incluye aquí, pero sobre todo, no abandonar y dejar que la magia de los corredores de obstáculos desaparezca luego de haber nacido.

Toda esta historia comenzó a finales de los 80 en Francia, en Lisses, afueras de París. Unos jóvenes transformaron en algo más urbano y lúdico un entrenamiento basado en el Método Natural o hébertismo de George Hébert y que era usado por militares en Vietnam como método de adiestramiento. Parkour proviene de la palabra francesa parcour que significa recorrido en español, es el término más aceptado para nombrar la disciplina. En su origen el grupo Yamakasi llamaba a este movimiento “El arte del desplazamiento”, ellos desarrollaron y adaptaron ese movimiento convirtiendo lo que era un juego en una disciplina con su propio método de entrenamiento. De esa unión surgió el grupo Yamakasi, palabra que proviene del Lingala (lengua Bantú nativa del Congo) y significa “cuerpo fuerte, espíritu fuerte, persona fuerte”.

Desde que el Parkour llego a La Plata, plaza Olazabal, entre 7 y 38, al igual que el galpón del barrio Toloza, eran los centros preferidos por ‘Traceur’. Sus escenarios brindan un espectro variado de obstáculos de diferentes tamaños, escaleras y cercas que permiten mayor dificultad a la hora de emprender un Pasavallas o realizar un salto de gato. Frente a ambos espacios los autos pasan, mientras la adrenalina sube en cada salto, los transeúntes interrumpen su día para deleitarse con el espectáculo de agilidad precisión y fuerza. Todo esto inventa un ambiente de teatro idóneo para los nuevos y emocionados practicantes. Los colores combinan con el sudor en la frente, mientras gemidos y gritos incentivan el colosal esfuerzo que requiere cada acrobacia. Al momento de rebotar, un árbol, una malla, una llanta, o una piedra firme en el piso sirve de base para lo que concluye en un baile con la gravedad y el viento. Las leyes físicas no son invitadas, siempre rotas por la convicción del “Ser y durar”, como si cada voltereta fuera un desafío a si mismo mientras sus brújulas se vuelves locas buscando un norte.

Actualmente y por problemas politicos, que se refieren al cambio de gobierno y la nueva administración provincial: el galpón ha sido clusurado para este tipo de actividades, pero el SER, recursivos siempre ha sido una virtud, parque Saavedra ubicado en 14 y 66 ha acogido a los ninjas urbanos. Su espléndida arquitectura brinda un paquete de opciones fuera del parkour común, que es más bien realizado en edificios, sus árboles y obras rusticas se convierten en el escenario de las más curiosas piruetas convalidadas sobre un terreno más natural y verde.

Los lugares de encuentro pueden variar, pero la constancia del ‘Traceur’, nombre frances para los corredores, no puede cambiar, eso lo deslegitimaría y sobre todo dejarían que muriera la esencia de la actividad.

Si bien hoy son muchos menos que antes, quienes entendieron la filosofía del ser y durar, los siguen esperando en plaza Olazabal los jueves desde las tres, o en parque Saavedra, los miércoles desde las 4 de la tarde.

Por: Edwin Castellar