Halterofilia

Primera revelación: “halterofilia” es el nombre técnico del levantamiento de pesas. Esto es así porque después de siglos de etimología se decidió que a las barras con discos de distintos pesos en cada extremo debe llamárselas “halteras”.

Lo que me inquieta es que a la disciplina deportiva de levantar halteras se le agregue el sufijo “filia”. Que yo sepa, la natación de alto rendimiento no se llama “natatofilia”, las carreras de campeones no se llaman “atletofilia”, y nadie habla de “remofilia” o “judofilia”. Ponerle “filia” a las cosas las hace sonar a obsesión sucia, a afición desenfrenada, a gusto deforme, a vergüenza que debería esconderse. Si me dijesen que Juan es halterófilo, imaginaría que a Juan le gusta meter la mano en los hormigueros o untarse líquido para frenos por las noches.

Pero puede que sí; puede que haya algo de sucio y secreto en el interés por levantar decenas de kilos con el cuerpo. No es, digamos, un bello deporte. No esculpe piernas de mármol, no levanta en vuelo al atleta, no parece la exégesis de un poder sagrado. Y no recuerda tanto al Templo de Zeus como a una cueva de orcos.

Y ahí está la tailandesa Sopita Tanasan de 48 kilos y 21 años ganando el oro olímpico en #Río2016 por levantar 92kg, lograr 108kg en el envión y terminar sumando 200kg. A Sopita le fascina lo que hace. Levantar las halteras por encima de su cabeza es lo más placentero que se regala en la vida. Sino, miren:

¿Pondría otros gestos si lo que hace no fuese una obsesión desenfrenada, una afición sucia, un subidón erótico que, además, le gusta mostrar a la gente? Sopita es una halterófila absoluta. Tanto, que yo quisiera ser capaz de levantar, siquiera una vez, semejante peso sobre mi cabeza.

@anaprieto