Amiguitas, me cansé de ser la buena

¡Hasta aquí! Me harté de ser risueña, servicial, paciente, tolerante, bondadosa, dadivosa, y todas esas cosas que la gente adora de una. Y es que siendo así, no me ha ido nada bien. Probablemente mucha gente lamente mi muerte cuando me llegue la hora, pero ya cubrí ese cupo de necesidad, puse un check a mi lista de “tener gente que llore mi muerte”, por lo menos por un tiempo. Y es que siendo buena, la gente no te toma en cuenta. Por ejemplo, no te ven como un enemigo, ¿Porqué? ¿Acaso me infravaloran? ¿Acaso no creen que dentro de lo más profundo de mi ser escondo terribles pensamientos malignos? Pues no, no lo creen. Y es ahí cuando te das una hostia con la realidad y te das cuenta de que naciste, no para ser la malvada madrastra a la que todos temen, ni tan siquiera para ser la huérfana bella a la que esta desea la muerte, ni siquiera para ser el sirviente que debe sacrificar a la bella huérfana para que así la madrastra sea la más bella (y malvada). Te das cuenta que naciste para ser la cocinera, que escuchó como alguien le dijo que el sirviente debía matar a la huérfana, porque así lo había ordenado la malvada madrastra. Y amiguitos y amiguitas, por si no se habían dado cuenta, de la cocinera no se habla en el cuento.

A los buenos, no se nos hecha en falta, más que cuando nos necesitan. Sin embargo, a los malos, los tienen en cuenta en todo momento. Los quieren cerca para controlar sus movimientos, o de lejitos, pero con miedo de que se aparezcan en cualquier momento, para desplegar su maldad e impresionar a todos. He oído muchas veces a la gente decir: “cuidado con fulanito, porque es muy mala persona”, pero nunca he oído decir “cuidado con sotanito porque él es muy bueno”. A los buenos se nos infravalora, asumámoslo, somos la gorda a la que nadie quiere sacar a bailar, y en mi caso amiguitas, mi gordura no es solo metafórica sino real, con lo que el bulliying es doble. Sentadas al final del baile (mi niñez tiene una alta carga gráfica de películas y series adolescentes de los finales de los ochenta principios de los noventa) vestidas con nuestras faldas a la altura del tobillo, rebeca de puntos tapando nuestra piel para que no se nos vea mucho, vaya a ser que se den cuenta de que somos buenas, y cubiertos nuestros pies con calcetines blancos impolutos, con vuelitos, pareciendo que vamos a hacer la primera comunión. Y en realidad vamos a hacerla, porque la vida nos tiene preparada una buena hostia, no consagrada obviamente. Amiguitas, ¡Nadie os va a sacar a bailar siendo buenas! Tengo años a mis espalda que lo corroboran.

Y amiguitas, si estáis horrorizadas hasta aquí pensando que habéis desperdiciado años de vuestra vida regalando bondad por doquier, cagarse, porque lo que os voy a contar ahora es horripilante, terrible, espantoso, y va a haber un antes y un después en vuestra vida tras leerlo. ALERTA SPOILER . Os lo diré en ocho palabras, para que lo vayáis asimilando: A las buenas, nadie se las quiere fornicar. A mi me pasa, y me pasa mucho, y las que tengais un porcentaje mayor, pero ínfimo eso sí, de maldad corriendo por vuestras venas, direis: “ a lo mejor es por fea o gorda” . Pues no, porque incluso las menos agraciadas y entraditas en carnes, tenemos nuestro público. No nos fornican por buenas. Así de simple. La gente nos ve como fuente de pureza, y ¿quién, que no sea un pervertido, va a querer frotar sus genitales con algo tan puro?¿Quién?. Yo os lo diré: nadie.

Nos ven como entretenimiento, sano, más espiritual, que carnal, y que se entere el mundo: las buenas también podemos daros orgasmos. Y además como somos buenas, los damos mejores, y como somos buenas, somos más agradecidas si nos los dan.

Terminaría este mi comentario de hoy, arengando a las masas a que pongan alguien bueno en su vida, pero no lo haré porque como os contaba, me cansé de ser buena. Voy a ser mala y a ver como me va. Ya os contaré, o no, porque como soy mala, voy a hacer lo que me salga del chirri.

Lala D´noche.

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