Para siempre


A Rulli se le quiebra el cuerpo, la tristeza tiene eso. Te dobla. No sirve de nada que tengas la banda de capitán en tu brazo izquierdo. Cuando la tristeza viene no queda otro camino que dejarla pasar. Gerónimo Rulli sabe que no va a ganar una medalla, que Rio terminó, que es hora de volver, que nunca más. Nunca. Más. Busca a su gente y se entrega. Como en el borde de un bote, unos brazos intentan rescatarlo, subirlo a la superficie, ayudarlo a respirar. Pero Rulli se ahoga.

Miro la foto y puedo escuchar el llanto, el hipo de los chicos cuando lloran, como cuando no te llega el aire. La tristeza es un oleaje, va y viene, a veces te hace creer que no está pero aparece de golpe y te ahogás, como me parece que le está pasando a ese chico ahí, en ese momento. Tiene el cuerpo hundido en no sé dónde, y no sé qué se lo está llevando de la pura tristeza que siente.

Cuando no está es como cuando sos joven y no tenés conciencia del cuerpo, nada te duele, el cuerpo no existe. Si no duele no existe. Y cuando la ola vuelve no te deja respirar. Se te mete. A mí me empieza en la panza y sube y es una piña en el pecho. Pobre Rulli. Pobre yo. Ojalá ese señor sea el papá. Ojalá el tipo que lo quiere sacar del agua del dolor sea el señor Rulli. Podría hablar de mi papá, pero mejor no. Veo la ola cerca.

Parece que en esta selección eran todos nuevos porque hay un quilombo en la AFA. Para el fútbol, un juego olímpico es chiquitaje. Compartir la Villa Olímpica, almorzar en comedores comunitarios, ser uno más. Eso mejor dejárselo a los lanzadores de bala. El fútbol la tiene demasiado grande y los juegos olímpicos son un asunto de esfuerzo. Pero igual, perdés y llorás.

Perdés un partido. Perdés un game. Perdés una marca. Lo que se va, lo que no va a volver jamás. Rulli podrá ganar el Olimpia de remil platino, podrá ser el Maradona de los arqueros, tal vez llegue a quedar en la historia mundial del fútbol, pero la medalla olímpica de Rio 2016 la perdió para siempre. Y para siempre es nunca más.

@todositodono