Masturbarse para ser feliz

Me he masturbado todos los días, desde hace cinco días. Sería más preciso decir que ¡he vuelto a contemplarme!. Así como estos crespos le han dedicado mil líneas al amor y relatado en otras sobre las minas anti-persona que he esquivado a través de la vía “melancolía”, hoy me interesa escribir sobre cómo, en la masturbación he encontrado la revitalizante y gloriosa pócima de amor contra desamores.
Desde tiempos inmemoriales, al hombre se le ha inculcado sentir timidez ante su cuerpo desnudo. No sabemos si toca echarle la culpa a la golosa de Eva por comérsele la única manzana que tenía el Niño Dios en su huerto, o a cuál fábula cultural-religiosa se le deba la explicación del por qué, nos avergüenza tanto mirarnos sin nada más que nuestra piel y huesos.
Que puede tener de malo tumbarse desnuda a la cama y recorrerse el cuerpo, alcanzando sus diferentes picos, explorando cavidades que se mojan curiosas frente a nuestro tacto. Delicioso frotarse justo ahí, sentir el calor de nuestras entrañas, mientras nos contraemos involuntariamente de placer.
Es fascinante probar lo que se siente estar con uno mismo, hacerse el amor con la precisión de un relojero fino, intentando maniobras prodigiosas de titiritero. Entonar gemidos orquestados entre juegos sexuales. Jadear y respirar sin ritmo, mientras reencontramos esa sensualidad que parecía perdida por dormidos mojigatos. ¿Por qué atar el deseo a la exclusividad de otro cuerpo si nos pertenece entero?
Me atrevo a afirmar que masturbarse es un acto de auto amor increíble que se debe aplaudir con orgasmos y que merece nuestra fascinación. Es un arte contemplativo que nos hace musas de cuentos eróticos y maestras expertas de nuestro cuerpo, bien sea para beneficio personal o inclusive, para deleitar a quienes queramos apresar entre sábanas. Una buena amante no es solo esa que se presta para fantasías de otros, sino aquella que se ha auto proclamado ninfa a partir de identificar sus deseos y reconocer su propio apetito.
Masturbarse para ser feliz. Y es que además de ser un viaje placentero, la masturbación ha demostrado tener efectos positivos más allá de lo erótico, por cuanto resulta sumamente provechoso para nuestra salud física y psicológica. En un estudio liderado por la doctora Polyxeni Dimitripolou (¡Lo sé, el nombre de la Doc es bien sugestivo!) y publicado en el British Journal of Urology International, se reconoce que el auto complacerse es analgésico a la hora de prevenir aquellos dolores mensuales que tanto nos perturban a las chicas, es infalible para liberar el estrés, mitigar tensiones musculares y quitar arrugas para remplazarlas con sonrisas.
A parte de darnos amorcito, al masturbarnos liberamos endorfinas y de hecho, permite hacer muchísimos más llevaderos los días de soledad. Es además una práctica pro sexo seguro, en el caso que lo suyo no sean los encuentros casuales; una buena masturbada es una experiencia sexual propia, que además, es libre de enfermedades y contagios.
Que buena terapia es para cuando el corazón sangra y sus gotas negras, ácidas de dolor, torturan la autoestima mientras la reducen a la mínima expresión. Si, la masturbación le sube el ánimo a cualquier desahuciado y restablece los hilos de amor quebrantados por la tormenta.
Beneficios y más beneficios para todos aquellos valientes que cerramos la puerta y dejamos afuera la estúpida vergüenza en tanto nos hacemos el amor adentro. ¿No te parece excitante descubrir esos rincones lujosos donde se cruzan el goce y el sexo?
Te dejo la tarea de llegar a casa y cogerte delicioso. Entre sábanas, agua tibia, como ritual o sólo para explorar. ¡Como sea, pero tócate! Hazte suficiente y ardiente para nadie más grandioso que tú.
“No te metas con la masturbación. Es hacer el amor con alguien a quien yo quiero.”
Woody Allen