La música que escuchan todos

Ya pasaron once años y un mes de la tarde que gané 50 pesos apostando que el Live 8, ese concierto multiciudad-multiartistas-multimillonario que le haría cuidados paliativos a África, iba a terminar con Paul McCartney cantando “Hey Jude”. Mi víctima decía que los organizadores no iban a desaprovechar la oportunidad histórica de tener a Pink Floyd reunido sobre el escenario después de tantísimos años y rencores. Yo le decía que los organizadores no iban a desaprovechar la oportunidad histórica de que el mundo solidario se uniera en un nananeo final que ya conocen extraterrestres cuya vida aún no ha podido ser demostrada. Que no importa en qué idioma escribas, leas y entiendas: escuchar el primer nanana de tu vida te habilita para, inmediatamente después, cantar el segundo y todos los que falten. Paul McCartney se sentó en el piano, Waters y Gilmour hicieron coros, con los 50 pesos compré helado.

Es 2012. Es Londres. Inglaterra -encarnada esta vez en Danny Boyle- arma un gran medley de su música. Parece que están dando a luz al siglo XX ahí mismo. Suenan Beatles y Stones y la grieta se cierra. Suenan Sex Pistols, Radiohead, Eric Clapton, Led Zeppelin, Amy Winehouse, Eurythmics, The Kinks, Oasis, Queen, Chemical Brothers, Pink Floyd, Led Zeppelin, Duran Duran, Underwood, Blur, Eurythmics, The Who, The Clash. Se parece a ver en vivo el gol que le hizo Messi al Athletic de Bilbao en la final de la Copa del Rey de 2015. Se parece a verle el 8 en la espalda a Luciana Aymar en el partido contra China del Mundial que se jugó en Rosario en 2010: mientras ella construye el gol más lindo de su vida, yo le grito “Hija de puta, sos Maradona” y me paro y la aplaudo y me pongo a llorar. A los ingleses los puteo, y los aplaudo, y me pongo a llorar: es el una-que-sepamos-todos más grande de la Historia y a mí me gustan los fogones multitudinarios. Los aplaudo por última vez cuando, en plena goleada, tiran el último lujo: la delegación inglesa entra al Estadio Olímpico y la banda sonora es “Heroes”, la canción que David Bowie nos compuso para hacernos creer en nosotros mismos. Esa noche, la letra es de ellos y de nadie más: ganaron.

Ahora estoy en el living de mi casa. De la ventana para afuera hace más de cien días que la temperatura no llega a los 20 grados pero acá es como si desde la tele hubieran alfombrado todo con arena. Como si la especialidad del boliche de la esquina no fueran las empanadas de carne cortada a cuchillo, sino las de camarão y queijo. Como si en el pulmón de mi manzana hubiera alguien gritando “açaí, açaíaaa”. Esto que me pasa en los pies es culpa de que en el Maracaná -los artistas y el público, a los gritos, levantándose de las sillas, moviendo todo el cuerpo- cantan “é carnaval” y es. Cantan “país tropical” y son. Yo ya escuché esas canciones muchas veces y no me acuerdo de ninguna vez en especial: pudo haber sido en una fiesta en Almagro, en una terraza con asado, debajo de los Arcos de Lapa o en un aeropuerto. Pero como las conozco -como los tipos están tocando las canciones que le compusieron al mundo entero- dejo al sillón huérfano y corro la mesa ratona y quiero que nunca paren de bailar. Que nos pasemos dos semanas ellos en la tele yo en mi living — ya me saqué las pantuflas — gritando “tropical”, teniendo calor, que se vayan a cagar los cien días de frío. Que no jueguen a nada, que hagamos esto para siempre.

@jroffo

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