Leer Cocorí con los lentes del contexto

El nueve de mayo de 2017, la Sala IV falló a favor de tener a Cocorí como lectura sugerida en los centros educativos. Cuatro de estos magistrados (hombres de piel clarita, por supuesto) llegaron a la conclusión de que la Sala Cuarta no tenía velas en este entierro y el Ministerio de Educación Pública (MEP) es el que decide, como quien dice: “yo aquí lavándome las manitas”. Otros dos magistrados, entre estos la única mujer de los siete, aseguraron que el libro propiciaba el bullying en las escuelas, y bueno, para esto NO necesitan pruebas porque todos, absolutamente todos los ticos, hemos sido el Cocorí o hemos tenido un compañero/conocido apodado Cocorí (#NadieDebeSerCocori). El caso es que magistrados mestizos claritos ganan a magistrado negro, suave un toque, no habían magistrados negros votando en este caso. Fijate vos.

Lo grave aquí, no es que Cocorí sea una lectura sugerida, lo grave aquí es que el MEP no tenga un plan para abordar el texto de una manera analítica. Lo grave es que el MEP no sepa capacitar a sus docentes en cómo utilizar el texto como una herramienta para combatir los estereotipos, el racismo, el eurocentrismo y, su fiel amigo, el blanco-centrismo que lo acompaña.

Tengo que admitir que no me acordaba bien de qué diantres trataba este libro tan entrañable para ciertos ticos, sobre todo para aquellos mestizos más claritos que piensan en Cocorí como un libro para arrullar a sus hijos. De hecho, lo único que recordaba del libro era el título, porque ese era el apodo de un conocido, ¡pero ojo! un apodo de esos que se dicen a las espaldas, porque todos sabían que era racista. En fin, dediqué unas horas a leerlo, porque antes de basurear y patalear hay que leer un poquito.

http://www.ferris.edu/jimcrow/caricature/

No creo que sea simple coincidencia que las ilustraciones de Cocorí se parezcan tanto a las caricaturas racistas de nuestros amigos los estadounidenses, especialmente a una caricatura llamada “Nigger Milk” (leche de negro) hecha en 1919 como parte de una campaña publicitaria (¡Ay qué lindo el “arte” publicitario siempre tan status quo!), en dónde se presenta a un bebé tomando tinta negra. Tampoco es mera casualidad que los estereotipos plasmados en el libro concuerden con los estereotipos de los negros en los, siempre libres y valientes, Estados Unidos de principios y mediados del siglo XX. Era y es una tendencia del ser humano (y del caricaturista) exagerar los razgos de las personas consideradas diferentes, sólo que ahora tenemos o más sensibilidad ante estos temas, más regulaciones o estamos más autocensurados.

Sólo hay dos personajes humanos femeninos en el libro, la niña rubia (delicada y hermosa como una rosa) y Mamá Drusila (madre de Cocorí), quien es como decir nuestra Aunt Jemima. Mamá Drusila es caricaturizada como una mujer buena pero ignorante; literalmente ella dice “Yo soy una Negra ignorante y no entiendo tus preguntas” cuando Cocorí le pregunta por qué su rosa murió tan rápido. Obviamente, después de esta respuesta Cocorí recurre a muchos hombres para que le contesten tan complicada pregunta filosófica. Lo dejó hasta ahí.

The Lazy Coon

Otro fabuloso personaje que nos regala Cocorí es el Negro Cantor, un músico vagabundo y con una gran y única habilidad para dominar la lírica: “Pero esto era lo único que hacía: cantar. Subido en las rocas, a horcajadas en una rama mecida por el viento, o bien tumbado de espaldas entre las yerbas, tocaba su flauta y cantaba”. A pesar de existir negros trabajadores en la historia como el campesino, el carpintero y el pescador, el que tiene más presencia es este personaje, quien a la vez es el que tiene la respuesta a la gran pregunta de Cocorí. El estereotipo calza a la perfección con el estereotipo de las caricaturas The Coon, nacidas en la época de la esclavitud en Estados Unidos. The Coon, al igual que el Negro Cantor, es un negro vago con actitud de niño a pesar de ser adulto, siempre buscando hacer lo menos.

Pero, no sólo los personajes humanos son dignos de análisis. Además de los estereotipos disfrazados como personajes adorables, están también las representaciones de lo lindo y lo feo, lo bueno y lo malo. A través de la comparación entre la rosa que trajeron los blancos y los animales “horrendos” que viven en nuestra jungla, el libro presenta una visión totalmente eurocentrista. Es decir, sólo lo de Europa es chiva, sólo lo que traen los blancos inspira a la bondad y a la nobleza. Antes de conocer a la niña rubia y de recibir la rosa, Cocorí jamás hubiera ayudado a nadie. Fue gracias a la rosa, a este agente externo y puro, que él pudo aprender lo que era ser civilizado:

“En otra ocasión, Cocorí hubiera gozado con los trabajos de doña Tortuga que se bamboleaba ridículamente sobre su caparazón. Pero el recuerdo de la Rosa endulzaba su alma y nunca Cocorí se había sentido más bueno que aquella mañana”.
“¡Es cierto! Por ella salvé yo a doña Modorra — recordó — Por ella rescaté al Titi y por ella me atreví a vencer la selva — y comenzó a ensanchársele una sonrisa en el rostro”.

