Cuando lloras sin razón

Andrea Barreto
Sep 9, 2018 · 3 min read

La última vez que lloré fue ayer.

No sabía porqué lloraba, y no fue de esas veces que respondes “no sé” cuando el cansancio físico o emocional es demasiado como para explicarle a alguien más eso que tú entiendes en un nivel puramente abstracto.

Había tenido un buen día: cumplir una cita de esas que no son tuyas pero las asumes así por tener pareja, comer cheetos en el metro camino a comprar un nuevo juego de mesa, pedir pizza para comer mientras veíamos High school musical. Todo bien, pues.

Y de pronto, here comes the pain again.

Me encontraba llorando lo más quedo que podía para no alarmar a mi novio: ¿a quién le parece normal que su pareja llore enmedio de la canción final de High school musical, cuando Troy y Gabriella por fin superaron sus ataduras sociales para perseguir el sueño de estar juntos y cantar? En algún momento mi novio me hizo la pregunta, y no me refiero a pedirme que nos casáramos sino ¿por qué lloras?

Le contesté que no sabía, esa era la verdad. Pero claro que nuestra tendencia natural a buscar explicaciones de las cosas dice que no saber, es una opción inválida. Y entonces retomé una explicación bastante lógica para mi estatus de foránea: extrañaba a mi familia y eso me ponía triste. Es cierto, cada día extraño a mi mamá con su sonrisa amplia, a mi hermano y su pasión por lo que le interesa, a mis abuelitos y el cariño que me cubre en cuanto me miran. Pero no lloraba por eso.

Ese llanto se parecía un poco a mis tiempos de estudiante, cuando se me hacía tarde y no desayunaba; también se parecía a los jueves por la tarde cuando iba al gimnasio después de un día de borrachera y mi boca estaba tan seca que parecía de arena; o a cuando tuve esa temporada de insomnio por la que dormía unas 15 horas a la semana.

A veces la tristeza no viene del corazón -o del cerebro, según te acomode el positivismo científico-, no siempre se trata de una reacción emocional a un suceso. A veces la tristeza, al menos en su acepción lejana al padecimiento crónico y/o clínico, es un botón de pánico que aprieta nuestro cuerpo cuando siente la deficiencia de alguna necesidad básica. De eso me acordé al tratar de darle una respuesta a mi novio, que sabía tanto como yo de la razón de mi llanto.

Recordé que había tomado apenas un litro de agua en todo el día -mi medida diaria normal es de, más o menos, 4 litros-, el día anterior había visto a mis amigas por la noche y había dormido apenas cinco horas. ¿El cansancio y la deshidratación eran tristeza? Mejor dicho, era descuido personal que había desembocado en otra cosa.

No siempre es tristeza, hay gente que está irritable si no come o si duerme poco, en mi caso es diferente. Y no trato de demeritar otras tristezas más profundas o crónicas, sino de explicar que esos sentimientos que parecen venir de la nada, quizá sean un recordatorio de darle lo necesario a la máquina que es nuestro cuerpo para funcionar bien.

Así que la próxima vez que llegue de la nada la tristeza o el enojo, quizá sería bueno tomar una botella de agua, preparar la comida o tomar una siesta.

Este pequeño escrito tiene una dedicatoria especial a mi novio, por tratar de formas tan bonitas de entender mi tristeza, incluso cuando yo misma no la entiendo.

Andrea Barreto

Written by

Crezco al borde del cielo. [Descíframe o te devoro.] Háblame como le rezas al fuego. Hago videos para YouTube mientras me titulo:

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade