Synchronicity

Cuando era chica, durante mis veranos en las playas de Juan Lacaze, tenía un chiste que me funcionaba: con el río hasta el cuello, llevaba las rodillas al pecho y sacaba las puntas de los pies por afuera del agua. ¡Miren, soy un enanito! Es lo más cerca en esta vida que estuve del nado sincronizado.

Lo lejano, lo imposible vuelve a las cosas admirables y los dúos de las chicas en el agua me dan tranquilidad. Un mundo feliz debe ser un mundo prolijo y simétrico. Flotar, hacer figuras, estirarse, sonreír. Si el paraíso es un lugar donde sentirse confortable, mi paraíso es algo parecido a estar mirando nado sincronizado por televisión. Desde la cama. Con el calientacama prendido. Con un vaso de coca. Y la botella de coca ahí. Y, muy especialmente, sin ninguna otra cosa que hacer.

Las griegas tienen trajes de esqueletos, para mí que se quieren hacer las malas, recortarse de una banda de chicas buenas llenas de brillos y pelo tirante. En el grupo de las buenas están las rosarinas, las mellizas Sánchez. Representan a la Argentina desde los Panamericanos de Guadalajara de 2011. Tuvieron algunas presencias destacadas en competiciones internacionales pero lo más popular que les tocó enfrentar fueron las piletas del aquadance de ShowMatch. De Polino al jurado olímpico de Río, todo un viaje.

Estos son sus segundos juegos olímpicos. En Londres 2012, quedaron en el puesto 22. Acá van 19, entre 24 equipos.

La entrada de las mellizas en la primera participación de Rio fue teatral y dramática, ellas saben que la rutina comienza fuera del agua y se lleva el veinte por ciento del puntaje final. Una torea a la otra, la busca, la enfrenta. Después al agua. Estiran piernas, hacen figuras, sonríen. Siempre justas las hermanitas, impecables. Termina la rutina. Salen de la pileta y se abrazan. Tarea cumplida. Estos son sus últimos juegos olímpicos. A partir de ahora tocará sumergirse en otras aguas: Ingeniería Industrial y Medicina, las carreras que quedaron por ahí guardadas mientras Sofía y Etel entrenaban la grulla o la cola de pez.

Todas las notas que les hacen a las mellizas tienen el mismo título: dos gotas de agua. El que se le ocurrió primero, pobre, quedó perdido entre todos los que lo repitieron después. Confieso: fue el primer título que pensé. Es que se escribe solo, dos chicas iguales que se dedican a un deporte de simetrías. En algún momento fueron dos chiquitas jugando a las muñecas preguntándose en qué aprovechar la desgracia de ser la misma dos veces. Y acá están.

Las mellizas y yo tenemos un mundo de diferencias pero, tal vez, algún día, solo tal vez, ellas hayan ido a las playas de la Florida y con el río hasta el cuello, llevando las rodillas al pecho, sacando las puntas de los pies por afuera del agua, hayan dicho: ¡Miren, somos enanitas!

O no. Mirá si van a hacer esa pelotudez.

@todositodono

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