No somos eternos, duramos menos de lo que estamos dispuestos a aceptar por una vida de esfuerzos, aunque vivamos hasta los ochenta años es inevitable empezar a sentir la muerte a la mitad del camino, cuando te das cuenta de que no caminas como antes o que las enfermedades pueden más contigo que tú con tus deudas.

Empezamos a sentirnos vulnerables cuando nos damos cuenta que no todas las heridas duelen sólo hasta que te pones un curita. Empezamos a sentirnos vulnerables cuando vemos personas cercanas yéndose.

Yo me empecé a sentir vulnerable cuando empecé a soñar con la muerte. Cuando veía como un ser querido dejaba de respirar y mi mente en vez de despertarse decidía continuar con mi vida ficticia del sueño hasta que me hacía creer a mí mismo que esa sería la realidad. Es feo, pero ese sueño es parcialmente un adelanto de algo que algún día podría pasar, y me siento con la necesidad de poner un montón de palabras entre “que” y “pasar”, porque es algo difícil de aceptar.

Ver gente partir es algo a lo que nos tenemos que atener, y después de que eso pasa luchar para no ser los próximos, ni los que siguen, ni los que siguen.

Morir solo? También es una posibilidad, todo lo es. Sólo duele más cuando en mis sueños es una realidad.

Cuando me levanto sudado del miedo buscando su mano y no la encuentro, me doy cuenta de que la necesito todos los días de mi vida para no morirme del temor.

Show your support

Clapping shows how much you appreciated Lara’s story.