Sí, algunos podrían decir que estoy hilando muy fino, que el autor se refería a estar enamorado, o que la rosa significa la vida que llevamos, etc, etc. Pero, recordemos que su amor es hacia una niña rubia y blanca, no negra, no indígena, ni mestiza; y su obsesión es con una especie de flor que no es nativa del Caribe, se obsesiona con una vida ajena y diferente a la que tiene. Ese fenómeno de que todo lo nuestro es feo y “los goces de Europa” son lo que valen, ese estar orgulloso y rajar de nuestras raíces españolas, francesas, alemanas, italianas, etc, mientras desconocemos u ocultamos nuestros ascendientes negros e indígenas, eso es lo que representa Cocorí. La rosa representa todo lo que tenemos de blanco que consideramos como lindo y digno de conservar, la rosa nos enseñó la religión, la lengua española, a ser buenos y no pecadores, la rosa nos enseñó a ser civilizados y no matarnos entre nosotros (sino a ser asesinados únicamente por ella, porque esas muertes sí eran justificables… ¿me fuí muy lejos?).

Por otra parte Talamanca la culebra y Torcuato el caimán son nativos malos, que destruyen en lugar de construir, especies asesinas, envidiosas y egoístas:

“¿Qué es la vida de Talamanca la Bocaracá, que se arrastra perezosa asolando todo a su paso y durmiendo largas digestiones? ¿Y don Torcuato, bilioso por el poder de su vecina, que se desquita haciendo daños a su alrededor?”.

¡¿Qué diablos?! pero si para mí no hay nada que se asemeje más a un dinosaurio que el caimán ( bueno sí, la iguana,¡un chuzo!) y nada más ágil y seductor que una culebra (aunque, me da miedito y sólo las veo de cerca en NatGeo).

El libro nos presenta una realidad de la época, sí, por eso es importante. Su valor histórico amerita que sea un caso de estudio en los colegios, pero no amerita que sea visto como un libro para arrullar a los niños. Cocorí rescata nuestra adoración hacia el blanco, y rechaza o minimiza el valor de los negros (que dicho sea de paso no eran nativos de estas tierras y vinieron al mismo tiempo que los blancos como sus esclavos). La niña blanca se asusta al ver a Cocorí, lo señala y dice “¡mira qué raro!” (en la primera versión decía “¡mira un monito!”), por el contrario Cocorí la ve y concluye:

“En el país de los hombres rubios- pensó el Negrito -, las niñas y las flores son iguales”.

Raro también que Cocorí nunca haya visto un ser humano blanco y rubio, cuando probablemente él y su familia estaban siendo, desde que nacieron, explotados por ellos.

Por último, recordemos que en la época en que se escribió este libro (fue publicado en 1947) la comunidad afrodescendiente en Costa Rica no tenía derecho al voto, tampoco lo tenían las mujeres (por ignorantes, obvio); de hecho, ni siquiera los dejaban ingresar al valle central por temor a que estos le robaran los trabajos en el pacífico a los de piel clarita. En la década de 1940 en Estados Unidos las leyes de segregación de Jim Crow estaban en lo más y mejor, es decir, alrededor del mundo no era gran cosa ser racista, es más, era la norma, por lo que apegarse a decir que es una joya literaria que ganó premios en los cuarentas, me hace sospechar del filtro social e inclusivo por el que pasó la obra antes de ser premiada. Gente blanca premiando a gente blanca por contar historias de negros.

Entonces, me surge una reflexión: ¿Qué tanto debemos respetar y poner en un pedestal una literatura que, aunque premiada y hermosamente escrita, menosprecia a un sector importante de nuestra población? Y ¿Por qué los comentarios de personas diciendo que aman el libro (que es su libro favorito y que se lo leen a sus hijos) vienen principalmente de personas que probablemente se describirían a sí mismas como blancas? Y no, mi reflexión no me lleva a concluir que hay que prohibirlo, por el contrario, me lleva a concluir la importancia de estudiar a fondo este tipo de textos literarios. Cocorí, como Drácula en su momento, se trata de cómo retratamos al extranjero/otro. En Drácula el extranjero es retratado como un chupa sangre que seduce y mata a las mujeres londinenses, en Drácula el extranjero es de Europa del Este, el bueno es el blanco londinense. En nuestra literatura criolla, el blanco sigue siendo el bueno, el feo seguimos siendo nosotros, los que no parecemos “lirios de agua”, los que seguimos teniendo “hollín” en la cara.

Señores y señoras, los libros infantiles también tienen una intención y reflejan el sentir del autor de alguna manera. Eso de separar al texto de la vida del autor, para mí, no tiene sentido, porque lo que escribimos se deriva de lo que sentimos, de lo que vivimos, de lo que conocemos, de lo que percibimos como malo o como bueno. Ni el periodismo puede ser totalmente objetivo, cómo esperar que una obra literaria lo sea.

Me tomó solamente un día volver a leer Cocorí, pero nos está tomando siglos vencer nuestra visión colonizada de lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo, lo tico y lo extraño. Nos tomará mucho tiempo más vencer los estereotipos que en el libro se resaltan, si el MEP no cumple con la tarea de convertir a Cocorí en un libro de análisis y alejarlo de su categoría de joya literaria y libro infantil inofensivo. Este libro es solamente una joya inofensiva si usted es mestizo de los claritos, por supuesto.

PD: Por favor, si no lo han leído, lean este artículo de opinión de Quince Duncan del 2015.

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