The Bitches


Ana Gallay y Georgina Klug . Equipo argentino de Voleibol de playa femenino.

Entre las dos suman 3.46 metros. Casi todo se lo llevan las piernas. Largas, firmes, de piedra. Nunca me hubiese atrevido a soñar piernas así.

Tengo pie plano. A los cuatro me compraron zapatos ortopédicos. A los seis me mandaron a kinesiología: cualquier invento que convenciera a mi madre de que podía arreglar mis rodillas, de que el arco de mi pie podía ganar unos centímetros, era la solución. Nada lo logró. La mitad inferior de mi cuerpo siempre fue mi punto flaco, bueno, no. Mi punto débil, bueno, tampoco. Mi zona errónea. Nunca me puse un minifalda (nunca en el sentido de nunca jamás). Ni shorts, ni nada que le muestre mis piernas al mundo. Mis piernas no se ven porque mis piernas no están hechas para ser vistas.

Por eso la selección de Beach Volley femenino me resulta fascinante. No tiene que ver con la disciplina, con las victorias, ni con las derrotas. Las piernas. El tema son las piernas.

Caminar sobre arena seca fue una de las mil recetas salvadoras para mi problema, no resultó. Sigo con el arco vencido y las piernas que se juntan donde no deberían. Miro a Ana y Georgina y me quedo hipnotizada, sin saber reglas, ni puntaje, ni clasificaciones. Las miro y me derrito con cada slow motion. Los músculos marcados, la dureza de la carne, la piel lisa. La desnudez, la ausencia de todo pudor.

La pelota cae mal. Las argentinas terminan el partido perdiendo contra las españolas. Ellas creen que perdieron. Ellas. Creen.

@todositodono

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